Cómo trabajar las habilidades emocionales básicas en el aula

Pautas para fomentar las habilidades emocionales en el colegio

Marga Santamaría
Marga Santamaría Coach educativa

El día a día en aula, en ocasiones, puede convertirse en una montaña rusa de emociones, y es responsabilidad del maestro ayudar al alumno a canalizarlas y gestionarlas de la mejor manera posible. También es cierto que, desde casa, las madres y padres tenemos una tarea fundamental y necesaria en este aspecto de la inteligencia emocional. Así es cómo puede fomentar el maestro las habilidades emocionales en el aula.

Las emociones básicas en la infancia

Habilidades sociales básicas de los niños  

Partimos de la base (aún utópica) de que el profesor tiene unos conocimientos adecuados de lo que son las emociones y cómo gestionarlas en sí mismo, ya solo con el ejemplo, consciente e inconsciente, a veces, que da, para el alumno es una oportunidad de aprendizaje. Y es que las alumnas y los alumnos, aprenden más de lo que ven que hacemos que, de lo que les decimos que deben hacer.

Pues bien, primero debemos saber qué es una emoción, y para ello utilizo la definición de la que fue mi profesora, persona a la que admiro, mi querida Olga Cañizares: “Respuesta neuro-psico-fisiológica y subjetiva ante una situación interna o externa, que provoca un cambio en nuestro estado y nos prepara para la acción”.  Es decir, cada emoción nos predispone a actuar de una forma determinada, y eso además es algo individual en cada persona.

Y… ¿cuáles son las emociones básicas?, pues según Daniel Goleman:

- Tristeza, lo que sentimos ante la pérdida de algo o alguien considerado valioso.

- Sorpresa, lo que sentimos ante algo inesperado.

- Asco, lo que sentimos por algo o alguien que me desagrada o pienso que me puede hacer daño.

- Enfado, cuando siento que han vulnerado mis derechos o necesidades.

- Alegría, es lo que siento ante un momento agradable y placentero.

- Miedo, lo que siento ante una situación peligrosa.  

Consejos para estimular las habilidades emocionales en el aula

Mayer y Salovey (1997), nos proponen un modelo de cuatro habilidades básicas para trabajar en el aula, ya que consideran que en el contexto escolar los alumnos y alumnas se enfrentan diariamente a situaciones en las que tienen que recurrir al uso de las habilidades emocionales para adaptarse de forma adecuada a la escuela. Son las siguientes:

1. La percepción emocional: habilidad para identificar y reconocer tanto las propias emociones como las de los demás. Por ejemplo, cuando la alumna o la alumna interpretan una mirada nuestra que es más seria. 

2. La facilitación o asimilación emocional: habilidad para tener en cuenta los sentimientos cuando razonamos o solucionamos problemas. Por ejemplo, al favorecer situaciones positivas en el aula o poner música adecuada para algunas de las tareas, como las actividades plásticas. 

3. La comprensión emocional: habilidad para desglosar el amplio y complejo repertorio de señales emocionales, etiquetar las emociones y reconocer en qué categorías se agrupan los sentimientos. Por ejemplo, cuando los alumnos se ponen en el lugar de alguna compañera o compañero que está pasando una mala racha.

4. La regulación emocional: habilidad más compleja de la Inteligencia Emocional. Es la capacidad para estar abierto a nuestras emociones, tanto si las consideramos positivas como negativas, y reflexionar sobre las mismas para descartar o aprovechar la información que las acompaña en función de su utilidad. Por ejemplo, la forma adecuada que tiene de regularse un alumno o alumna ante un conflicto en el patio.

Pues bien, con todo esto y con los ojos bien abiertos, hacia adentro y hacia afuera, podemos ir poniéndole nombre a lo que le pasa a nuestros alumnos y alumnas, o a porqué su cuerpo reacciona de una u otra forma. Además de dar la bienvenida a todas las emociones que sentimos a lo largo del día. ¿Cuándo hacer esto? A lo largo de toda la jornada…, las habilidades emocionales no son una asignatura, son una manera de vivir.

“Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto” Aristóteles.