Diferencias entre miedo y ansiedad en los niños

No es lo mismo un niño con miedo que un niño con ansiedad

Virginia Vicente Pascual

Muchas veces las palabras miedo y ansiedad se utilizan como si fuesen sinónimos, pero en realidad son dos términos completamente distintos. ¿Quieres saber las diferencias entre ambos y cómo pueden afectar a tus hijos? Te explicamos en qué se distinguen, cuáles son las principales diferencias entre miedo y ansiedad en los niños. 

Por qué los niños sienten miedo

Diferencias entre miedo y ansiedad en los niños

El miedo es un sentimiento ancestral que nos pone en alerta de un peligro inminente. El miedo, lejos de ser algo negativo, es un sentimiento que nos protege. El objetivo del miedo es la supervivencia. Desde las cavernas, el miedo ha servido para que el hombre se pueda defender de distintas amenazas como el ataque de una fiera. De hecho, el miedo nos prepara para la parálisis, la huida o la lucha.

Cuando sentimos miedo liberamos la hormona cortisol que aumenta la presión sanguínea y la glucosa en la sangre y convierte los ácidos grasos en energía preparando a los músculos del cuerpo para la reacción. Aumenta la acción de nuestro corazón y pulmones para que podamos correr y respirar mejor. La adrenalina que liberamos nos ayudaría si tuviéramos que defendernos.

Por eso, no te inquietes porque tus hijos sientan miedo. Lo preocupante sería que no lo sintieran. Imagínate que viajáis a un lugar donde hay unos acantilados con una caída de 30 metros. Si tu hijo no tuviera miedo no se pararía al llegar al borde del precipicio. Su miedo le hace ser precavido ante una situación de peligro.

Estos son algunos de los miedos más comunes en la infancia:

- Miedo a la separación de la madre o del padre.
- Miedo a los extraños.
- Miedo a los ruidos fuertes.
- Miedo a las alturas.
- Miedo a dormir solos y a la oscuridad.
- Miedo a los payasos y a la gente disfrazada.
- Miedo a las catástrofes.
- Miedo a los seres imaginarios (fantasmas, etc.).
- Miedo al ridículo y a la desaprobación de los demás.
- Miedo a la muerte.

Todos estos miedos son frecuentes, se producen de manera transitoria y se modulan con la experiencia. Si persisten a medida que los hijos van creciendo debemos tomar alguna decisión. Es decir, si un niño con 14 años no puede dormir solo, deberíamos consultarlo con el pediatra porque puede que nos hallemos ante un trastorno de ansiedad que requiera atención psicológica.

Qué es la ansiedad en los niños

La ansiedad no es algo tan concreto, sino que depende de cada persona. Es un sentimiento más subjetivo cuyas causas no están tan claras como en el caso del miedo. A veces sentimos ansiedad y no sabemos por qué. Ante la ansiedad podemos experimentar intranquilidad, estrés y nervios, que se acompañan de síntomas fisiológicos como taquicardia, dificultades para respirar, sudores o temblores.

Además, la ansiedad se experimenta ante algo que podemos sentir como amenaza en un futuro, no en el momento presente, como pasa con el miedo.

Diferencias entre miedo y ansiedad en los niños

Podríamos decir entonces que el miedo lo provoca una causa concreta y lo sentimos en el aquí y en el ahora y sin embargo la ansiedad es algo abstracto, que no alcanzamos a definir y puede responder a algo que nos preocupa en nuestro futuro.

En el cerebro también hay diferencias a la hora de percibir uno de los dos sentimientos.

- El miedo se experimenta en la amígdala y ocurre en el circuito corto porque requiere una respuesta rápida y primitiva. Hay que tomar una decisión en ese preciso instante para poder sobrevivir.

- Por otro lado, la reacción de ansiedad necesita una interpretación de la información que estamos recibiendo, es decir que habrá un análisis cognitivo. Nos deja tiempo para pensar.

El tratamiento del miedo y el de la ansiedad deben hacerse con dos enfoques distintos. Ante algún miedo concreto, lo que se hace es intentar evitar que se produzca la conexión estímulo-reacción que ocurre en la amígdala. ¿Y cómo se logra esto? Pues exponiendo al niño al estímulo que provoca el miedo, de forma gradual y controlada y que se vaya acostumbrando a esa situación hasta que la normalice.

Sin embargo, si nuestro hijo ha tenido un capítulo de ansiedad hay que intentar que cambie su forma de pensar, porque no hay una causa definida y real, sino que la causa la crea el niño en su mente. Tenemos que tener en cuenta que ha habido una forma anómala de interpretar la realidad.