Insultar a los niños, un tipo de violencia psicológica que normalizamos

Por qué los insultos tiene un grave efecto en la autoestima e identidad de tus hijos

María José Padilla
María José Padilla Coach educativa

Cada padre o madre educa a sus hijos con su propio método. Aún no existe el libro mágico de la educación, por lo tanto, cada uno educa según su criterio, en base a su crianza y, sobre todo, a su propia experiencia. Esto, en algunos casos, ha llevado a algunos padres a normalizar algunas formas de violencia psicológica hacia los niños como estrategias para educarles. En esta ocasión nos vamos a centrar en los insultos y las terribles consecuencias que tienen para los más pequeños.

Hemos normalizado el hecho de insultar a los niños

Parar de insultar a los niños

Es común que, de generación en generación, pasemos una serie de creencias que deberíamos plantearnos en algún momento de la crianza. Por ejemplo, se nos ha enseñado que no se debe cuestionar la figura de autoridad y que el fuerte debe imponerse al débil. Desde ahí construimos lo que algunos llaman, educación.

Para que los niños crezcan con una buena autoestima positiva, es necesario e importante que no se les eduque con insultos, por ello, es vital realizar un repaso a todo aquello que se dice y que se ha podido normalizar. Recuerda: insultar a los niños es una forma de violencia psicológica.

1. Imagina que tu hija lleva unos días sin ducharse; es adolescente y tiene otras prioridades. Como padres, podemos decirle: '¡eres una cerda! ¿No entiendes que tienes que ducharte todos los días?'. Sin embargo, nuestro discurso tendría que ser bien diferente. Podríamos ser más empáticos con el proceso de la adolescencia que vive y acompañarla igualmente recordándole la importancia de la limpieza para, por ejemplo, mantener una cara sin granos.

2. Imagina que tu hijo tiene que aprenderse las tablas de multiplicar, y después de varios intentos, le dices: '¡Es que eres tonto!'. En lugar de entender que las tablas de multiplicar es una información nueva para él y que lo mismo necesita otros recursos o motivación para el aprendizaje. Ofréceselos.

3. Imagina que tu hijo es algo inquieto, no para quieto, siempre está de un lado para otro, inventando lo que va a hacer... Y, de repente, escucha a uno de sus padres gritándole: '¡Estoy harto de ti! No te soporto!'. Con estas palabras estamos diciéndole al niño que no estamos conformes con su manera de ser o que no lo queremos tal y como es. A partir de aquí, se puede pasar el resto de sus días, por ejemplo, intentando alabar, ser sumiso o teniendo cualquier otro comportamiento que le haga creer que así le querrán más.

Tipo de violencia psicológica hacia los niños

4. Imagina que tu hijo llega a casa con las notas del trimestre y tiene un par de suspensos. Tras revisar el boletín, le dices: 'Eres un inútil. No sirves ni para estudiar...'. ¿Crees que estos insultos van a ayudarle a mejorar su rendimiento académico? En su lugar podríamos escucharle para saber qué tipo de ayuda necesita o qué le está limitando a la hora de estudiar. Este tipo de insulto puede crear en la identidad del niño la idea de que será un frustrado y perezoso en su vida.

5. Imagina que tu hija está en medio de sus pruebas finales del curso y, por estrés, acude a visitar el frigorífico con más frecuencia y se le dice: 'Hija, como sigas así, nadie te va a querer. Te estás poniendo tan gorda como una foca'. Estos insultos, en lugar de recordarle que la comida no eliminará los nervios, y que quizás saliendo a hacer algo de deporte pueda suplir ese estado de ansiedad. Este tipo de insulto puede crear en la niña la idea de que su cuerpo es defectuoso y se podría pasar la vida persiguiendo un ideal de belleza inexistente, además de transmitirle que la gente va a juzgarla a través de su apariencia física.

6. Imagina que tu hija prefiere leer a jugar con los amigos, y se encuentra con: 'Como sigas sin salir, al final acabarás sola'. ¿No sería mejor que le recordáramos que hay tiempo para todo y que si se organiza mejor, quizás pueda disfrutar de los amigos y la lectura?

7. Imagina tu hijo jugando en la tierra y ensuciando la ropa y, en un momento determinado, alguien le puede decir: '¡Eres un guarro! ¡Siempre te estás ensuciando!'. El niño automáticamente podría dejar de ser curioso, explorador o investigador porque a su madre o padre no le gusta que se le manche la ropa. En lugar de esto, podemos ponerle una ropa adecuada para ir a jugar. Invítalo a disfrutar del momento.

Consecuencias de este tipo de violencia psicológica

La violencia psicológica de los insultos a tus hijos

Recuerda que los insultos no educan, solo son insultos. Son un golpe directo a la salud emocional de nuestros hijos, por lo tanto:

- Les bajan la autoestima.

- Hacen dudar de su verdadera personalidad.

- Les hacen sentir incomprendidos.

- Se sienten solos cuando reciben este tipo de violencia psicológica.

- Les crea ira.

- En ocasiones, se hacen sumisos para no contestar (por mantener el sentido de autoridad).

- Y lo más importante, no se sienten ni queridos ni aceptados por ser como son.

Cómo educar en el amor evitando siempre los insultos

Para acabar, plantéate: ¿Es necesario el insulto para comunicarte con tu hijo? A través de las palabras que recibimos en nuestra niñez, creamos nuestra identidad, aquella que vamos a mantener el resto de nuestros días. Pero también creamos la forma de tratar a nuestro entorno. Por lo tanto, te recomendamos:

- Validar tus palabras con emociones positivas y gestos de cariño.

- No escatimar en palabras bonitas, ni alabanzas.

- Intentar ser lo más empático posible en cada situación.

- Transmitir tu amor a tus hijos.

- No olvides contar hasta diez siempre que creas que vas a perder los nervios.

Y, por supuesto, nunca olvides recordarle a tu hijo, que le quieres tal y como es, y si fuera de otra manera, también lo querrías.

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