La misión secreta que todos los padres deberían cumplir con sus hijos

Construir la mirada del amor puede ayudarnos a aceptar los problemas familiares que surjan

María José Padilla
María José Padilla Coach educativa

A veces, la vida no es tal y como nosotros la esperamos... Para bien y para mal, a veces nos sorprende con un cambio en el camino que trastoca todos los planes que teníamos en mente. Llegados a este punto, tenemos que aceptar nuestro nuevo destino, sea fácil o complicado de digerir. ¿Y cómo? Ahí es donde entra en juego una especie de misión secreta que tenemos todos los padres: la de construir una mirada del amor hacia nuestros hijos, una forma de transmitirles que aceptamos los desafíos que nos ha puesto la vida y que juntos conseguiremos salir.

Cómo aceptamos los imprevistos que ocurren a nuestros hijos

La misión de los padres con sus hijos: construir una mirada de amor a los hijos

'¡Es un niño! ¡Oh, yo quería una niña!'... Seguramente, más de una y más de uno de nosotros, se identifica con esta expresión, el día que nos dicen el sexo de nuestro bebé, y no nos encaja con lo que habíamos previsto. A veces, yo lo expreso como si fuéramos a ir de viaje, y una vez que tenemos la maleta preparada para salir de casa, nos llaman para decirnos que se nos cancela el viaje. O cuando, te preparas durante mucho para disfrutar y compartir un tiempo de calidad con tu pareja y sucede el imprevisto que hace que te desilusiones porque no es posible llevarlo a cabo.

Estos ejemplos son muy explicativos sobre algunas de las expectativas y frustraciones, que somos capaces de aceptar en poco tiempo y reponernos de ellas, rápidamente, incluso en horas. Son planes que puedes acabar sustituyendo por otros en una brevedad de tiempo o incluso, planes que puedes sustituir y acabar diciendo, 'menos mal que el otro plan falló!'.

Sin embargo, hay otro tipo de decepciones a las que nos cuesta mucho más enfrentarnos. Algunos de los cambios que nos depara la vida son más complicados de digerir. Es el caso, por ejemplo, cuando estamos esperando a nuestro bebé recién nacido y surge algún imprevisto. Queremos que esté sano, fuerte y, por qué no, que sea el bebé más guapo del hospital. Y lo que nos ocurre es que en el último momento, surge un problema y ya nada es como esperábamos

Hablo de enfermedades congénitas con las que puede nacer un bebé o anomalías no detectadas durante el embarazo. O quizá el imprevisto puede surgir en algún momento de la vida de nuestro hijo, al ser diagnosticado, por ejemplo de TDA, de TEA, de TDAH, de Asperger… Son situaciones que no esperamos y que aceptarlas nos lleva más que tiempo. En algunas ocasiones, nos lleva la vida en ello.

Cualquiera de ellas, conllevará un proceso que, como tal, puede que nunca se produzca. Incluso que, en la familia, se produzca una separación por falta de compresión y aceptación a la nueva realidad que se ha sobrevenido.

La misión de los padres: construir una mirada de amor hacia los hijos

Y, ¿qué hacemos en todas estas situaciones? ¿Cómo conseguimos aceptar lo que la vida nos ha deparado? La ACEPTACIÓN es, hoy por hoy, una asignatura pendiente en muchos de nosotros. Aceptar que las cosas importantes no salen como esperabas es duro de asimilar. Aceptar, que ya nada será igual, a partir de un instante o hecho inesperado, es hablar de palabras mayores en la Inteligencia Emocional.

Por ello, apelo a la mirada. La mirada del amor, como un recurso más, para seguir queriéndonos y para seguir queriendo a nuestros hijos, familiares o hechos, sin importar las circunstancias que están teniendo lugar. Una mirada que transmita a nuestros hijos que vamos a ir a por todas para sortear ese obstáculo que nos ha aparecido. Que hable de 'te quiero tal y como eres', 'no te preocupes, que juntos lo superaremos', una mirada que hable desde el corazón y te diga, 'esta lección de vida, también la vamos a ganar' o aquel lema de los mosqueteros, que decía 'uno para todos y todos para uno'. La mirada del amor valdrá para expresar lo que, a veces, no podemos decir con palabras.

Algunos padres, ante un problema de la vida, solo miran desde la pena, la tristeza o la resignación, pero la mirada del amor resulta mucho más poderosa. De verdad, confío en la mirada de un padre y de una madre, que hablan a sus hijos desde la autocompasión. La autocompasión nos permite gestionar mejor las emociones difíciles (miedo, ira, tristeza, vergüenza y duda), porque se realiza en el espacio de la conciencia amorosa, lo que aporta mayor sosiego y bienestar en nuestra vida. Se basa en la buena voluntad de mirarnos y de mirar con amor, cuando estamos sufriendo o nos sentimos inapropiados.

Practica esta mirada para ti y para tus hijos, porque te estarás y les estarás mostrando el camino del amor, sin decir ni una sola palabra. Y lo más importante, sanando la situación complicada que estéis viviendo en ese momento, de una manera confiada, serena y muy amorosa.