Por qué todo lo hago mal como madre - Expectativas en la maternidad

Recuerda: ¡no eres una mala madre! ¡lo estás haciendo muy bien con tus hijos!

Beatriz Martínez
Revisado por Silvia Álava Sordo, Psicóloga, el

Qué madre no ha sentido alguna vez que no puede con todo y que no cumple con las expectativas de la maternidad. ¿Cuántas veces te has preguntado por qué lo haces todo mal? En los primeros días tras el parto, durante las etapas de rabietas, en esos días en los que notas que todo te desborda... Y es ahí cuando te da por pensar que esto no es para ti, que la maternidad te supera, que incluso eres una mala madre. Te invitamos a reflexionar con nosotras sobre estos sentimientos tan comunes en la maternidad. ¡Lo estás haciendo muy bien, mamá!

Rebajar nuestras expectativas sobre la maternidad

Todo lo hago mal como madre

¿A veces tú también te sientes una mala madre? Tal vez no sea cuestión de esforzarse más y más, sino de bajar las expectativas que tenemos respecto a la maternidad. Somos madres de corazón, pero ante todo mujeres, personas que cometen errores y aprenden de ellos, que también se cansan y tienen otras cosas que hacer en la vida, entre ellas sus aficiones.

Si tus expectativas están muy arriba no te va a servir para ser tu mejor versión, más bien todo lo contrario. Si no llegas a ellas, va a aparecer la culpa, la inseguridad, el estrés y otros sentimientos por el estilo que te van a perjudicar emocionalmente. No solo son complicados de gestionar, sino que van a derivar en una peor relación contigo misma y con tus hijos.

¿Por qué siento que todo lo hago mal como madre?

La maternidad y sus expectativas

¿Cuántas veces has podido decir esta frase?: 'Es que yo quiero ser una buena madre, pero no sé cómo hacerlo'. Si te estás planteando esto, la respuesta es un sí rotundo; sí, eres una buena madre. El mero hecho de pensar en ello ya dice mucho de ti. Pero déjame decirte, para tu tranquilidad, que en verdad no tienes que ser una buena madre, sino la madre que tus hijos necesitan en ese momento ¡la maternidad perfecta no existe! Tan solo madres que se adaptan a las necesidades de sus hijos, que no es poco.

1. Párate a pensar en las necesidades de tu hijo y también en las tuyas
En el tan necesario equilibrio está la clave. Para hacerlo bien como madre hay que tener en cuenta las necesidades de tu hijo, pero también las tuyas.

2. Trabaja la inteligencia emocional de los hijos
Quien dice necesidades dice también las emocionales. 'Entiendo que estés triste', '¿qué te ocurre?' '¿cómo te sientes?' 'Yo te ayudo a buscar una solución'. Pero para eso debemos trabajar nuestras propias emociones, validarlas, hablar de ellas con naturalidad, decir cómo nos sentimos, mostrarnos tal y como somos. Tu hijo aprende de ti y de la gestión de las emociones que tú misma lleves a cabo.

3. No temas, tus hijos no tienen que estar contentos todo el día
Tus hijos se van a enfadar, frustrar, irritar y molestar exactamente igual que todas las personas del planeta tierra, ¡y es algo totalmente normal! No tienen que estar todo el día alegres, las otras emociones no tan positivas también tienen que formar parte de su día a día. Y no, mamá no tiene que solucionarlo, simplemente ser su apoyo.

4. Valora el modo en que te trata tu hijo
Cuando llegas a casa, ¿te recibe con un abrazo y un beso? ¿Te dice todo lo que te ha echado de menos? ¿Te da un beso de buenos días? ¿Te regala un dibujo? ¿Te da las gracias? ¿Cuándo le pasa algo te lo cuenta? Entonces sí, eres la madre que tu niño necesita. No lo haces todo mal, como a veces tienes la sensación.

No eres mala madre - ¡Lo estás haciendo bien con tus hijos!

Tú no eres mala madre

¿Y por qué nos empeñamos tanto en cuestionarnos si lo estamos haciendo bien en nuestra labor como madres? Pues porque resulta que nuestro objetivo principal no es otro que criar a niños felices. Si resulta que sí, que estás en lo cierto, que lo estás haciendo muy bien como madre, entonces, además de contenta, puedes sentirte muy tranquila. Incluso cuando tus hijos pasen por etapas de rabietas, inseguridades o estrés. No será culpa tuya, será gracias a tu apoyo y tu amor incondicional que se vuelvan a sentir bien cuando estén preparados para ello.

Observa a tu hijo y sabrás que lo estás haciendo bien. Si grita, si alborota, si eleva la voz, si riñe con su hermano, si llora o ríe a carcajadas y tiene otros comportamientos tan propios de su edad es que tiene libertad para ello. En su hogar se ha creado un espacio seguro para que pueda desarrollarse y crecer adecuadamente además de pasar por todas las etapas que le llevarán a ser un adulto responsable y emocionalmente equilibrado.

Y es que los niños son curiosos por naturaleza, traviesos y ruidosos además de alborotadores natos. Saltan, gritan, se expresan, prueban, piden esto y aquello. Y ahí que estás tú con tu paciencia infinita de madre que te dice que sí, que vas por el buen camino, que cuando tus hijos se hagan mayores van a recordar su infancia como una de las etapas más felices de su vida y dirán muy alto que se sienten orgullosos de la madre que les ha tocado, ¡no es para menos!

Intenta pensar en ello la próxima vez que pienses: ¿por qué todo lo hago mal como madre?

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