Un cuento muy necesario para explicar a los niños qué es la dislexia

Un útil recurso para padres o profesores de niños con este trastorno del aprendizaje

Jorge Marín Labbe
Jorge Marín Labbe Formador Educacional

Tener dislexia es una gran dificultad. Pero es más difícil si nuestros alumnos no entienden qué le ocurre a su compañero o qué significa tener este trastorno del aprendizaje. Por eso, en Guiainfantil.com te proponemos un cuento muy útil para utilizarlo como recurso en el aula y explicar a los niños qué es la dislexia. También nos ayudará a reflexionar a padres y profesores sobre cómo podemos acompañar al pequeño que padece esta condición. Se trata de una historia que busca fomentar la empatía de los niños.

Cuento para que los niños entiendan qué es la dislexia

Cuento como recurso para profesores para explicar a los niños qué es la dislexia

Tenemos un compañero llamado Tomás, que se está sacando puras calificaciones negativas en las pruebas de libro. Además le cuesta mucho hacer las tareas escritas o realizar resúmenes de la materia. Mejor ni les cuento cómo escribe, porque yo creo que los jeroglíficos de los egipcios son más claros que su letra. Yo creo que va a estar en el taller de caligrafía para siempre.

Un día, nuestra profesora y un tipo del colegio vinieron a hablarnos de Tomás. Voy a ser honesto, con suerte escuche y entendí dislex…algo, y hasta ahí llegué. ¿De qué estaban hablando? Ni sé qué más quisieron decirme. Cuesta a veces saber qué quieren los grandes. Me hablan de cosas con palabras extrañas, creyendo que soy un diccionario que se lo sabe todo. Igual guardé silencio, pero no pude saber en verdad cómo podríamos ayudar a nuestro compañero.

Pues bien, pasó el tiempo y aún Tomás seguía con sus malas notas. Ya era muy triste ver todos los días la cara de pena que traía consigo. Pues bien, yo me armé de valor y le quise comentar a nuestra profesora. Ella me agradeció y me dijo que iba a hacer algo al respecto.

Pasó una semana. Estábamos en recreo y llegó la hora de volver a la sala. Me di cuenta de que a Tomás lo llamaron y no entró en clase con nosotros. Pero cuando entré en el aula, vi algo distinto. ¡Estaba llena de palabras y oraciones pero escritas en forma muy extrañas! Y al lado de esas frases, estaban otras que estaban bien hechas. Me acuerdo de este ejemplo:

'JVAm KWite A $u Kor$o'. Y al lado decía, 'Juan quiere a su curso'.

En otro lado ponía... 'Al comrismope es Muy ipomrtanet'. Y, junto a él, 'El compañerismo es muy importante'.

Todas nuestras mesas estaban formadas en un círculo y nuestra profesora estaba en el centro. Cuando estuvimos todos sentados, la maestra empezó a hablar. Todavía recuerdo esas palabras que retumbaron en mi corazón:

- ¿Ven esas frases extrañas? -nos dijo- Pues así lee Tomás. Niños, esto es la dislexia y por eso nuestro compañero le cuesta leer y escribir.

El silencio fue abrumador. Nos dimos cuenta al fin de por qué nuestro compañero siempre se sabaca notas reprobadas. No era porque era flojo, sino que tenía una dificultad y había algo que hacer. La profesora de inmediato nos contó lo siguiente:

- Niños, por eso vamos a acompañar y apoyar a nuestro compañero. Para que eso suceda, vamos a organizarnos de la siguiente manera. Tú, Carlos, como eres uno de sus mejores amigos, vas a estar a su lado y le vas a leer oralmente todo lo que vayamos viendo. Así él te va a escuchar tu voz y va a ir comprendiendo lo que lee. Tú, Max, vas a grabar todas las clases. Después me las entregarás a mí y yo se las daré a Tomás. Juan y Andrés van a ser parte del equipo de trabajo con Tomás. La única diferencia es que tendrán que trabajar oralmente, por lo que tendrán permiso para hacer sus tareas afuera. Y tú, José, –me miraba a mí- vas a ser el compañero que estudie con él en las horas de trabajo personal. Tienen que ser orales, pero además, organizar sus tiempos en no más de 15 minutos. Después podrán descansar por 10 minutos, pero acabado ese tiempo deben volver a trabajar. Como ven niños, si nos organizamos de esa forma, todos nosotros apoyaremos a Tomás y él lentamente empezará a leer como corresponde.

Jamás se me olvidará ese momento. No solo entendí a Tomás, sino que supe cómo puedo ayudarlo a mejorar las notas. Ojalá nos explicaran así siempre las cosas, porque de esa manera podemos comprender cómo ayudar a nuestros amigos.

FIN

Antes de terminar, quería proponeros una reflexión. Y es que, para que los niños comprendan algo tan complicado como es la dislexia, hay que tomarse un tiempo con ellos. Ellos quieren ayudar, pero debemos abrirnos a su mundo para invitarlos a que puedan. Ellos pueden hacerlo, solo que hay que conectar y explicárselo en su lenguaje.