De padres autoritarios, niños inseguros. Consecuencias de una educación muy estricta

Para tener la autoridad, no es necesario un padre autoritario

Jimena Ocampo Lozano

Muchas veces hemos hablado de las consecuencias que determinadas acciones de los padres tienen y pueden tener en el desarrollo de los hijos, más concretamente, en la autoestima, el autoconcepto y la seguridad en sí mismos. Normalmente hacemos referencia a la sobreprotección y a sus consecuencias negativas en el desarrollo de los niños (inseguridad, falta de autonomía, etc.) Pero en este caso, vamos a abordar el estilo educativo estricto y sus consecuencias en el desarrollo de los niños. De padres autoritarios... niños inseguros.

Para tener autoridad no es necesario ser autoritario

Relación entre los padres autoritarios y los niños inseguros

Los estilos educativos parentales podemos definirlos como el modo en el que los padres educan a sus hijos, la autoridad que ejercen sobre ellos y el tipo de normas que aplican. Se suelen distinguir los siguientes estilos: autoritario, democrático, sobreprotector o permisivo y negligente.

Muchos padres confunden autoridad con ser autoritario, y no es lo mismo, ni mucho menos. Por lo tanto tenemos que aclarar es que no es lo mismo ser un padre autoritario que un padre con autoridad y que para ser la autoridad no es necesario ser autoritario (y cuando hablamos de padre, nos referimos a padre y/o madres).

- Un padre que tiene autoridad
Soy un padre con autoridad en el hogar cuando escucho a mi hijo, sus opiniones y pensamientos respecto a la normas, por ejemplo, fomento su autonomía, respeto sus ideas, etc. y a su vez tengo un control firme de las normas y los límites en el hogar, aunque estos puedan ser en ocasiones flexibles y pongo consecuencias razonables (esto es lo que se corresponde con el estilo educativo democrático). En estos casos, los hijos suelen reconocer en sus padres esa autoridad que los adultos solemos reclamar, desde el respeto mutuo.

- Un padre autoritario
En el caso de los padres autoritarios, por el contrario, las relaciones en el hogar se basan más en relaciones de poder y en la afirmación de este poder a través de la disciplina. Se centran mucho en la 'obediencia' del niño.

¿Qué tipo de padre quieres ser tú?

¿Somos unos padres autoritarios con los niños?

Profundicemos en el tipo de padre que nos ocupa hoy: los padres autoritarios. Podemos decir que estilo autoritario se caracteriza por:

- Muchas normas y muy rígidas y con poca participación de los niños
Está claro que son los padres los que ponen las normas en el hogar, pero esto no significa que no se haga partícipe a los hijos, por lo menos explicándoles la norma y las consecuencias y negociando en ocasiones con ellos.

- Más castigos que refuerzos
Los castigos en muchas ocasiones son 'desproporcionados' y en ocasiones se juega con la 'retirada' del afecto como consecuencia. Estos tienen efectos muy poco beneficiosos para los niños, que identifican el cariño con la obediencia ("si soy malo no me quieren").

- Falta de diálogo
En el caso de loa educación autoritaria, apenas hay diálogo entre padres e hijos y los niños suelen 'temer' a los padres.

- Los padres buscan la afirmación de poder a través de la disciplina
A menudo este tipo de educación se sustenta sobre la idea de que me deben respetar por el simple hecho de que soy el padre/madre, pero el respeto no suele ser bidireccional.

- La obediencia está por encima de todo
Se busca como máximo objetivo que el niño sea obediente.

- No suele tener en cuenta las emociones de los niños
Con las consecuencias que no enseñar a los niños a gestionar y comprender sus emociones tiene.

Consecuencias de la educación demasiado estricta

Está claro que la manera de educar a los hijos tiene consecuencias sobre su desarrollo, pero también en su personalidad, en sus relaciones sociales, en sus emociones… Muchos padres no son conscientes de la importancia que los estilos educativos tienen para el desarrollo de sus hijos y, aunque está claro que no somos perfectos y que en ocasiones nos pasaremos o no llegaremos, lo importante es saber cómo puede influir lo que hacemos y cómo educamos.

En el caso de los niños que reciben una educación demasiado estricta, estas son algunas de las consecuencias que pueden sufrir.

Las consecuencias para los niños de una educación demasiado estricta

1. Niños miedosos y poco participativos
Los hijos de padres autoritarios suelen ser niños temerosos, apocados, que no se arriesgan o son poco participativos en situaciones en la que hay una figura de autoridad presente (en el aula o en casa) por miedo a hacer algo mal.

2. Niños agresivos
Pero también son susceptibles de ser niños más agresivos, ya que este estilo no favorece el desarrollo de la autorregulación emocional y el autocontrol en los niños. El niño se porta bien para evitar el castigo, pero no porque sea gestionar su frustración si sepa controlar impulsos o emociones.

3. Niños con baja autoestima
Son niños con baja autoestima, que confían poco en sí mismos. Están acostumbrados a seguir la norma y, por lo tanto, confían poco en poder hacer algo por sí mismo de forma espontánea.

4. Niños que no hablan de cómo se sienten
A menudo, estos niños tienen dificultades para expresar emociones y sentimientos.

5. Niños sumisos
No cuestionan la autoridad y son obedientes, en ocasiones, sumisos. Es por ello que no suelen expresar o defender sus ideas o pensamientos.

6. Futuros adultos autoritarios
Además, los hijos de padres autoritarios tienen más posibilidades de ser padres autoritarios en el futuro, ya que es el modelo que han aprendido y se tiende a repetir patrones aprendidos cuando somos adultos. Por lo que las consecuencias de este estilo, no afectan solo a la infancia, sino que influye también en la construcción de su personalidad y por lo tanto afectará también a su adolescencia, juventud y vida adulta.

Por lo tanto, como padres tenemos que tratar de buscar el equilibrio en la educación de los hijos, sin pasarnos pero tampoco quedarnos cortos. Debemos adaptarnos a las diversas situaciones que se nos presenten, teniendo en cuenta que no somos perfectos y que podemos 'cometer errores'.