Cómo fomentar actitudes que ayuden a los padres a educar para la paz a los niños

Los niños son una fuente de emociones y sentimientos positivos

Nora Rodríguez
Nora Rodríguez Pedagoga y escritora

¿Por qué educar para la paz?”. Esta es una pregunta que me realizan muchos padres y docentes. Sin embargo, la respuesta es simple: porque es lo único que nos permite sentirnos conectados con los demás.

Educar para la paz es educar el corazón

educar para la pazY esto es lo que realmente hace felices a los niños, ¡mucho más que un juguete de última generación!, porque es lo que les permite sentirse parte de algo, y saber que tienen recursos para transformar positivamente las relaciones y, por extensión, su círculo cercano.

Y con solo unos micro movimientos, como la generosidad, la amabilidad, el agradecimiento, el altruismo o la empatía. Porque es a través de estos micros movimientos que aprenden que el bienestar de uno mismo no está reñido con el bienestar de los demás. Movimientos transformadores de la pedagogía de la felicidad responsable que todos podemos llevar a cabo en nuestro día a día.

Nuestros hijos son el resultado de un entramado biológico, emocional, psicológico, social y espiritual, y cuentan con una increíble cantidad de recursos, que es lo que verdaderamente les hace y nos hace humanos.

No en vano, tal como demuestran las últimas investigaciones neurocientíficas, desde los primeros meses de vida, disponemos de un rudimentario sentido de justicia para vincularnos positivamente con los demás, ¡y nuestra biología es sabia!

Nuestro sistema nervioso y nuestro cerebro están diseñados para conectar con los demás mediante la empatía, algo lógico si tenemos en cuenta que crecemos en grupo, aprendemos del grupo y también nos desarrollamos en él…

Todos queremos un mundo más empático y solidario, en el que los niños se sientan felices y no sufran, pero nuestros hijos seguramente sufrirán en muchos momentos, así que démosles las herramientas necesarias para que puedan desarrollar sus habilidades, fortalezas y talentos.

Es hora de dejar de lado la mala fama que asegura que los niños son terriblemente egoístas, vistos desde la psicología del comportamiento, que los ha definido más por lo que carecían que por las aptitudes y el potencial con el que contaban, y que hoy las investigaciones neurocientíficas demuestran.

Así que ahora que sabemos que los humanos somos seres emocionales y sociales que hemos aprendido a razonar, trata de dar a los niños oportunidades para que se conozcan a sí mismos, por ejemplo, interactuando en actividades donde lo importante sea la ayuda mutua.

Consejos para educar en la paz 

Son muchos los rasgos positivos que los niños manifiestan desde los 3 años, como la bondad, el amor o la gratitud, entre otros, ¡y es que son una fuente de emociones y sentimientos positivos!

1. Para los niños, la posibilidad de sentirse más felices, más amables y más competentes a veces despierta ese potencial que poseen. ¿Cómo? Con solo un abrazo a tiempo cuando se sienten inseguros, o bien ofreciéndoles una caricia, una sonrisa tranquilizadora, una mirada que inspire amor y seguridad... 

2. Microgestos que refuercen el vínculo seguro entre él y su cuidador, quien debe ser un adulto resiliente capaz de fomentar, por ejemplo, la generosidad espontánea, y que no incluye, por lo tanto, compartir cosas solo tangibles. Puede tratarse de dar tiempo, espacio para juegos en familia, compartir sueños e ideas, porque esta es la razón por la que queremos que la generosidad se expanda en todos sus matices. 

3. Es importante que quienes educan, ayuden a los niños y a los adolescentes a que entiendan que es imprescindible descubrir que tan positivo es dar como aprender a recibir, y decidir de quién, en qué situación y cómo. 

4. Hay que ayudarles a comprender que un acto generoso es igual a decirle a la otra persona "me importas", porque es así como aprenderán a valorar el bienestar de los demás como fuente del propio bienestar. Puedes mostrarle, por ejemplo, la importancia de comprar productos que destinen el dinero a causas benéficas o reconocer su esfuerzo mediante un gesto de aprobación, una caricia o una mirada cómplice. No se necesita más, ¡para el cerebro este es "el gran premio"!

5. Cultivar la importancia de ayudarse unos a otros en la familia.

6. Y, también, puedes empezar por educar la amabilidad, para que poco a poco se convierta en un hábito que le ayudará a descubrir un nuevo modo de ser y a saber cómo comportarse en situaciones hasta el momento desconocidas. La amabilidad les permite tomar cierta distancia emocional y, por lo tanto, tomar mejores decisiones o decidir cuándo y cómo implicarse. Para los niños, la amabilidad es además una excelente puerta de entrada a la generosidad y al altruismo.