11 errores que cometemos los padres cuando prohibimos cosas a los niños

Estas son las cosas que nunca debéis hacer como padres con vuestros hijos

Sandra Llorente

Todos los padres criamos a nuestros hijos lo mejor que podemos y solemos dar lo mejor de nosotros para hacerlo, pero eso no significa que no nos equivoquemos (de hecho lo hacemos miles de veces). Por eso, no viene mal de vez en cuando revisar la manera en que criamos a nuestros hijos. Estos son los 11 errores que cometemos los padres cuando prohibimos cosas a los niños.  

Qué cosas nunca se deben prohibir a un niño 

cosas que prohibimos a los niños

Si eres de los que tiene la 'mala manía' de prohibirle y censurarle cosas a sus hijos, quizás deberíamos pararte un poco a pensar cuáles pueden ser las consecuencias a corto y largo plazo de tu conducta sobre tu pequeño. Y es que muchas de las prohibiciones a las que les sometemos las ejecutamos de manera inconsciente.

Luego están aquella que las llevamos a cabo porque pensamos que es lo mejor para ellos. Pero como los niños no vienen con una guía práctica bajo el brazo, queremos pararnos en esas prohibiciones que les imponemos para estudiar a fondo qué repercusión tiene para ellos.

- Perseguir sus sueños
Es cierto que en cada etapa de su vida tu hijo cambiará de objetivos y sueños por cumplir, pero eso no significa que debas restringir sus aspiraciones, por muy extravagantes o insólitas que sean. Ayudar a tus pequeños a tener esperanza de conseguir lo que sueñan o a buscar la manera de llegar a sus metas les permitirá tener confianza en sí mismos en el futuro para lograr todo aquello que se propongan. 

- Tener un amigo imaginario
Tu hijo no tiene ningún problema por tener un amigo invisible. De hecho, es totalmente común que los niños 'encuentren' un amigo con quien hablar, mostrar sus frustraciones o sus anhelos y sueños a partir de los 2 o 3 años de edad.

Bien es cierto que hay algunos casos en los que un amigo invisible puede ser un problema, como cuando un niño se vuelve retraído o agresivo con esta situación, pero en la mayoría de las veces los amigos imaginarios son solo una etapa más del pequeño. Este 'nuevo compi' le ayuda a gestionar sus emociones, su creatividad e, incluso, a aumentar su confianza en sí mismo. Por tanto, lo mejor que puedes hacer como mamá o papá es no reprimir el tiempo que tu hijo juega con ‘su amigo’.

- Jugar como un niño
Por un momento recuerda los mejores momentos de tu infancia, seguro que muchos tienen que ver con juegos en los que te manchabas en el barro, saltabas en los charcos de agua o explorabas el mundo en busca de un tesoro, ¿lo recuerdas?

Seguro que sí, por tanto, ¿por qué privar a tu hijo de sus mejores experiencias? Deja que tu pequeño juegue como un niño, una mancha se quita con jabón, un roto se cose y una pequeña herida se cura. Por supuesto, acompáñale y asegúrate de que lo haga en un entorno seguro. Incluso puedes jugar con tu pequeño o pequeña como en tu infancia, ¡lo pasaréis en grande!

- Pedir ayuda
Solemos pensar que si conseguimos que nuestros hijos hagan sus tareas solos o logren atarse los zapatos por sí mismos, los estamos llevando por el ‘buen’ camino de la independencia. Sin embargo, los humanos somos seres sociables que disfrutan de trabajar en equipo. Si nuestros hijos no aprenden a pedir ayuda libremente sin ser juzgados, entonces no lo harán muy seguido o no sabrán cómo hacerlo en su adolescencia ni en su etapa adulta. No tiene nada de malo pedir ayuda, recuérdalo.

- Preguntar
¿Cómo queremos que nuestros hijos tengan conocimientos si les prohibimos preguntar? A veces los niños pueden ser insistentes con sus preguntas, pero no lo hacen para fastidiarnos, sino porque necesitan comprender el mundo y las mamás y los papás somos su más importante referencia en la vida.

Seguramente tu hijo o hija piensa que lo sabes todo, pero evidentemente no es así. En vez de decirle a tu hijo ‘deja de preguntar’ porque ya no sabes la respuesta o te has cansado de contestar, buscad juntos la respuesta en un libro, un diccionario o internet. Si no tienes tiempo en ese momento, puedes ofrecerle que haréis esa actividad al llegar a casa. ¡Tu hijo será infinitamente más feliz si aprende a tu lado!

- Contestar
- 'Guadalupe, ¿crees que ha estado bien pegar a tu primo?'
- Sí
- ¡No seas contestona! 

¿Te suena de algo este diálogo? Si es así, párate a pensar si tiene mucho sentido que le hagas una pregunta a tu hijo y que al contestar le reprimas por hacerlo. Los niños más pequeños son muy sinceros, tanto que a los adultos nos pueden llegar a sacar de quicio.

En el ejemplo anterior, vemos lo incoherente que podemos ser a veces como padres. Lupita simplemente contesta con un ‘Sí’ porque en su interior siente que de verdad su primo lo merece (quizás su primo le ha quitado un juguete anteriormente). Si le hacemos una pregunta y ella contesta la pregunta como la siente ¿qué derecho tenemos de reprimirla?

Quizás sea mucho más educativo para ella hacerle la pregunta adecuada, como podría ser ‘¿por qué crees que se lo merece?’ Una vez que ella se explique, podríamos hacerle entender que con la violencia no se consiguen las cosas, que se puede defender de otra manera, que puede explicarle a su primo que debe pedir los juguetes antes de agarrarlos... Recuerda que si cuando son sinceros con nosotros les reprimimos, entonces aprenderán que lo mejor es mentir para que no nos enojemos.

El peligro de prohibir expresar emociones 

por qué no debemos prohibir expresar emociones

La alegría, el llanto, el amor, la tristeza, el miedo... Todas estas emociones y sentimientos nacen con nosotros y, como padres, tenemos la obligación de enseñarles a los niños a gestionarlas y NUNCA a prohibirlas. Hacerlo, ¡podría ser fatal para ellos! 

- Llorar
Si prohíbes a tu hijo o hija el llanto solo estarás propiciando que aprenda a reprimir sus emociones, lo que tarde o temprano podría afectarles emocionalmente. Frases como ‘Deja de llorar’ o ‘Llorar es de .... ’ se pueden sustituir por preguntas tan sencillas como ‘¿Qué te ocurre?’ De esta manera ayudas a tu pequeño a aprender a expresar sus sentimientos y, así, a desarrollar su inteligencia emocional.

- Expresarse 
No solo no se debe prohibir a los niños expresarse en el entorno del hogar, sino en cualquier entorno. Todos hemos sufrido esas situaciones incómodas delante de conocidos o familiares porque nuestro peque ha dicho algo inconveniente, lo que sigue de una rotunda prohibición de hablar delante de los mayores.

Si le quitas su derecho a expresarse desde su tierna infancia aprenderá que en el futuro sus relaciones deberían ser así, con personas que les coarten su libertad de expresión. Mejor, enséñale poco a poco valores como el respeto y la consideración hacia los demás, y sin darte cuenta irá entendiendo que algunas frases pueden herir a los demás. Y siempre, ¡siempre!, acepta y respeta sus opiniones como las de cualquier otra persona.

- No compartir
Muchos padres deseamos que nuestros hijos aprendan el valor de compartir, pero si les obligamos a compartir todo lo que tienen, conseguiremos el efecto contrario. Los niños también tienen derecho a decir no y decidir que su juguete no se comparte.

Cuando estés ante una situación algo comprometida con este asunto, por ejemplo, que no quiera compartir un juguete con un niño, busca una solución alternativa. Tal vez compartir otro juguete o proponer otro juego que les haga olvidar fácilmente la situación incómoda. Además, es importante que seas el ejemplo a seguir de tus hijos, es decir, si tú no sueles compartir tus cosas no esperes que tus hijos lo hagan.

- Compartir
Tampoco prohíbas a tu hijo compartir. No tiene mucho sentido que le pidas que comparta sus juguetes en el parque con un niño desconocido, y luego te enojes porque ha compartido su lunch en la escuela con sus amigos, o incluso si le presta dinero a un amigo para un lapicero. Créenos, tu hijo no comprenderá esa incoherencia en tus opiniones sobre el significado de compartir

- Tener miedo 
Aunque a veces no lo vemos así, tener miedo no significa que no seamos valientes. De hecho, una característica de la valentía es la capacidad de superación de un miedo que previamente hemos sentido. Por tanto, desear ayudar a nuestros hijos a que aprendan a ser valientes ante los conflictos que se presentan en su vida no tiene por qué ir acompañado de una prohibición a tener miedo.

Cuando a un niño se le dicen expresiones tipo ‘¡no tengas miedo!’ o ‘el miedo es para los cobardes’, lo único que se consigue es que reprima sus instintos sin motivo alguno. Ayudarle a comprender la naturaleza de su miedo y ayudarle a superarlo, respetando si se siente preparado para ello, será mucho más beneficioso para su inteligencia emocional.

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