Fulgencio el conejo miedoso. Cuento infantil sobre los miedos

Cuento para hablar con los niños sobre el miedo

Marisa Alonso Santamaría

Los miedos son muy comunes en la infancia, hay una serie de temores en los niños que, a medida que van creciendo desaparecen. A la oscuridad, a los monstruos y a los desconocidos son algunos de los más frecuentes.

Son miedos que pueden llegar a paralizarles, esto es lo que le pasó al protagonista de este cuento: El conejo Fulgencio. Si tu hijo está atravesando una etapa así, puedes leer con él este cuento infantil sobre los miedos para tratar de desmontarlos.

Un original cuento infantil sobre los miedos y temores

Cuentos sobre los miedos

Fulgencio era un conejo muy miedoso.

Una noche entró en su madriguera y se preparó una suculenta cena: zanahorias, alcachofas, nabos, brócoli y guisantes. De postre tomó un trozo de manzana y después, se fue a dormir.

Al rato, cuando estaba quedándose dormido, escuchó que llamaban a la puerta.

— Toc, toc, toc, toc.

— ¿Quién será a estas horas?  — se preguntó, asustado, y en lugar de ir a ver quién era, dio unos pasos atrás y se fue al rincón más alejado de la puerta.

Volvieron a llamar.

— Toc, toc, toc, toc.

Fulgencio se agazapó en el rincón temblando de miedo.

Unos segundos más tarde volvieron a llamar; esta vez más fuerte.

— Toc, toc, toc, toc.

— Seguro será el lobo. Me habrá olido y tendrá hambre — pensó Fulgencio. Sin dejar de tiritar y  haciéndose una bola, se puso cara a la pared.

De nuevo llamaron insistentemente:

— Toc, toc, toc, toc, toc, toc, toc,toc.

— ¡Ayyyyyy! — gritó Fulgencio tapándose la cabeza con las patas y deseando volverse invisible con todas sus ganas. Seguro que es el águila. Me habrá olido y tendrá hambre.

Y así, muerto de miedo, agazapado en el rincón y hecho una bola, se quedó dormido cuando amanecía, vencido por el sueño.

Cuando despertó, a media mañana, tenía un aspecto horrible. Con los ojos hinchados fue a lavarse la cara para espabilarse. Aún con el miedo metido en el cuerpo decidió salir al exterior asomando poco a poco las orejas. Cuando vio que el camino estaba despejado saltó y, mirando desconfiadamente hacia atrás, empezó a caminar.

— ¡Holaaaa! — escuchó a alguien saludar de repente, delante de sus narices.

Fulgencio, que no se lo esperaba, cayó patas arriba del susto que se llevó.

— ¿Te ocurre algo? — le preguntó alarmado su amigo conejo.

— Anoche fui a cenar a tu casa, como habíamos quedado, y aunque me extrañó no debías estar, porque no me abriste la puerta — le dijo su amigo, mientras lo ayudaba a levantarse.

—¡Eras tú! —exclamó Fulgencio con los ojos muy abiertos, a punto de volver a caer al suelo.

Entonces, sin decir nada a su amigo, pensó en lo tonto que había sido dando rienda suelta a su miedo.

¡Menuda nochecita había pasado!

Actividades de comprensión lectora para niños

Antes de pasar a leer otro cuento con tu hijo, comprueba si ha prestado atención a este o si comprendió lo que leía. Puedes hacerle estas preguntas: 

- ¿Quién es el protagonista de este cuento?

- ¿Qué sentía el conejo?

- ¿Abrió la puerta?

- A la mañana siguiente, ¿de qué se dio cuenta?