Felicia y la luna. Cuento para niños sobre la felicidad

Cuentos infantiles cortos sobre la luna

Este cuento para niños es un relato perfecto para enseñar a los niños cómo la felicidad está en las pequeñas cosas y, cada uno encuentra la felicidad en cosas o circunstancias diferentes.

Felicia y la luna cuenta la historia de una niña que veía cómo cada día la luna desaparecía un poco del firmamento. La luna parecía triste y sin vida, pero Felicia y sus amigos encontraron la forma de hacerla feliz, solo tuvieron que hacer una cosa muy muy sencilla. Descubre en este cuento para niños sobre la felicidad cómo lo lograron.

Cuento para niños sobre la felicidad: Felicia y la luna

Cuento para niños sobre la luna y la felicidad

La cara de luna estaba muy pálida, parecía empequeñecer por momentos y estaba triste. Felicia lo descubrió un día por casualidad.

— ¿Qué le pasará?  — Se preguntó la niña extrañada.

Desde ese día, todas las noches miraba al cielo esperando que apareciera tan bonita y vivaracha como siempre.

— ¿Por qué la luna está pálida y se hace pequeña?  — preguntó Felicia a su madre una noche. — ¿Acaso no es feliz? 

La madre de Felicia miró al cielo y dijo:

La luna pasa por diferentes fases, ahora estará en cuarto menguante por eso se la ve más pequeña, en un tiempo volverá a recuperar su color y lucirá llena.

Pero Felicia seguía mirando preocupada al cielo presintiendo que algo no iba bien.

Pasaron los días y, la luna desapareció del cielo como por arte de magia.

— ¡Mamá, mamá!,  la luna ha desaparecido del cielo  — gritó Felicia asustada, 

Su madre la tranquilizó:

— Felicia, no te preocupes,  la luna está en la fase de luna nueva, por eso no se la ve, pronto aparecerá radiante en el cielo.

Pero, a pesar de las palabras de su madre, Felicia seguía pensando que algo extraño le ocurría a la luna.

Pasó una semana y la luna no crecía ante la preocupación de la niña.

— ¡Mamá!, la luna no vuelve,  — dijo Felicia a punto de llorar.

Su madre miró al cielo y, efectivamente, la luna que debería estar en cuarto creciente, no crecía y apenas se la distinguía en el firmamento.

Madre e hija cada noche, en completa oscuridad, miraban al cielo esperando que la luna apareciera de nuevo.

Una de las noches, Felicia, asomada a la ventana de su dormitorio comenzó a tararear una canción y, le pareció ver que la luna había lanzado un pequeño destello.

Al día siguiente, Felicia contó a sus amigos lo que sucedía y, todos juntos, empezaron a entonar una bonita melodía cuando empezó a oscurecer.

Esa noche la luna lanzó pequeños destellos más luminosos que el día anterior.

Al ver que la luna parecía recobrar la vida con sus canciones, Felicia y todos sus amigos decidieron formar un bonito coro con todos los niños del barrio.

Noche tras noche, los niños, con sus guitarras, violines, bandurrias, flautas y toda clase de instrumentos musicales se daban cita en el jardín de la casa de Felicia y, mirando al cielo, cantaban y tocaban alegres canciones a la luna que, poco a poco, fue recobrando el color hasta lucir llena de vida y color.

— ¡Por fin la luna es feliz!  — gritó Felicia a todos con lágrimas en los ojos.

Nunca supieron qué le sucedió a la luna pero, los niños hicieron con sus alegres canciones que  se sintiera querida, olvidara su tristeza y volviera a lucir radiante.

Desde ese día, la luna agradecida,  guiña un ojo a todos los niños cuando la miran.