8 fatales consecuencias de educar con gritos a los niños
Conoce las herramientas alternativas para que los padres no griten a sus hijos
- ¿Cómo afecta a los niños en su salud mental al educarlos con gritos?
- 8 secuelas que no son favorables para los niños si se les educa con gritos
- ¿Y qué podemos hacer los padres para evitar gritar a los hijos?
El estrés del día a día, el cansancio por los madrugones, nuestra propia autoexigencia... Y de repente, tu hijo se pone a llorar, no te hace caso en una de las cosas que le has pedido, no se quiere comer la cena y acabas gritándole. A veces, a los padres se nos escapa algún chillido (y no por eso somos peores padres). Sin embargo, debemos conocer estas 8 fatales consecuencias de educar con gritos a los niños que no nos llevan a conseguir nada.
¿Cómo afecta a los niños en su salud mental al educarlos con gritos?
Educar con gritos a los hijos tiene consecuencias profundas en ellos, por ejemplo, no aprende ni corrige su conducta, sino que se siente bloqueado emocionalmente e incluso temeroso y muchas veces confundido. Es bien sabido que los gritos no educan y no enseñan respeto ni valores, sino todo lo contrario: transmiten rechazo, frustración y desconexión emocional con los padres.
Aunque quien educa crea que está dando una lección, el mensaje que realmente recibe el pequeño es 'no valgo', 'no me comprenden' o 'no soy suficiente'. Además, la salud mental del niño puede verse muy afectada por la ansiedad, la tristeza persistente, la baja autoestima y hasta los conflictos emocionales con la figura paterna o materna son solo algunas de las posibles secuelas.
Los gritos en la crianza representan un modelo de comunicación que hace que el niño aprenda desde el miedo, ya que los gritos no educan, sino que transmiten violencia emocional y debilitan poco a poco el vínculo entre padres e hijos. En lugar de gritar, es mejor recurrir a los límites claros y el refuerzo positivo, porque si lo hacemos con gritos, les enseñamos a los niños a gritar también.
En comunicación hay un principio básico que dice: 'No se puede no comunicar'. Siempre estamos comunicando, tanto si hablamos como si no lo hacemos. Por ello, es importante que cuidemos nuestras palabras a la hora de comunicarnos con nuestros hijos, pero también cuando estamos en casa o en el trabajo. Sin decir nada, estamos diciendo mucho.
8 secuelas que no son favorables para los niños si se les educa con gritos
Para lograr una buena comunicación debemos tener en cuenta que, en una comunicación altamente emocional, es decir, teniendo en cuenta la actitud y los sentimientos, solo el 7 por ciento de dicha comunicación son las palabras, el resto, se queda en el lenguaje no verbal. Este principio tiene su origen en 1967 con el psicólogo Albert Mehrabian, conocido por su trabajo en ese campo.
Dicho esto, ¿qué ocurre cuando gritamos a los hijos? ¿Crees que escucha lo que le dices o se quedan bloqueados por el alto tono que estás utilizando? Mehrabian añadió que del 93 por ciento que resta, el 38 por ciento corresponde a la voz (proyección, entonación, tono, resonancia…) y el 55 por ciento al lenguaje corporal como son los gestos, movimiento de ojos, de manos, posturas…
Lo anterior, da lugar a la regla 7-38-55 por ciento que hoy en día, seguimos utilizando. Por lo tanto, educar con gritos, además, priva a nuestros hijos de muchos aprendizajes, entre ellos:
- No aprenden mediante el ejemplo qué es el respeto.
- No les proporcionamos educación saludable para el bienestar familiar y personal.
- Si les gritamos, no les enseñamos cómo relacionarse favorablemente con otros niños o adultos.
- No conseguimos mantener una buena relación padre-hijo, madre-hijo, o relación familiar conjunta.
- No aprenden a autogestionar las emociones, sobretodo, manteniendo el autocontrol.
- Puede provocar miedo en el niño, o incluso crearle un conflicto interior ante la imagen o sentimientos, que hasta ese momento tenía de su padre o de su madre.
- No les estamos mostrando nada positivo para su desarrollo y aprendizaje.
- Y lo más importante, estamos dejando de ser esos padres amorosos que queremos utilizar el lenguaje positivo como primer recurso para la vida futura de ellos.
¿Y qué podemos hacer los padres para evitar gritar a los hijos?
En definitiva, educar sin gritos nos llevará a conseguir más de lo que queremos que cuando empleamos el grito para conseguirlo. Y para ello, te quiero contar que hay otras herramientas y prácticas que puedes poner en práctica si lo que deseas es una educación en valores, positiva y altamente efectiva:
- Gestión de límites
Los límites son la mejor forma de educar a nuestros hijos. Si no los tienes revisa por qué no los pones, ya que será una cuestión más tuya que del propio niño (cargo de conciencia, culpabilidad, miedo al enfrentamiento, que no deje de quererme…). - Refuerzo positivo
Utiliza un lenguaje que lo empodere y sienta que lo entiendes. Y por supuesto, acompáñales de buena entonación, gesticulación y cuidado en tu estado corporal. - Poner normas
¿Te imaginas una convivencia sin normas? Donde cada uno hiciera lo que quisiera sin respetar al otro… Yo no…
- Comunicación Positiva
Esto quiere decir, que siempre hay un lado positivo de las circunstancias, situaciones o conversaciones, ayuda a tu hijo o hija a reconocerlo. - Practica la empatía
Recuerda siempre, que los niños cuando se enfadan tienen una INTENCIÓN POSITIVA. Trata de averiguar cuál es, porque en muchos casos es falta de atención y cariño (y debes estar atenta para reconocer los síntomas de la falta de afecto). - Aléjate o evita los castigos
En mi opinión, no los recomiendo en ningún caso, soy más partidaria de hablar y negociar para llegar a un punto en común de acuerdo. - Sé amoroso o amorosa en cualquiera de las circunstancias
Siempre da mucho amor a tus hijos ya que es un ingrediente necesario para lograr un buen crecimiento afectivo.
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Bibliografía
- Sunde, S. (n.D.) Guía de control de la ira para padres. Bufetat/Littsint (ed.) Noruega, pp. 1-12, Disponible en: https://www.littsint.no/downloads/Gu%C3%ADa_de_control_de_la_ira_para_padres.pdf