Cuento de otoño para niños. La castañera

Un cuento para leer a los niños en otoño

Érase una vez una castañera que se llamaba Tana y era muy buena. Los niños la querían mucho porque cuando no tenían dinero, la castañera les regalaba castañas y porque sabía explicar unos cuentos estupendos. Cuando Tana les narraba un cuento, ellos cerraban los ojos y todo parrecía de verdad.

El cuento de La castañera para niños

Cuentos para niños. La castañera.

Tana esperaba con alegría la llegada del otoño, cuando las hojas de los árboles se vuelven de color oro, el viento sopla fuere y las hojas bailan alocadas en los campos. Entonces tana se vestía de castañera: con falda acampanada, blusa ajustada y pañuelo en la cabeza. Se sentaba en su silla y comenza a asar castañas.

Las asaba lentamente dejando un delicioso olor a su alredecor.

- Castañas, castañas asadas - vociferaba Tana

Al anochecer cuando el frío comenzaba a ser más intenso volvía a su casa, y preparaba las castañas para el día siguiente. 

Tana esperaba con impaciencia el Día de Todos los Santos porque en esas fechas vendía muchísimas castañas, pero unos días antes de la fiesta una señora extraña y con cara de enfadada entró en la casa de Tana. Era otra castañera, una señora triste y malhumorada que tenía envidia de Tana porque a ella los niños no le compraban castañas ni le ofrecían sus sonrisas. La castañera le robó todas las castañas a Tana y se marchó corriendo.

Tana estaba muy triste, lloró y lloró hasta que se quedó dormida. Al día siguiente, los niños camino a la escuela fueron a comprar castañas, y al no ver a Tana, fueron corriendo a su casa. La encontraron llorando y muerta de frío. Al enterarse sobre lo que había pasado, rompieron sus huchas, juntaron el dinero y le copraron un saco entero de castañas.

Ella emocionada les decía - Sois los niños más maravillosos del mundo-.

Mientras tanto, la castañera envidiosa asaba las castañas robadas, que comenzaron a saltar y a explotar haciendo un ruido horroroso.

- Esto es un castigo por haber asado las castañas y haber tenido envidia-, se dijo y fue a pedir perdón a Tana, que la perdonó y desde entonces fueron buenas amigas. Los niños decicideron entonces comprar también a ella las castañas y compartir sus sonrisas y desde entonces nunca estuvo triste.

FIN