La culebra Debra. Un cuento infantil sobre el placer de leer

Cuentos cortos para incentivar a la lectura a los niños

Marisa Alonso Santamaría

Lograr que los niños se apasionen por la lectura es uno de los retos que tenemos los padres. ¿Qué te parece hacerlo a través de lo que le ocurre a La Culebra Debra? Un bonito cuento infantil sobre el placer de leer.

Este cuento corto para niños narra la historia de una culebra que aprende a leer para poder sentirse un poquito más feliz cada día. Un original relato para leer con nuestros hijos.

Cuento infantil sobre el placer de leer: La culebra Debra

Cuento infantil para incentivar a leer a los niños

A los pies de una roca, la culebra Debra tomaba el sol medio adormilada y encantada de la vida. Escuchó voces y vio pasar a lo lejos, por un camino de tierra, corretear a unos niños con unas pesadas mochilas y observó que, a uno de ellos, se le cayó algo al suelo.

Debra que era muy glotona, reptando se dirigió hasta allí y, sin mirar siquiera de qué se trataba lo engulló de un solo bocado. Cuando llegó la noche tenía un dolor de tripa insoportable y empezó a retorcerse y a vomitar poco a poco lo que había tragado.

Salió de su boca una gran bola de papel con letras de tinta de colores, lo miró muy extrañada, lo estiró todo lo que pudo aplastándolo con su cuerpo en el suelo y se quedó dormida por tanto esfuerzo. Esa noche soñó una bonita historia y, a la mañana siguiente, despertó de muy buen humor sin saber el motivo. 

A media tarde pasaron por allí dos ancianos charlando amigablemente, uno de ellos, arrastró con su bastón el pequeño libro arrugado intentando estirarlo más y, sin reparar en la presencia de la culebra, gritó al otro un poco sordo: «El planeta de Halacer» debe ser un viejo cuento y,  dejando el libro en el suelo siguieron su camino.

La curiosidad por saber qué decía ese cuento hizo que la culebra Debra guardara el libro en el tronco de un árbol y decidiera ir a las clases que, según oyó decir a una lechuza, daba un conejo sabio para enseñar a leer a los animales del bosque.

Debra se acercaba cada día al tronco, sacaba el libro de su escondrijo, pasaba cuidadosamente las hojas con su lengua y lo miraba con curiosidad. Poco a poco fue aprendiendo las letras, luego las palabras, después aprendió a formar las oraciones y, las ganas que tenía de leer ese cuento eran tantas que, un día casi sin darse cuenta, empezó a entender lo que ponía en el cuento que se tragó y, le gustó tanto, tanto la historia que leyó que fue la culebra más feliz del mundo.

Debra aprendió la lección de no engullir todo sin pensar en las consecuencias y, además, gracias a su curiosidad aprendió a leer descubriendo  qué decía ese bonito cuento y, muchos otros, que luego contaría a todos sus amigos del bosque.