Las emociones de los niños y las niñas que sufren abusos sexuales

¿Crees que tu hijo te contaría que está siendo víctima de un episodio de abusos?

Amaia G. Garay, Terapia Emocional y Mindfulness
En este artículo
  1. Cuando el amor no es suficiente para prevenir los abusos sexuales a los niños
  2. El miedo de un niño al caer en el 'hechizo' de los abusos sexuales
  3. Qué siente un niño que sufre abusos sexuales

El abuso sexual infantil tiene consecuencias a corto y largo plazo para el desarrollo del niño. Y es que sus emociones evolucionarán según lo que esté pasando. ¿Qué pasa por la cabeza de un niño que está siendo víctima de abusos? ¿Cuáles y cómo son las emociones de un niño o niña que sufre abusos sexuales

Cuando el amor no es suficiente para prevenir los abusos sexuales a los niños

abusos sexuales en niños

Cuando nacemos no somos más que un papel en blanco que vamos escribiendo desde el primer minuto de vida, aunque hay teorías que afirman que en nuestra vida intrauterina ya somos influenciados por el entorno de nuestra madre.

Somos puros, sin juicios ni prejuicios, por lo tanto vulnerables. A medida que la vida va avanzando nos llenamos de experiencias que van forjando la personalidad con la que llegamos. Los padres y madres son nuestros primeros modelos y ellos son quienes nos irán implantando gran parte de nuestros valores y nos ayudarán a ir creando una concepción del mundo, pero desde su visión del mismo para después ir  modificándola o  afianzándola.

Cuando crecemos con un apoyo emocional fuerte, que nos acompaña en cada paso que vamos dando, evolucionamos de una forma 'normal'. Seremos libres para ir experimentando con nuestro entorno, lo que nos llevará a ir movilizando nuestro cuerpo para poder gatear y de ahí andar. Empezaremos a balbucear nuestros primeros sonidos que se convertirán en palabras. Éstas nos irán dando confianza en nosotros mismos y después llegará el control de esfínteres, la relación con nuestro entorno y el resto del mundo.

Si todo sigue su transcurso normal, creceremos siendo unos niños, y posteriormente adultos, fuertes, con una buena autoestima y unas relaciones interpersonales sanas. Pero… ¿qué pasa si en esta línea temporal de nuestro desarrollo somos brutalmente invadidos por actos de los cuales no sabemos ni su significado?

Vivimos en una sociedad en la cual hay tanta información como desinformación en cuanto a abusos sexuales se refiere. Sabemos que existen, pero como sabemos que existe el aire y no podemos verlo, y creemos ciegamente que es algo que está lejos de alcanzarnos. También pensamos que dando amor a nuestros hijos e hijas será suficiente para que, si llega el caso, nuestros pequeños y pequeñas nos lo cuenten. Pero la verdad, es que eso está muy lejos de la realidad.

El miedo de un niño al caer en el 'hechizo' de los abusos sexuales

miedo del niño que sufre abusos sexuales

Antes de explicar esta premisa haré mención a una definición sobre abusos sexuales, de Perronte y Nannini (1997), recogida por la Asociación de Enfermería, donde denominan el abuso sexual como una relación de  'hechizo' que incluye situaciones en las que un individuo ejerce una influencia exagerada y abusiva sobre otro, sin que este segundo sea consciente de ello. A mí me gusta explicarlo como la tela de araña que se crea para atrapar a sus presas, que no la ven hasta que ya están en ella y tras esto, salir airoso no es una opción.

Frecuentemente el abusador forma parte del círculo cercano y de confianza del niño o niña, bien como parte de la familia o amigos, lo que hace que el acceso a estos peques sea fácil al igual que la intimidación o convencimiento para que no diga nada, normalmente a través del miedo.

Según la RAE, el miedo es la sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario, o el sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea.

Esta definición está muy bien cuando somos adultos con capacidad de raciocinio y de identificar sensaciones en nuestro cuerpo. Ahora bien, pensemos en que hablamos de niños y niñas que no son capaces de poner en palabras muchas sensaciones y que las emociones abstractas les son complicadas de entender. Y es que el miedo es algo irracional, que no se controla.

Pongamos un ejemplo: imaginemos que a nuestro peque le sucede algo y tenemos que llevarle al hospital, queda ingresado y los médicos no saben decirnos qué le sucede o cuál puede ser su evolución. En ese momento nos invade un miedo que a muchos puede paralizar. Nos crea impotencia y en muchos casos entras en un estado de stand by donde ni sientes ni padeces. En ese estado nos cuesta bastante ser capaces de razonar, relativizar e, incluso, a veces de llorar o mantener conversaciones coherentes.

Qué siente un niño que sufre abusos sexuales

abusos sexuales

Entonces… si nosotros como adultos podemos llegar a ser paralizados por el miedo, ¿un niño o niña con miedo? ¿Nos contaría lo que le ha sucedido? ¿Acaso sabe lo que le ha pasado? Poniéndonos ya en situación, seguro que nos es mucho más fácil ver que la opción de 'mi hijo o hija me lo contaría' no es algo muy real.

En la mayoría de los casos el miedo se mezcla con la sensación de culpa: 'Esto me ha pasado porque yo he hecho algo'. Y pensareis, ¿qué culpa va a tener un niño? Pues ninguna, indudablemente. Pero lo pensamos desde una conciencia adulta. Su mundo es mucho más complejo por la sencillez, vulnerabilidad e  indefensión del mismo.

Partimos de la base de que no saben muy bien qué ha sucedido debido a su inmadurez psicosexual. Solo sienten que no les ha gustado, que tienen miedo de hablar por las probables amenazas que su abusador les ha inculcado y también por el miedo al rechazo por parte de su familia y amigos al pensar que él o ella ha tenido algo que ver. ¡Acaban de romper su pequeño mundo y se encuentran sin muchas herramientas para arreglarlo y con una inseguridad brutal!

Por eso, y como explican en el informe 'Atención, abuso sexual infantil', elaborado por la Consejería de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, hay que evitar que los mitos y las falsas creencias como 'son poco frecuentes', 'solo los sufren las niñas', 'quienes cometen los abusos están locos', 'solo se dan en circunstancias especiales', 'los niños no dicen la verdad', 'los niños pueden evitarlos' o 'los agresores son casi siempre desconocidos', porque pueden afectar al diagnóstico.

Además, si el abuso es entre los miembros más cercanos, lo que consideramos el núcleo familiar, uno de los daños más importantes se encontrará en el concepto de afecto y cuidado, ya que este pasará a ser sexualizado y considerado como una relación normal.

La distorsión de la realidad frente a las relaciones interpersonales es algo que tras un abuso sexual se ve afectado, hasta que el niño o niña lo cuenta en algún momento de su vida y se supera a través de un trabajo personal, acompañado la mayoría de las veces por un profesional.

Es importante que nos quedemos con que las dos emociones más importantes que va a sentir el niño o niña que sufre abusos sexuales son el miedo y la culpa porque estas serán las bases de muchas de las consecuencias que podremos notar en sus cambios de comportamiento respecto a su relación con el mundo exterior y con el concepto de identidad sobre su persona.

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