Emociones de los niños consideradas negativas pero que son necesarias

Algunas emociones infantiles son desagradables (ira, tristeza, miedo...) pero todas son adaptativas

Tristeza, alegría, miedo, asco, enfado... todas estas emociones nos pertenecen y todas, de una u otra forma, aparecen en nuestro día a día y por supuesto en nuestros hijos e hijas. Algunas de ellas son emociones desagradables, pues no nos sentimos satisfechos ni cómodos sintiéndolas. Por ello a menudo las llamamos emociones negativas, si bien son muy necesarias pues, como vamos a mostrar a continuación, todas ellas tienen un motivo detrás y, por tanto, debemos validarlas cuando los niños las sienten.

¿Hay emociones negativas? Educación emocional para niños

Las emociones negativas de los niños

Una emoción es la respuesta neuro psicofisiológica que aparece ante un estímulo, es decir, nuestro cuerpo responde ante las situaciones que acontecen en nuestra vida. Por ejemplo, cuando un niño pierde su muñeco de apego, es muy probable que aparezca la tristeza, ya que esta nos avisa de la desazón o nostalgia por algo perdido; o cuando nuestros pequeños hacen fila para salir del aula del colegio y un compañero se 'cuela', es normal que aparezca el enfado, el cual se manifiesta cuando consideramos que algo es injusto o que han quebrantado nuestros derechos y no nos hemos sentido respetados.

El maravilloso mundo de las emociones nos da muchas oportunidades para conocernos, para tomar conciencia de lo que sentimos, y es por ello que debemos validar todas y cada una de las emociones que los niños y niñas (o nosotros mismos) sienten.

En ocasiones, hay emociones consideradas más desagradables, que se manifiestan de una manera incómoda, que generan malestar, pero que de la misma forma que el resto de las emociones, son adaptativas, es decir, nos permiten saber qué genera un estímulo u otro en nosotros. Por ello, lejos de ser emociones negativas (como las solemos llamar, de forma errónea), son emociones necesarias.

Cuando nuestros hijos e hijas lloran, en muchas ocasiones evitamos ese llanto, lo anulamos y permitimos poco, quizá por aliviar su sufrimiento, de la misma manera ocurre con la manifestación de la ira o la angustia. Permitir a nuestros hijos e hijas esas emociones, permitírselo a nuestro alumnado, es sano, es realmente auténtico; en estos casos lo que es emocionalmente inteligente hacer es, enseñarles a gestionarlas.

Emociones consideradas desagradables pero necesarias

Algunas emociones desagradables pero necesarias en niños

Vamos ahora a hacer un repaso por las emociones consideradas negativas pero que son muy necesarias. Todas ellas son emociones habituales en los niños, por lo que es importante conocerlas para saber qué hacer con ellas.

La ira - Enseñar a los niños a gestionar la rabia

La ira es la emoción que aparece cuando lo ocurrido es contrario a los intereses personales y, además, se considera que se podía haber evitado si alguien hubiera actuado de una u otra manera. La ira aparece de forma muy rápida y es capaz de dominar el cuerpo y la mente de los niños y los adultos provocando acciones que, en muchas ocasiones, realmente no se quieren hacer.

Cuando la ira vence al cuerpo y hay que darse cuenta rápidamente, para no dejar que se apodere, hay que enseñar a los niños a parar lo antes posible y respirar... Por supuesto, aceptar esa emoción por el hecho ocurrido, pero también trabajar en la conciencia de que pegar, gritar o dar patadas, que son muchas veces los efectos de la ira, agravan más la situación.

La tristeza - Una emoción desagradable pero necesaria

La tristeza puede dejar el cuerpo con poca energía, se puede perder el apetito, las fuerzas, el deseo... Estas manifestaciones pueden aparecer ante la pérdida de algo o alguien valioso. Esta emoción, de la misma forma que todas las demás, debe ser validada; nuestros niños, nuestro alumnado necesitan saber que los adultos que están a su alrededor dan por buena esa emoción y se les permite llorar y echar de menos.

La tristeza nos prepara para ese duelo, para superar esa pérdida, ya sea de un ser querido o de un objeto valioso. Lo adecuado en estos casos es preparar o elaborar una despedida, desde el agradecimiento de haber tenido a esa persona cerca. En el caso de la pérdida de un ser querido, podemos hacer una carta o dibujo de despedida con los niños, ya que ayuda a cerrar, y por supuesto seguir hablando y recordando a esa persona cuando se quiera.

[Leer +: Cuento sobre la tristeza de los niños]

La tristeza y la ira de los niños

El miedo - Cómo ayudar a los niños cuando sienten esta emoción

El miedo es lo que se siente cuando se cree que se va a sufrir algún daño, ya sea provocado por algo o alguien. Además, el miedo es una emoción evolutiva, ya que según la edad se pueden tener miedo a unas u otras cosas.

Evitar de forma continua situaciones de miedo no ayuda a mejorar la capacidad de superación de los niños. Tampoco es adecuado la exposición forzosa, sino de forma paulatina, respetuosa y acompañada cuando aparezca la ocasión.

El miedo tiene dos posibles respuestas, una es el bloqueo, por lo que si nuestro hijo tiene un miedo atroz a los payasos no le exijamos hacerse una foto con uno; y otra respuesta de la emoción del miedo, es la huida. Ambas respuestas buscan la supervivencia. De la misma manera, aceptar los miedos de mi hija o hijo o de mi alumnado y no hacerles inferiores, ayuda en su autoconocimiento.

Nunca debes bloquear las emociones de tus hijos

Educación emocional para tus hijos

En resumen, es importante no bloquear las emociones que sienten nuestros hijos, por mucho que se suelan considerar desagradables. Por el contrario, debemos darles un espacio consciente de manifestación, sin herir ni hacer daño a nadie, poder expresarlas y compartirlas. Por lo tanto, debemos tener en cuenta los siguientes puntos relacionados con la educación emocional de nuestros hijos.

- Aceptar que el sentirse con malestar no es algo negativo.

- Valorar y conocer el motivo por el que aparecieron.

- Trabajar previamente y de forma rutinaria la respiración como técnica de regulación emocional y así evitar que la emoción negativa domine en exceso, lo que en educación emocional llamamos secuestro amigdalar.

- Y por último dar una respuesta a esa emoción, buscando posibles soluciones o alternativas, es decir, que aparezca la acción y la responsabilidad.

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