8 señales de que los niños deben descansar de las clases extraescolares

Te decimos cómo saber si un niño necesita un tiempo fuera de su extraescolar y por qué

Fabiola Hernández Pérez, Periodista y editora
En este artículo
  1. Por qué las extraescolares pueden saturar (y hasta fastidiar) a un niño
  2. 8 signos de que un niño necesita tiempo fuera de sus clases extras
  3. Qué hacer cuando las extraescolares interfieren en el descanso del niño
  4. 7 cuidados para evitar el exceso en las actividades extraescolares

Las actividades extraescolares suelen ser una gran ayuda para muchas familias, ya que para algunos padres y madres son una alternativa necesaria, más si se trabaja por las tardes y no hay con quién dejar a los hijos. Por eso, una extraescolar (o varias) permite conciliar y mantener una rutina activa para ambos, a la vez que se convierten en un complemento valioso, debido a que pueden elegir entre deportes, música, idiomas o, pintura hasta robótica… todo suma. Pero ¿qué pasa cuando hay sobrecarga? Aquí, 8 señales de que los niños deben descansar de las clases extraescolares.

Por qué las extraescolares pueden saturar (y hasta fastidiar) a un niño

Los niños necesitan descansar de sus extracurriculares

Usualmente los pequeños van a sus extracurriculares con gusto. El problema aparece cuando su calendario se convierte en una agenda propia de un adulto. Hay peques que llegan a casa con un nivel de estrés tan alto que no duermen bien o se la viven 'corriendo', sin espacio para bajar revoluciones. En esos casos, hay que detenerse y pensar si el niño necesita descanso.

Aunque una actividad sea 'buena', la suma de muchas en muy poco tiempo puede convertirse en una carga. Cada cambio de lugar, cada horario, cada exigencia de cada una de las actividades, consume energía mental y emocional. Y si tu pequeño es sensible, introvertido o está en una etapa de crecimiento, toda esa carga se nota aún más porque termina el día cansado o irritable.

Hemos de tener presente que los niños necesitan tres pilares para estar bien: sueño suficiente y de calidad, juego libre y tiempo familiar o tiempo de 'no hacer nada' con sus familia para regular sus emociones. Que ojo: ese 'tiempo en blanco' NO es perder el tiempo, sino que es el momento en el que el cuerpo se recupera y el cerebro reorganiza lo aprendido, se calma y vuelve a comenzar.

Por eso, cuando las extraescolares ocupan toda la tarde, estos pilares se recortan. Y por ahí aparece el costo tarde que temprano: cansancio, irritabilidad, estrés, ansiedad o bajón del rendimiento escolar. Que no es porque la actividad sea mala, sino porque falta equilibrio y queremos que abarque de más. A veces, el mejor regalo para un niño es jugar, aburrirse un rato y dormir.

8 signos de que un niño necesita tiempo fuera de sus clases extras

Tiempo fuera de las extraescolares

A veces los niños no dicen 'estoy saturado', pero su cuerpo lo grita. Si notas cansancio, irritabilidad o que ya no disfrutan lo que antes les gustaba, entonces es momento de bajar el ritmo. Aquí, las señales que te ayudarán a saber cuándo conviene hacer una pausa y no hace falta que aparezcan todas: a veces con 3–4 señales repetidas ya es suficiente para que te replantees los horarios.

  1. Problemas de sueño. Si tu hijo tarda mucho en dormirse o se levanta 'como si no hubiera descansado', es una alerta. El exceso de actividad puede mantener el cuerpo en 'modo alerta', aunque el niño esté agotado.
  2. Irritabilidad y cambios de humor o de alimentación. El pequeño presenta rabietas más intensas, respuestas agresivas o una 'sensibilidad a flor de piel'. También hay pérdida de apetito, comer por ansiedad o picar todo el tiempo.
  3. Dolores físicos recurrentes. Dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas, tensión muscular o molestias que aparecen sobre todo antes de salir a la actividad. Cuando el estrés se acumula, el cuerpo lo expresa.
  4. Falta de disfrute en lo que antes le gustaba. Frases como 'me da igual', 'qué flojera', '¿y si no voy?', 'ya no me gusta' o el niño que va sin ganas y apático. A veces no es que no le guste la actividad, sino que no tiene energía.
  5. Bajón en el rendimiento escolar o en la atención. Si le cuesta concentrarse, olvida tareas, se distrae más o baja su rendimiento, puede estar faltándole descanso. Ojo a los comentarios de 'no puedo' o 'todos pueden menos yo'.
  6. Aumento de ansiedad. Son niños que se anticipan a todo, que se angustian con errores pequeños o que muestran miedo a fallar. También, el niño vive la semana con sensación de 'obligación'. ('tengo que ir', 'tengo que hacer').
  7. Fatiga constante. Bosteza mucho, está 'apagado', no tiene energía para jugar o parece que todo le cuesta. Ojo: el cansancio no siempre se nota como sueño; a veces se traduce como hiperactividad o irritabilidad.
  8. Menos tiempo para juego libre. Cuando el niño ya no juega 'porque sí', no inventa, no dibuja, no construye, no se aburre (y el aburrimiento sano es importante), es señal de que su agenda no le deja respirar.

Qué hacer cuando las extraescolares interfieren en el descanso del niño

Extraescolares de los niños

Cuando las extraescolares empiezan a interferir en el descanso, el juego libre y la vida familiar del niño, entonces él vive con prisas y estrés. Suele notarse si hay actividad casi todos los días, si algunas tardes se alargan demasiado y si al llegar a casa todavía queda 'la segunda jornada'. Otra señal típica es que el niño se acuesta tarde o necesita pantallas para 'apagar' el cuerpo.

Si entre semana no hay tiempo real para jugar libremente y el fin de semana se usa solo para 'recuperar' o para sumar más actividades, el equilibrio se rompe y el cansancio del pequeño se acumula. Si la rutina de tu hijo se parece a esto, no significa que lo estés haciendo mal, ya que muchas familias lo viven así por trabajo, logística o por querer dar oportunidades a los niños.

Simplemente toca ajustar algo como la cantidad de clases, horarios, intensidad o el tipo de extraescolar. Siempre básate en calidad sobre cantidad porque una extraescolar bien elegida y con un horario amable puede ser un regalo, mientras que cinco actividades a la semana pueden convertirse en una carga. La pregunta es si esa actividad le aporta algo real y si le deja energía.

El objetivo de una extraescolar es que el niño crezca con bienestar, descanso y tiempo para jugar. Y para lograr ese equilibrio, suele funcionar dejar al menos dos tardes libres a la semana, cuidar que las actividades no terminen demasiado tarde y elegir una actividad principal por temporada. A veces, el mejor plan extraescolar es el más sencillo: menos clases, más calma y más juego libre.

7 cuidados para evitar el exceso en las actividades extraescolares

Cuidar el exceso de extraescolares

El primer paso para evitar la sobrecarga es elegir las extraescolares con el niño: escúchalo y deja que su opinión pese, aunque no pueda decidir todo. Además, cuida el 'tiempo de transición' entre la escuela y la actividad, quizá puedan hacer una merienda tranquila o tener 10 minutos de juego, esto ayuda a que no pase de una exigencia a otra sin pausa, porque eso le agota muchísimo.

Si hay algo intocable, es el sueño. Un niño descansado tolera mejor la frustración y está de mejor humor, por eso conviene no usar las extraescolares como 'premio' o 'castigo', ya que la actividad no debe convertirse en moneda de control, sino en espacio sano. Y ojo con hacer comparaciones: cada niño tiene su ritmo, y el tiempo para descansar construye habilidades esenciales.

Procura dejar espacio para el aburrimiento sano, porque de ahí nace la creatividad, además, observa el cuerpo y la conducta porque los niños no siempre dicen 'estoy estresado', sino que lo muestran con irritabilidad, llanto, dolores o problemas de sueño. Un calendario con días libres marcados ayuda mucho, y en épocas sensibles suele funcionar la regla de que menos es más.

Si decides reducir, haz el cambio sin conflicto: explícalo simple y plantea una transición realista al mantener solo la actividad favorita, pausar un mes y reevaluar. Y si la conciliación te preocupa, busca alternativas prácticas, al final, las extraescolares no son 'buenas' o 'malas', sino una herramienta, y el objetivo es que el niño descanse y juegue para que aprenda mejor y disfrute más.

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