El juego del ‘Soy tú’ para que los niños aprendan qué es la empatía

Por qué es tan importante que los niños aprendan este valor y que les aporta para su día a día y para su futuro

Sandra Llorente

Enseñar a los niños a tener empatía es uno de los regalos afectivos más bonitos que podemos ofrecerles. La empatía es una poderosa habilidad emocional que permite a quien la posee ser más feliz y tener la capacidad de comprender mejor el mundo que le rodea y relacionarse de manera sana y respetuosa con los que están a su alrededor. ¿Sabes que podemos transmitirles este valor de manera muy dinámica, amena y divertida? Te contamos qué es y en qué consiste el juego del ‘Soy tú’ para que los niños aprendan a empatizar con el otro.

La importancia de enseñar a los niños el valor de la empatía

el valor de la empatía

Constantemente estamos viviendo interacciones sociales, no solo los adultos, los niños también. Con mamá, papá, la abuela, el hermano, la prima, la vecina, los amigos de la escuela... La mayor parte del tiempo nuestros hijos e hijas interactúan con otros. El cómo lo hagan, si bien o mal o si sus relaciones le aportan felicidad o frustración dependerá mucho de su capacidad de empatizar con su entorno.

Sin empatía, los niños carecen de habilidades sociales y eso dificulta mucho su bienestar emocional, su autoestima y su vida. De hecho, los niños que carecen de empatía y no la desarrollan hasta su vida adulta pueden llegar a padecer algún trastorno de la personalidad. Por ello, ayudar a los más pequeños a desarrollar esta capacidad es hacerles un regalo inmenso el resto de su vida.

Pero antes de conocer cómo ayudar a que los niños empaticen con otros, debemos preguntarnos, ¿sabemos lo que es la empatía? La empatía se define como la capacidad que tiene una persona en ponerse en el lugar del otro. En realidad, muchas veces se confunde con la capacidad de sentir lo que sienten otros, algo que si lográramos hacer podría incluso volvernos locos.

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Entender lo que el otro puede sentir o siente no es sentirlo en tu propia piel, pero te da la oportunidad de poder actuar en consecuencia. Así, si el pequeño Tom puede comprender por qué Leticia se frustra tanto cuando este le quita la pelota, quizás Tom pueda proponer a su amiga un juego con el que ambos se sientan mejor, sin que ninguno de ellos pierda la oportunidad de jugar a la pelota.

La empatía es una gran habilidad social. Se sabe que las personas que tienen un nivel alto de empatía son mucho más exitosas, tienen siempre amigos a su alrededor, tienen mayores capacidades de liderazgo, suelen motivarse más fácilmente, saben comunicarse en sus relaciones, tienen capacidades de persuasión y, además de todas las ventajas personales, son capaces de hacer sentir a los demás mucho mejor. En general, la empatía permite a cualquier persona ser más feliz y sentirse mejor con una misma.

Cómo aprenden los niños a empatizar con los demás

el valor de la empatía

Antes de aprender herramientas para ayudar a los niños a empatizar con el otro, es importante tener en cuenta que la empatía en los niños no es igual que en los adultos. El aprendizaje empático y social es gradual. Cuando son bebés, el instinto de supervivencia es demasiado poderoso como para empatizar con los demás, aunque parece que en el vínculo con la madre se han observado rasgos de empatía.

A medida que van creciendo, van comprendiendo que los demás tienen sentimientos y necesidades, y empiezan a darse cuenta de que los demás viven su vida con la misma intensidad que ellos. Se estima que entre los 10 y 12 años los niños ya son capaces de empatizar con las personas, ponerse en el lugar de otros, comprender más fácilmente sus emociones y empezar a pensar en soluciones para interactuar en consecuencia.

Según se explica en el informe 'Empatía. El arte de comprender emociones', realizado por la Universidad Fundación de las Las Palmas, la actitud y la educación emocional de los padres es fundamental para que un niño desarrolle empatía. Si ayudamos a los más pequeños a obtener valores que les permitan ser más empáticos, les será mucho más fácil lograr esta habilidad social, lo que les servirá tanto en su presente como en su futuro. Hay varias herramientas con las que podemos fomentar la empatía en los más pequeños:

- Comunicación
Desarrollar una buena comunicación con los pequeños pasa por nosotros mismos. ¿Cómo nos comunicamos con ellos? Cuánto mejor nos comuniquemos, mejor será su desarrollo social y, por lo tanto, su capacidad de empatizar. Si aprendemos a expresarles nuestras emociones de manera calmada, su capacidad de empatía se desarrollará mucho más rápido.

- Juegos grupales
Son esenciales para el aprendizaje de la empatía y pueden hacerse en casa a nivel familiar o en grupos más grandes en la escuela. Además, como ya sabes, el juego es la mejor manera de aprender ¡cualquier cosa!

- Charlas
Tanto grupales como personales. Una buena conversación sobre algún aspecto en el que sea necesaria la empatía ayuda a los niños a comprender mejor el mundo que les rodea.

- Recursos lúdicos
Fichas, ejercicios, libros... Cualquier recurso que ayude a comprender las emociones propias y de los demás es fundamental para desarrollar la empatía.

Paso a paso del juego del ‘Soy tú’ para que los niños aprendan a empatizar con el otro

el juego de soy yo

Es un juego maravilloso que favorece la capacidad de ponerse en el lugar del otro y tiene una ventaja: toda la familia lo puede jugar. No importa la edad, aunque en casa haya niños muy pequeños, también pueden aprender con este divertido juego.

- Pueden jugar desde dos personas a todas las que haya. La idea es poder ponerse en el lugar de otra persona, alguien conocido (la abuela, el tío, la amiga Berta....) o alguien que realice un bien social (un bombero, doctora, barrendero...).

- Haz tarjetas con los nombres de las personas o sus ocupaciones y después crea otras tarjetas con situaciones y acciones (en la fila del mercado, haciendo la colada, en el consultorio médico...).

- El participante deberá tomar una tarjeta de cada (de personaje y de situación) y recrear alguna escena poniéndose en el lugar de la persona que le ha tocado. Lo ideal es tener una caja con diademas, gafas y todo lo que se te ocurra para poder disfrazarse del personaje que toque.

Una variante muy divertida es recrear la escena con un personaje de contrapartida. Por ejemplo, si al hijo le ha tocado ser papá y la hora del baño, otro miembro familiar (que no sea papá) puede hacer de hijo cuando no quiere tomar el baño. Es algo muy divertido y ambos pueden llegar a comprender al otro en cada situación. Después del juego se pueden comentar las situaciones que se han escenificado en un ambiente relajado, por ejemplo, comiendo palomitas. ¿Qué crees que pasará en ese momento de coloquio? ¡Qué intriga!

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