Cómo cambia el ombligo de la mujer en el embarazo y cuándo preocuparse

Los cambios de ombligo podrían deberse a una diástasis o hernia umbilical

Sara Cañamero de León

El cuerpo de la mujer en el embarazo cambia por semanas. Un buen día la embarazada descubre que en su tripa hay algo diferente: su ombligo ha salido hacia fuera y está más abultado, algo que se considera una característica normal, como puede ser también la línea alba o el cloasma (manchas en la cara). Pero, ¿por qué cambia el ombligo de la mujer embarazada? ¿Se puede evitar? ¿Cuándo estas variaciones pueden ser preocupantes? 

Los cambios en el ombligo de la mujer en el embarazo

cambio del ombligo de la mujer en el embarazo

El crecimiento del útero, el bebé, la distensión y la separación de los rectos abdominales para que pueda expandirse bien el abdomen y quepa dentro la nueva vida que albergamos son las principales causas por las que se producen cambios en el ombligo de la mujer en el embarazo. Así que, en la mayoría de los casos, no es preocupante, se trata de una cuestión muchas veces estética, que puede gustar más o menos, pero nada más.

Si la madre es primípara, es decir pare por primera vez, lo normal es que salga al final del segundo trimestre o ya entradas en el último. Sin embargo, cuando hemos tenido más de un hijo, la salida del ombligo es mucho más precoz, incluso en las primeras semanas ya podemos notarlo diferente.

No necesita de mayores cuidados, además de los que empleamos para el resto del abdomen, como es la correcta hidratación. Y lo normal es que el ombligo después del parto, vuelva a meterse hacia adentro, sin ningún tipo de intervención extra.

Ocurre a veces que lo que sobresale no es solo el ombligo. Podemos observar que cuando una mujer embarazada se tumba o se levanta, poniendo algo de tensión en el abdomen, sobresale en la parte central un bulto de mayor o menor tamaño: esto podría deberse a una diástasis de rectos- más frecuente en multíparas (2 de cada 3 mujeres que tienen más de dos hijos presentan diástasis).

Otra de las cosas que suele preocupar es que duela, y sabemos que el dolor indica una lesión real o potencial. En este caso podríamos hablar de una posible hernia umbilical o paraumbilical, al igual que deberíamos pensar en hernia o diástasis si el dolor o el abultamiento persisten después del parto.

Cómo cuidar el ombligo durante el embarazo

Tanto si nuestro ombligo está salido por una hernia o bien tenemos una diástasis no fisiológica, durante la gestación podemos hacer algunas cosas para cuidarnos y que no existan complicaciones, ya que la rehabilitación o la cirugía (en el caso de que sea necesaria para cerrar la hernia) hasta el postparto no son posibles: 

- Evitar la ganancia excesiva de peso de manera descontrolada.

- Controlar la postura, evitando en todo posible la hiperlordosis lumbar (deformación de la columna vertebral). Podemos mejorar mucho con disciplinas tipo pilates prenatal o la gimnasia en el agua, siempre realizados por matronas o profesionales sanitarios como fisioterapeutas.

- Usar el cinturón pélvico para poder corregir la postura y que no tiren demasiado los rectos. Esto es muy aconsejable si hay mucha lordosis –curva lumbar- o dolor en la sínfisis del pubis. 

- Reforzar el transverso abdominal, que es nuestra faja natural y la que va a sostener las vísceras, el útero y el bebé, impidiendo que los rectos abdominales se separen demasiado (corremos el riesgo de que si se abre en exceso la distancia tengamos una diástasis de rectos patológica con repercusión en suelo pélvico, abdomen, estética, musculatura de la espalda, digestivo, etc).

Si las semanas posteriores al parto, ves que tu abdomen no ha vuelto a ser el mismo, que el ombligo sigue salido hacia afuera o te notas rara, acude a realizar una valoración del abdomen para descartar una diástasis o una hernia. Si todo va bien, lo normal es que el ombligo vuelva a meterse hacia adentro.