Ana y el club de los ratoncillos. Cuento para cepillarse los dientes

Historia recomendada para aquellos niños que no quieren lavarse los dientes

Azucena Zarzuela
Azucena Zarzuela Periodista y escritora de cuentos

Por la mañana, después de comer, tras la merienda y antes de irse a la cama. Todos los días la misma historia: tu hijo que quiere lavarse los dientes. Si a ti también te pasa, hemos encontrado una fórmula mágica para que cepillarse los dientes sea uno de los momentos preferidos de tu pequeño: el cuento de 'Ana y el club de los ratoncillos'. Léeselo esta tarde cuando llegues a casa y verás cómo todo resulta más fácil. 

Cuento corto para niños que no quieren cepillarse los dientes  

ana y el club de los ratoncillos.

Ana no quería lavarse los dientes. No había manera. Después de cada comida siempre tocaba discusión. Ni aún con la promesa de que los primos vendrían a jugar por la tarde. No era no y Ana no quería ni acercarse al baño y cuando no la veían hacía desaparecer todos los cepillos de dientes del resto de la familia.

Tenía prohibidas las chuches y su mamá le había explicado que el Hada de los Dientes o su colega, el Ratoncito Pérez, no la visitarían cuando se le cayera alguno, porque si el diente no estaba muy, pero que muy brillante, no irían a su cuarto por la noche a llevárselo a cambio de una sorpresa.

Cada día que pasaba Ana estaba más enfadada. Incluso, había días que ni siquiera quería abrir la boca para comer. Pero lo que nadie sabía es que Ana tenía miedo. No entendía porqué había que cepillarse los dientes cuando sus dientes no tenían pelo. Y tenía miedo de que si empezaba a cepillarse los dientes, el pelo le creciera dentro de la boca y a los días tuviera que aprender a hacerse coletas en las muelas.

Pero una mañana, Ana se levantó con un fuerte dolor en un diente. Intentó no decírselo a nadie y ella sola pensó que si se ponía una ‘tirita mágica’, como las llamaba su mamá, se le pasaría. No funcionó. El diente seguía doliendo. Entonces pensó que faltaba el ‘besó mágico’ que su mamá le daba en las heridas antes de poner la tirita y, convencida de que necesitaba un beso de su mamá sobre el diente malito, intentó idear una treta para conseguirlo.

Claro que su mamá jugó con ella a ver quién era la que más besos conseguía dar. Además si el beso era en un sitio menos habitual del cuerpo, puntuaba doble. Su mamá pronto notó el raspón que la tirita dejaba en ella con cada beso que recibía de su pequeña. Ya no quedaba tiempo para la paciencia, ni para más explicaciones ni razonamientos.

Al día siguiente la mamá de Ana ideó una excursión. La pequeña acudió por sorpresa al Club de los Ratoncillos. Allí le esperaban sus amigos armados con coloridos cepillos de dientes. Y con una dentista con cuerpo de ratón y cabeza de hada descubrió que la boca siempre estaba más fresquita si se lavaba la boca; que los sábados podría comer alguna golosina si se cepillaba los dientes, que las canciones sonaban más bonitas si las cantaba tras dejar su dentadura reluciente, y lo más importante, que nunca le crecería pelo en los dientes por cepillárselos. Ana, al fin, ya estaba preparada para empezar a cepillarse los dientes.

Cómo tienen los niños que lavarse los dientes

lavarse los dientes

Y ahora que tu hijo adora lavarse los dientes, solo te quede enseñarle cuál es el paso a paso para que esta acción tenga sus beneficios: una sonrisa blanca y reluciente y una dentadura a prueba de caries.

1. Elige un cepillo dental de cabeza redonda y cerdas suaves. Si quieres, para que le atraiga más, se lo puedes comprar con algún dibujo de su personaje animado favorito. 

2. Utiliza una pasta adecuada. Mejor sin flúor hasta los seis años de edad. 

3. Realiza suaves movimientos en vertical (de arriba hacia abajo en los dientes superiores y, a la inversa, en los inferiores), nunca en horizontal porque lo que conseguirías es arrastrar la suciedad de un lugar a otro de la boca. 

4. Esta acción tiene que durar 2 minutos. Para que a tu pequeño no le resulte pesado, aprovecha tú también para lavarte los dientes (tu ejemplo le motivará). 

5. No te olvides de las muelas, parte importante en el proceso de masticación, y de la lengua. Esto último puede producir náuseas o cosquillas, pero se terminarán acostumbrando y ¡todo es por su bien! 

6. Por último, enjuaga la boca y... ¡listo! 

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