El método japonés Kaizen para que los niños aprendan rutinas y hábitos

Los hábitos y las rutinas ayudan a mejorar la convivencia familiar en casa

Mario Pinel
Mario Pinel Pedagogo

¿Cualquier pequeña tarea a veces se transforma en algo difícil de conseguir que tus hijos lo hagan? ¿Cuántas veces tienes que pedirles que recojan sus juguetes antes de dormir? Muchas situaciones cotidianas como lavarse los dientes, ducharse, recoger la habitación, etc. si no se han instaurado los hábitos correctos se pueden transformar en una rutina agotadora que te roba mucha energía. En esta ocasión te hablamos sobre el método japonés Kaizen, que te ayudará transmitir rutinas y hábitos a los niños de forma más efectiva y calmada.

Los hábitos y las rutinas para mejorar la convivencia en casa

Hábitos y rutinas para la convivencia en casa

Si te paras a pensar cuáles son las rutinas que existen en casa, verás que hay unas que mejoran y otras que estropean la convivencia. Las rutinas diarias que empeoran la convivencia pueden ser:

- Jugar antes que participar en las responsabilidades comunes.

- Responder o ayudar después de repetir las cosas 15 veces.

- Obedecer solo cuando te enfadas y gritas.

- Sacar muchos juguetes y no querer recogerlos, etc.

Para mejorar el día a día te propongo que pienses cuáles son los hábitos que mejorarían la convivencia en casa y que los escribas en un papel. Para conseguirlos vas a emplear el método Kaizen. Verás como tus hijos asumirán poco a poco más responsabilidades que harán que el tiempo en familia sea ese momento en el que todos estéis a gusto.

Piensa que cualquier camino comienza con un paso, así que diviértete y vívelo como ese pequeño paso para la humanidad, pero que para tu familia va a ser uno muy grande. Cada pequeño gran paso os va a llevar incorporar los hábitos que mejoran la convivencia.

Qué es el método japonés Kaizen para educar a los niños

Método Kaizen de los hábitos infantiles

El método Kaizen se apoya en la filosofía japonesa del Kaizen. Kaizen es una palabra que viene del japonés y que está formada por: 'kai' (cambio) y 'zen' (algo mejor). La idea central es buscar la mejora constante, pasito a pasito, en cualquier área de tu vida a través de acciones concretas muy sencillas.

El Kaizen, por lo tanto, consiste en ir dando pequeños pasos de mejora constante dirigidos hacia la incorporación de los hábitos y rutinas que quieras instaurar en casa para mejorar la convivencia. Cada pequeño paso lo tienes que ver como un pequeño objetivo o reto que va a llevar a conseguir una meta más grande.

Para que funcione vas a empezar las grandes responsabilidades con pequeños retos u objetivos sencillos y breves, de como máximo un minuto, cada día a la misma hora y de la misma manera. Así poco a poco, cuando estos primeros pasos se vayan consiguiendo, permitirán a los siguientes de mayor complejidad y responsabilidad que sucedan, porque se acostumbran poco a poco a realizar los nuevos hábitos.

Qué ingredientes necesitas para aplicar el método Kaizen en casa:

1. Elige y escribe en un papel los hábitos quieres que incorporen tus hijos.

2. Divide cada reto en pequeños pasos breves y fáciles de conseguir. Así, resultará divertido y motivador.

3. Decide un horario estable para proponer el reto.

4. Sé generoso con las caricias emocionales (que no cuestan dinero) con cada pequeño logro que consigan.

5. Llénate de ganas de jugar, paciencia, confianza y amor para observar cómo mejoran día a día tus hijos y tu familia.

Establecemos retos que los niños consiguen poco a poco

Enseñar rutinas y hábitos a los niños

Los pequeños retos que propongamos a la familia cada día tienen que ser 'smart', que significa en inglés inteligente. A mí me gusta llamarlos objetivos 'Marte' (por sus siglas). Y para que el 'viaje a Marte' suceda, los retos tienen que ser:

  • Medibles
  • Alcanzables
  • Retadores
  • Tiempo
  • Específicos

Un objetivo 'Marte' es la manera de saber si se ha conseguido o no un objetivo, porque este se ha vuelto medible, alcanzable, retador, con un límite de tiempo y específico (por ejemplo, ordenar el cajón inferior del armario). Además te permite, en caso de que no lo hayas conseguido, pensar en qué ha sucedido para que el resultado no haya sido el esperado.

Los pequeños retos, darán lugar, poco a poco, a desafíos más grandes. Por ejemplo, ordenar un cajón se convertirá dentro de un mes en ordenar todo el armario; y dentro de dos meses, en ordenar toda la habitación. Es fácil hacerlo si lo transformas en un juego retador en el que incluyas tiempo. Una vez conseguido el reto, el próximo día les propones a los niños el reto de ver si son capaces mejorar el tiempo del día anterior. De esta manera puedes gamificarlo y hacer que los hábitos también sean emocionantes.

Los niños adquieren hábitos y rutinas poco a poco

Los hábitos y las rutinas de los niños

Tus grandes aliados a la hora de llevar el método Kaizen a cabo van a ser la paciencia y la confianza en que el gran objetivo que quieres conseguir va a suceder en un plazo de tiempo. Piensa en el Kaizen como una escalera: según vayas subiendo pequeños escalones, podrás llegar a un sitio más alto (más arriba que si dieras un solo paso, aunque este fuera gigante).

Esos pequeños pasos van a ser menos costosos que dar el otro paso grande que te dejaría sin energía del gran esfuerzo. Ese paso gigante lo conseguirás dando pequeños pasitos en forma de pequeñas responsabilidades (para que sean fácilmente asumibles por tu hijo) de mejora constante que le llevarán a conseguir finalmente tareas de mayor responsabilidad y complejidad.

Cuando consigas que el hábito lo hagan que en una o dos semanas y se transforme en una rutina cotidiana es cuando puedes ampliar el tiempo a dos minutos, luego a tres.

La importancia de reforzar las rutinas que hemos aprendido

Es básico que, para que este método japonés funcione bien, después de conseguir cada pequeño reto, se lo reconozcas a los niños y lo valores con una caricia emocional. Después de cada pequeño paso conseguido dile: ¡Qué orgullosa estoy que ti!, ¡qué bien lo has hecho!, ¡cuánto vales!, ¡qué constancia!, ¡cómo has mejorado!, etc.

Piensa que cada caricia emocional son dosis de amor que alimentan la autoestima, la confianza y la seguridad de tus hijos. Al recibir este alimento emocional los niños se van a sentir bien, reconocidos y valorados. Este chute de dopamina les estimula a seguir mejorando y progresando día a día, porque esas caricias emocionales les hacen sentirse bien.

¿Te atreves a probar el método Kaizen?

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