Por qué a los niños les cuesta tanto guardar secretos que les contamos

Debemos enseñar a los niños qué secretos deben guardar y cuáles tienen que contar

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

Los secretos son algo que no se cuenta, que ocultamos en nuestro interior y que si se comparten, solo lo haremos con un pequeño número de personas que son de gran confianza. Por eso, a sabiendas que a los niños les cuesta mucho guardar secretos, los padres dejamos de compartir ciertas confidencias con nuestros hijos. Pero, ¿por qué les resulta tan complicado ser discretos?

La razón por la que los niños no saben guardar secretos

Cuando a los niños les cuesta guardar secretos

Guardar un secreto implica responsabilidad y discreción. Para poder hacerlo es necesaria la existencia de madurez emocional y cognitiva. De este modo pedir a un niño que guarde un secreto puede comprometerle y crearle una tensión interna. El pequeño se sentirá incómodo, ya que es posible que,  según su edad y la etapa evolutiva en la que se encuentre, carezca del desarrollo de las capacidades que le permitan 'esconder' información. Esto puede causarle un gran conflicto emocional.

Sin embargo, a medida que los niños crecen irán aprendiendo las normas de sociabilidad y de comunicación necesarias para adquirir capacidades para poder distinguir entre lo que se puede o no se puede contar.

Por eso, es importante que los padres no enseñen a los niños a guardar secretos cuando no están preparados. De este modo, lo que deben hacer es ofrecerles la información adecuada a su edad desde un lenguaje adaptado que les de confianza y seguridad. Este tipo de información debe guiar a los pequeños para que entiendan la diferencia entre privacidad y guardar secretos.

La polémica de los secretos

Guardar secretos trae consigo gran polémica. Para muchos enseñar a los niños a tener secretos puede traer consecuencias negativas. Para otros, en cambio, guardar secretos de familiares o amigos para 'defender' su privacidad es un valor que deben adquirir los niños y que se debe fomentar desde que son bien pequeños.

En todo caso, para arrojar un poco de luz en el tema, es necesario saber distinguir entre los diferentes tipos de secretos que existen. Y los padres debemos enseñar a los niños a diferenciar entre los secretos seguros y los inseguros.

- Los que son como sorpresas
Este tipo de secretos son divertidos e, incluso, generan complicidad entre progenitores e hijos. Son aquellos secretos que tienen que ver con fiestas sorpresa, regalos, etc.

- Los perjudiciales
Estos suelen tener buena intención pero a la larga son dañinos. Por ejemplo, 'dile a mamá que te acostaste a la hora siempre' cuando el hijo se acostó muy tarde. Este tipo de secretos enseñan a que si se dice la verdad habrá consecuencias malas y para evitarlas es mejor mentir.

- Los que suponen amenaza
Estos son los que utilizan los que abusan de alguna manera a los niños: bullying en el colegio, abusos sexuales, etc. Los niños que no han sido educados correctamente sobre los tipos de secretos que existen pueden sentir mucho miedo y no contarlo.

Enseñar a nuestros hijos qué secretos no deben guardar

No es lo mismo la privacidad que tener secretos

Como decíamos antes los padres deben guiar a los niños a entender la diferencia entre secretos y privacidad. Por eso, los padres han de hablar con sus hijos sobre ello y enseñarles a respetar la privacidad de otros al mismo tiempo que no se guarden secretos dañinos o supongan una amenaza.

Dicho de otra manera, enseñar a los niños a mantener y respetar la privacidad familiar, pero dentro del núcleo familiar no puede haber secretos entre sus miembros. Para ello, estas son algunas de las claves que no podemos olvidar.

1. Usar el ejemplo. Lo mejor para que el niño aprende a respetar la privacidad de los otros es usar el modelado. Por ejemplo, llama a la puerta antes de entrar en su habitación, respeta su espacio, no espíes sus móviles, etc.

2. Que el niño diferencie entre personas cercanas y lejanas. Los niños deben distinguir el espacio compartido con familiares y amigos íntimos del espacio que comparten con aquellos que no lo son.

3. Enseñar a reaccionar ante extraños. Sin alguien extraño invade su espacio vital, el niño debe tener la confianza suficiente para buscar ayuda de un adulto de su familia o círculo de confianza.