Por qué NO debes educar a niños obedientes (aunque sea más cómodo)

Los padres debemos educar en la responsabilidad a los hijos, no en la obediencia

Andrés París, Pedagogo
En este artículo
  1. ¿Los padres queremos a niños obedientes? En realidad NO
  2. La razón por la que no se debe educar a los niños en la obediencia
  3. 5 claves necesarias para educar en la responsabilidad a los niños

Hace poco presencié una dinámica donde el ponente preguntaba a un grupo de padres cuál era las principales características de lo que llamaríamos 'un niño bueno'. El 90 por ciento de los asistentes marcó la misma opción: obediente. Efectivamente, esa es la realidad. Los padres y maestros queremos o pretendemos que nuestros hijos sean obedientes, y es por un simple motivo: los niños que obedecen dan menos trabajo. Aquí, por qué NO debes educar a niños obedientes (aunque sea más cómodo).

¿Los padres queremos a niños obedientes? En realidad NO

Por qué NO educar en la obediencia a los niños

A menudo, la obediencia parece una solución rápida: el niño calla, hace caso y el adulto siente que tiene el control. Sin embargo, educar siempre con mano dura no funciona a largo plazo porque simplemente no enseña al niño a comprender los límites, sino a temer a las consecuencias. Puede conseguir una respuesta inmediata, pero no construye en él responsabilidad, criterio ni autocontrol.

Un hijo o alumno obediente no discute, hace lo que le dices y no molesta. Pero como padres o profesores debemos preguntarnos: ¿Qué estoy provocando en él? ¿Qué efectos tiene esa obediencia en él? ¿Es bueno para él o para mí? Cuando la obediencia nace del miedo, el niño no aprende que algo está bien o mal; solamente aprende a evitar el castigo, el grito o el enfado del adulto.

Esa obediencia forzada aplaza el conflicto: el niño puede obedecer delante de sus padres o maestros, pero no necesariamente interioriza el límite ni desarrolla una verdadera disciplina. Si reflexionamos, nos damos cuenta rápido. El comportamiento general de un niño obediente es la sumisión, la dependencia, la falta de libertad en tomar decisiones, la falta de creatividad y la proactividad.

La obediencia mata la espontaneidad y cuando un niño no es espontáneo deja de ser niño. Educar con mano dura también debilita la relación entre padres e hijos, ya que el vínculo empieza a basarse en el miedo y no en la confianza. Un niño que obedece por temor deja de contar lo que siente, lo que le pasa o lo que necesita, por miedo a decepcionar a sus padres o a ser castigado.

La razón por la que no se debe educar a los niños en la obediencia

Por qué no educar a los niños en la obediencia

Todos los padres deberíamos hacer el juego que propongo. Se trata de imaginar las siguientes cuestiones: ¿Cómo serán mis hijos de mayores con la educación que les estoy dando? ¿Como me gustaría que fueran mis hijos como adultos? Y, ¿como me gustaría que no fueran? Siempre me viene primero la respuesta de cómo me gustaría que NO fueran, lo cual es bastante interesante.

A mí no me gustaría que fueran sumisos, ni dependientes de otros, sin actitud crítica, sin proactividad, con miedo a tomar decisiones o inseguros. Por eso, la pregunta no es solo si queremos niños que hagan caso, sino qué tipo de adultos estamos formando desde ahora. Un niño obediente a la fuerza no está siendo educado: puede estar aprendiendo a someterse y a esconder sus errores.

Por eso, debemos trabajar en educar en la responsabilidad y en lo positivo de la obediencia. La obediencia está muy bien como respeto al otro, al adulto o referente, pero tiene que quedar claro que la obediencia no sirve si no enseñamos a ser responsable. Por tanto, la disciplina no debería confundirse con imposición. Poner límites es necesario, pero los límites deben favorecer al niño.

En ese sentido, pueden ayudar a los niños a comprender, reparar, decidir mejor y, por lo tanto, a asumir las consecuencias. Cuando el adulto solo exige obediencia como tal, el niño puede cumplir con él por miedo y hasta por amenaza, pero no aprende a autorregularse en sus sentimientos ni en sus emociones, así como tampoco a hacerse responsable de sus propios actos.

5 claves necesarias para educar en la responsabilidad a los niños

Claves para educar a los niños en la responsabilidad

Para educar a niños en la responsabilidad, lo primero que debemos hacer es evitar el autoritarismo. No podemos educar a la voz de mando, ya que con esta actitud ponemos una gran barrera a la responsabilidad. Es obvio que la mano dura genera niños que aparentemente son tranquilos o 'bien portados', pero esa calma no siempre nace de la madurez, sino de la total inhibición.

La responsabilidad se adquiere con acompañamiento, límites claros, coherencia y respeto; no con amenazas, humillaciones ni miedo. A continuación, te ofrezco varias ideas para que puedas entrenar la responsabilidad en casa, educar sin mano dura, sino con límites que sean firmes. Un niño que comprende y asume responsabilidades sí podrá construir una disciplina real. Aquí, las claves:

  1. Establece normas y límites de forma conjunta y consensuada. Escucha su opinión, escribid juntos esas normas.
  2. No des nada por hecho o por supuesto. Pregúntales, usa preguntas en forma de reto, que les motiven a la acción y a la toma de conciencia.
  3. Concédeles la oportunidad de que tomen pequeñas decisiones, ajustadas para su edad, y respétalas. Puede que no se ajusten a lo que tú decidirás, pero si ves que no es nocivo para ellos, respétalas.
  4. Dales alguna tarea familiar de la que puedan responsabilizarse. Es importante que estén de acuerdo y que se comprometan en realizarla.
  5. Favorece toda la autonomía que sean capaces de asumir.

Y recuerda que la educación es un proceso. No porque plantees estos cambios vas a ver los resultados al primer día, ya que se trata de un trabajo conjunto que poco a poco dará fruto. Es importante que tengas presente que los actos de responsabilidad en los niños no se premian, sino que se hacen porque son su cometido. Sin embargo, lo que sí puedes hacer es agradecérselo.

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