La cara B de la obediencia. Consecuencias de educar a niños obedientes

Cómo promover la responsabilidad de los niños desde la disciplina positiva

Isabel Cuesta y Daniel Pérez
Isabel Cuesta y Daniel Pérez Esp. en disciplina positiva

'Mi hijo no me hace caso. No sé qué hacer para que sea obediente...'. Seguro que has escuchado muchas veces esta o frases similares por parte de madres y padres. Sin embargo, ¿alguna vez te has parado a pensar en cuál es la cara B de la obediencia? Aunque que los niños cumplan nuestras órdenes a la primera es más cómodo, educar a niños obedientes puede tener consecuencias. ¿Y si apostamos por estimular la responsabilidad infantil?

¿Cuál es la cara B de la obediencia de los niños?

Descubre la cara B de la obediencia

La obediencia tiene una cara B que todos los padres debemos conocer. Y es que todos hemos querido en alguna ocasión que nuestros hijos sean obedientes y cumplan lo que los ordenamos. Pero, la obediencia viene de la mano, demasiado a menudo, de la sumisión.

Tendemos a entender que un niño obediente es un niño bien educado, ¿verdad? Pues no del todo, porque cuando se educa en la obediencia ciega, en la cual los niños tienen que hacer lo que dice un adulto 'porque sí', representa un peligro para los chicos al enseñarles a ser sumisos y eso los coloca en una posición de vulnerabilidad.

Al seguir este dogma, los niños sienten que no tienen más elección que hacer lo que el adulto les diga, así sea malo para ellos. Ya que no existe un criterio o un espacio para la duda. Suelen obedecer por miedo a un castigo o algún tipo de represalia.

Otro punto a tratar es que la 'rebeldía' durante la infancia es de cierto modo esperada, pues a través de los desafíos vamos formándonos y encontrando nuestro lugar en la sociedad. Si los niños no muestran este descontento por las normas, muy probablemente lo harán durante la adolescencia pues están en la búsqueda de su identidad.

Educar a niños obedientes tiene consecuencias para tus hijos

Consecuencias de educar a niños obedientes

Por supuesto no hay que confundir las cosas, el hecho de tener este cuidado con la obediencia no implica que los chicos se críen en un sistema anárquico, en los que la ausencia de límites es la norma. ¡Nada de eso! Hay que enseñar a los niños a tomar responsabilidad por sus actos.

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Cuando un pequeño entiende que debe hacer algo porque es lo correcto para él y para todos, entonces comenzará a tomar mejores decisiones y ser cooperativo por cuenta propia y no porque los padres les digan qué hacer. Esto se logra a través de prácticas constantes, ejemplos que puedan vivenciar en casa y mucha paciencia pues los niños aprenden a través de las repeticiones. El objetivo es enseñarles responsabilidad.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que nuestras expectativas pueden ser realmente dañinas. Querer que un niño sea obediente todo el tiempo está estrechamente ligado a las expectativas que los padres tienen sobre este. Muchos adultos creen que los niños pueden aprender y autorregularse por sí solos o hacerlo excelente al primer intento pero no es así.

Por ello las expectativas son muy dañinas pues se le otorgan etiquetas a los más pequeños que los marcan de por vida.

La importancia de las rutinas y la disciplina positiva para la familia

Normas en la disciplina positiva

Imagina este escenario que es probable que hayas vivido o conozcas en tu día. Es la hora de cenar, tienes puesta la mesa y la comida está caliente y apetitosa; llamas a tu hijo una, dos, tres, cuatro veces y no quiere aparecer... ¿Qué harías?

Pues en el caso de la disciplina positiva nos indica que, es necesario establecer previamente con la participación de los hijos, todas las normas de convivencia y rutinas que se deben seguir en casa. Los niños tienen que estar bien informados de estas

En este sentido, en lugar de imponer una rutina o una norma, se les invita a los niños a participar en ella para establecer horarios de comida, de baño, de limpieza, de estudio, de juego, etc. Es normal que aquí, tu hijo o hija quiera establecer cambios como lavarse los dientes antes de cenar. En este caso se recomienda dejarles experimentar sus opciones y luego preguntarles cómo se sienten al respecto, de manera que ellos mismos analicen lo positivo y lo negativo, de manera que encuentren una solución. Algunas normas pueden ser negociadas.

¿Qué influye en la buena y mala conducta de los niños?

Cuando tus hijos son obedientes

En la mayoría de los casos, cuando un niño se 'porta mal' (y lo ponemos entre comillas porque los niños no se portan mal, sino que no hacen lo que nosotros queremos) es porque puede estar pasando por algo. Por ejemplo, se pueden sentir mal, están cansados, se sienten nerviosos por algo, están comenzando a enfermarse, etc.

¿Qué se puede hacer en este caso? Lo mejor es hacer un ejercicio de empatía para tratar de entender lo que está detrás de esa conducta desafiante, en lugar de hacer de ello un problema mayor. Cuando los padres reaccionan de una manera muy llamativa ante un desafío o una desobediencia, el mensaje que se le está dando al niño es que solo así pueden llamar la atención de sus padres y lo seguirán haciendo todo el tiempo.

Esto ocurre porque los niños pequeños responden a un instinto de supervivencia, en el cual, si no obtienen la atención y el cariño de sus padres, sienten que están en peligro. Por lo que hacen todo lo posible, sea bueno o malo, para tener ese contacto deseado. Y, a menudo, esa forma que los niños tienen para comportarse va en contra de lo que nosotros consideramos niños obedientes.

Consejos de empatía y cariño de una crianza respetuosa

la obediencia de los niños

Estas herramientas de disciplina positiva no tendrán ningún efecto en los hijos si no existe un entrenamiento constante en casa. Y es que, por mucho que queramos, la disciplina positiva no tiene recetas mágicas, sino que es un trabajo a largo plazo. Por ello, lo importante es tener paciencia y ser constantes.

- Es normal que los niños no deseen hacer algo en concreto si tienen su atención puesta en otra cosa como el juego o ver su programa favorito. Por ejemplo, si están en medio de un episodio de sus dibujos favoritos, les costará mucho obedecernos y dejarlos para ir a lavarse los dientes. Hay que entender sus preferencias en lugar de cortarlas de manera abrupta.

- Cuando le otorgamos valor a las emociones infantiles y el sentir de los pequeños, esto les permite sentir que están siendo escuchados en lugar de sentirse ignorados.

- En cuanto a los castigos, sabemos que estos tienen efectividad en un corto plazo debido a que los niños temen repetir esa conducta por miedo a que les castiguemos sin algunas de sus cosas favoritas. Sin embargo, los castigos no permiten a los niños aprender de sus errores.

- No te cierres al cambio. Si una herramienta te funcionó pero a los días o semanas ya no es tan útil, cámbiala. No temas a experimentar para encontrar lo que mejor le viene a tu familia.

- La clave es resolver los conflictos antes de que aparezcan a través de las conversaciones, el establecimiento de normas y rutinas.

- Las prisas de los adultos por terminar algo o hacer algo rápidamente pueden alterar a los niños, quienes crecen con una idea agitada de llevar el día a día. Esto puede ocasionar fatigas, desgastes emocionales, cansancio mental, desmotivación, etc.

Los niños se quedan con lo que los padres les hacen sentir, en lugar de lo que les dicen. ¡Nunca lo olvides!

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