Las 12 emociones básicas de los niños - Cómo reconocerlas y ayudarles a gestionarlas

Emociones básicas y sentimientos más complejos que son frecuentes en tus hijos

Begoña Ibarrola, Psicóloga
En este artículo
  1. ¿Cuáles son las 12 emociones básicas que necesitas trabajar con tu hijo?
  2. Más emociones de las que los niños pueden aprender más de sí mismos
  3. Otras emociones básicas que los niños deben aprender a gestionar
  4. Emociones secundarias que forman la personalidad de los niños

El manejo emocional es uno de los retos más grandes durante la infancia, pues los niños no entienden por qué se disparan algunos sentimientos en ciertas situaciones. Sin embargo, existen herramientas muy efectivas para gestionar las emociones en la niñez, pero para lograr eso primero hay qué saber cuáles son las predominantes en esta etapa. Además de poner nombre a lo que sienten, los niños necesitan que sus padres les enseñen qué pueden hacer con cada emoción. Aquí, las 12 emociones básicas de los niños - Cómo reconocerlas y ayudarles a gestionarlas.

¿Cuáles son las 12 emociones básicas que necesitas trabajar con tu hijo?

Gestión de las emociones de los niños

Estas son las emociones más frecuentes en la niñez y, por tanto, las primeras 12 emociones que podemos empezar a trabajar para ir formando una buena inteligencia emocional para nuestros hijos e hijas. Comenzamos analizando algunas de las emociones básicas más destacables para los niños.

1. La emoción primaria de la alegría

Debido a que podemos compartir la alegría, es la emoción que más favorece la comunicación y expresión interpersonal. Los niños que abrazan la alegría son capaces de disfrutar la vida, tener una actitud positiva y celebrar los logros. Aunque también hay que enseñarles a diferenciar entre 'reírse con' y 'reírse de', en los casos en que está mal burlarse de alguna persona.

¿Qué hacer? Comparte siempre su entusiasmo y ayúdale a expresar su alegría pero sin molestar a otros. Puede decir: '¡Veo que estás muy contento! Dime qué ha pasado'. Evita frases que le resten importancia a su emoción. Como ejercicio: al final del día, mencionen una cosa que les haya hecho felices.

2. Educar en el amor a los niños

El amor representa la seguridad durante la infancia, porque los niños se atreven a retarse a sí mismos e intentar cosas nuevas. A partir del desarrollo del apego seguro libre de juicios, los niños se sienten libres, seguros y capaces. Por tanto, cuando un niño crece sin amor, lo buscará y recibirá de cualquier manera, así sea dañina, y crecerá siendo inseguro con gran miedo al rechazo.

¿Qué hacer? Demuestra tu afecto en los momentos difíciles y recuérdale que el cariño no depende de su comportamiento. Dile: 'Te quiero aunque ahora tengamos que solucionar esto'. Evita retirar el afecto como castigo y dedica unos minutos a hablar, abrazarse o hacer algo que disfruten.

3. Inteligencia emocional para gestionar la tristeza

La tristeza en los niños viene desde la decepción, el sentir una falta de cariño o ante un cambio poco favorable. Es una emoción que es necesaria sentir y aunque no nos guste ver tristes a nuestros hijos, no podemos olvidar que les está procurando un aprendizaje. La tristeza ayuda a reflexionar, a apreciar las cosas positivas de la vida, a crear vínculos profundos y da paso a la creatividad.

¿Qué hacer? Acompáñale pero sin apresurarte a quitarle la tristeza, por ejemplo, puedes decir: 'Entiendo que estés triste. Estoy aquí contigo'. No digas 'no llores' o 'no es para tanto', mejor invítale a dibujar aquello que le pone triste o a contarte qué necesitaría para sentirse acompañado.

Más emociones de las que los niños pueden aprender más de sí mismos

Más emociones para gestionar con los niños

4. Qué podemos aprender del enfado, la ira y la rabia

Surgen cuando existe un impedimento para alcanzar nuestros deseos o si alguien nos hace daño. El enfado, la rabia, la ira... todas son la emoción que genera más energía y explota con facilidad, razón por la cual los niños se enfadan con más intensidad. Ayuda a tu hijo a prevenir la ira, reconociendo los momentos en donde más crece su enfado y evítalo, ya sea meditando o respirando.

¿Qué hacer? Mantén el límite sin discutir si está muy alterado y habla cuando se haya calmado. 'Entiendo que estás enfadado. Cuando te calmes buscamos una solución', es una frase que ayuda. Pídele que respire lento varias veces o que apriete y suelte las manos antes de hablar.

5. La emoción del miedo infantil

El miedo infantil surge de una amenaza real o imaginaria. Existen miedos que son heredados para protegernos y existen miedos aprendidos. Cada edad tiene su miedo, tanto en la niñez y la adultez, el mensaje a entregar a los pequeños es que la valentía no es dejar de tener miedo, sino enfrentarlos. Es importante que nuestros hijos se sientan acompañados en sus temores.

¿Qué hacer? Escucha qué le asusta y ayúdale a enfrentarlo sin obligarlo. Puedes decir: 'Sé que te da miedo y voy a acompañarte'. Evita ridiculizarlo o compararlo con los demás niños. Hagan este ejercicio: realicen una escala del miedo del 1 al 5 y piensen juntos qué pequeño paso puede intentar.

6. Emociones básicas para los niños: la sorpresa

El asombro ocurre como una respuesta ante un evento imprevisto, es una 'emoción neutra' porque a veces nos puede generar un estado emocional agradable, pero en otras ocasiones las sorpresas pueden ser desagradables. Los niños tienden a sorprenderse con más frecuencia porque todo es nuevo para ellos y eso estimula su curiosidad, buscando información para saber más de ello.

¿Qué hacer? Dale unos segundos para comprender lo que pasa y ayúdale a identificar si la sorpresa le ha gustado o no. Pregúntale: 'Eso no te lo esperabas, ¿verdad?'. Evita responder por él de manera inmediata y mejor cuestiónale qué notó primero en su cuerpo o qué pensó al sorprenderse.

Otras emociones básicas que los niños deben aprender a gestionar

Gestión de las emociones infantiles

Las emociones secundarias o emociones complejas son aquellas que producen una mezcla de emociones básicas. Por ejemplo, cuando un niño siente frustración, está sintiendo ira y tristeza al mismo tiempo. Igual que cuando siente celos, se unen el miedo a perder algo y la tristeza, así como el enfado. Vamos a ver algunas de las emociones secundarias que también debemos trabajar con nuestros niños para que tengan una mayor inteligencia emocional.

7. Niños con baja tolerancia a la frustración

Es una de las emociones más desagradables e incómodas, ya que la frustración surge cuando no logramos algo que deseamos. Nunca se puede evitar durante la niñez, pero sí se puede gestionar cuando enseñamos que no se puede tener el control de todo. También hay que enseñarles a los niños a diferenciar entre necesidad (algo de inmediato) y deseo (que deben esperar para tenerlo).

¿Qué hacer? Permite que sucedan dificultades sin resolverlas tú. Una frase que le puede ayudar es: 'Sé que querías conseguirlo. Vamos a intentarlo de nuevo', en vez de 'te enfadas por todo'. Mejor, jueguen a dividir una tarea difícil para todos en pequeños pasos y celebrar el avance.

8. El aburrimiento de los niños

El aburrimiento es una emoción doble, ya que puede impedir el aprendizaje pero también despierta nuestra creatividad. Una excelente forma de derrotar el aburrimiento es invitar a los peques a que busquen algo que hacer. Hay que tener cuidado en sobrecargar a los niños con demasiadas actividades para 'que no se aburran', porque no les permite ser ingeniosos por su cuenta.

¿Qué hacer? No le des una pantalla o una actividad preparada. Dile: '¿Qué se te ocurre que podrías hacer con lo que tienes aquí?' y jamás le digas que no puede aburrirse, mejor creen juntos una caja con ideas de juegos, dibujos o actividades para elegir si es que aparece el aburrimiento.

9. Aprender a gestionar los celos infantiles

En la infancia, los celos aparecen al percibir una posible pérdida del amor de un ser querido por aparecer una tercera persona. Los celos generan sufrimientos en los niños, porque se asocia con el miedo; si hablamos, de celos hacia un hermano, la forma en que se superan los celos es involucrando más a los niños, asegurarles que seguirán teniendo su espacio y reforzar su autoestima.

¿Qué hacer? Reconoce su necesidad de atención pero sin compararlo con su hermano u otros niños. Dile: 'Entiendo que quieras estar conmigo. Mi amor por ti no cambia' y nunca de los nuncas le digas: 'ya estás grande, no deberías tener celos'. Trata de reservar momentos exclusivos con cada hijo.

Emociones secundarias que forman la personalidad de los niños

Emociones secundarias de los niños

10. Niños que tienen vergüenza

La vergüenza es una emoción social y aprendida. Aparece cuando notamos que hay algo negativo en nosotros o los demás evalúan lo que hacemos como algo malo. Los niños con timidez son más sensibles a exponerse en público porque creen que no son capaces de estar a la altura de una acción. Por ello hay que enseñar a los niños que, aunque no puedan hacer algo hoy, mañana sí es posible.

¿Qué hacer? Respeta siempre su ritmo y evita obligarlo a exponerse delante de otros. Menciona: 'Puedes intentarlo cuando te sientas preparado', en lugar de 'no seas vergonzoso' o 'mira cómo los demás sí pueden'. Practiquen primero en casa lo que le cuesta hacer delante de otras personas.

11. Emoción secundaria común: la culpa

La culpa es una emoción social, moral y aprendida. Aparece cuando no se cumplen ciertas pautas de conductas interiorizadas que tiene el niño, las cuales tienen que ver con transgredir una norma que lastima a otros. La culpa enseña a los niños sobre responsabilidad y asumir consecuencias cuando cometen un acto negativo, siempre y cuando dicha acción dependa de él y no de los demás.

¿Qué hacer? Céntrate SIEMPRE en la conducta y en cómo repararla, NO en etiquetar a tu hijo. 'Lo que hiciste hizo daño. ¿Qué podemos hacer para arreglarlo?' sustituye por mucho a 'siempre haces lo mismo'. Mejor piensa una acción concreta para reparar el daño, como pedir disculpas.

12. El orgullo es otra emoción que sienten los niños

Tiene que ver con la emoción que se experimenta al conseguir algo deseado o valioso. El orgullo puede ser un alimento emocional que nos lleve a celebrar victorias, aumentar nuestra confianza y esfuerzo. Por otro lado, se utiliza para buscar la validación de los demás, al presumir lo que se tiene e incluso despreciar a quienes poseen poco. Lo que trae como consecuencia el rechazo social.

¿Qué hacer? Reconoce el esfuerzo aparte del resultado y ayúdale a disfrutar de sus logros sin compararse. Dile: 'Puedes sentirte orgulloso de todo lo que te esforzaste' y trata de no decir 'eres el mejor de todos'. Preguntarle qué hizo para conseguirlo y qué aprendió durante todo el proceso.

Como verás, la clave no está en dar a los niños una solución inmediata para cada emoción, sino en acompañarlos de manera consciente hasta que puedan reconocer por sí mismos qué sienten y expresarlo con palabras para poder elegir una respuesta adecuada. Al paso del tiempo, con la práctica y el ejemplo de los adultos, estas habilidades las irán desarrollando poco a poco.

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