Las emociones básicas de los niños: alegría, tristeza, miedo, ira y asco

Estefanía EstebanRedactora de GuiaInfantil.com

¿Quién dirige el rumbo de nuestra vida? ¿Quién determina nuestra personalidad? ¿Quién decide que seamos como somos? Las emociones. Sin duda, las auténticas capitanas de nuestra nave. 

Las emociones llegan de golpe. Nacen con nuestro hijo. Al principio, como todo, es algo nuevo. ¿Por qué el bebé a veces llora desconsolado? ¿Por qué ríe? ¿Por qué rechaza determinado alimento? Las emociones comienzan a trabajar. Nuestro hijo tendrá que aprender a utilizarlas. No es fácil. De hecho, muchos adultos aún se sienten incapaces de dominar sus impulsos.

Cuáles son las emociones básicas de los niños

Emociones niños

Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco. Son los nombres de las 5 grandes emociones que manejan nuestras vidas. Tal y como explican a las mil maravillas en la película de 'Inside Out', de Pixar ('Del Revés'). Alegría, por supuesto, es la emoción que debe gobernar sobre el resto. Pero alegría a veces no puede llegar sin dejar que antes Tristeza haga su trabajo. Pero... ¿por qué son necesarias todas estas emociones?

Miedo: Puede que en un momento determinado Miedo necesite hacer acto de presencia. Si nuestro hijo no tuviera miedo de nada, pondría en riesgo su vida constantemente. El niño tiene miedo a caerse, miedo a tropezar... pero también tiene miedo a no ser capaz de lograr lo que se propone. El miedo hace que el niño se marque retos y que luche por superarlos. Que aprenda. Y, por qué no, que se sienta invencible. Pero es un arma de doble filo: el miedo también le puede bloquear e incluso, conducir al pánico. Es el máximo nivel de alerta de nuestro cuerpo: si enseñamos a nuestro hijo a utilizar el miedo para crecer, será un arma poderosa para él.

Asco: El asco ayuda a elegir, a aprender a decir No. Ayuda al niño a formar una personalidad: 'quiero esto porque esto otro no me gusta'. Si no existiera el asco (no entendido sólo como asco a un alimento, sino con rechazo a determinadas cosas o aspectos de la vida), nuestro hijo sería tan sumamente conformista que no podría tener una personalidad fuerte ni tomar decisiones importantes en la vida.

Ira: Cierto, la ira es la 'menos lista' de las emociones. Cuando se deja llevar, no existe el razonamiento. Explota. Pero es necesaria, sí. A veces la ira desemboca luego en tristeza... y la tristeza da paso a la alegría. De la ira también se aprende. Es normal que aparezca Ira en nuestro hijo cuando alguien le pega, o cuando se aprovechan de él. Es en cierta forma, un arma de defensa, una forma de entender 'esto no me gusta' ¡esto me enoja'... 'no quiero sentirme así'. Y en ese momento Ira pone en marcha un mecanismo para pensar cómo defenderse ante todo eso que le provoca enfado. 

Tristeza: Sin la tristeza no podría existir la alegría. Son complementarias. ¿Cómo íbamos a saber lo maravillosa que es la risa si nunca lloramos? La tristeza a menudo nos hace reflexionar y ahondar más en nuestros sentimientos. ¿Por qué nos sentimos tristes? ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Pero cuidado: la tristeza también puede llevar al niño a perder ilusión y llevarle a la depresión. Siempre, tras un momento de tristeza, debemos intentar que vuelva a aparecer la alegría.

Alegría: La alegría es el motor que mueve la vida de nuestro hijo. Todos queremos que nuestro hijo sea alegre, que sea feliz. Pero debemos entender que es imposible que siempre sea así. La Felicidad está formada por grandes momentos de alegría y pequeños instantes de ira, miedo, tristeza y asco. Porque alegría también necesita del resto para continuar su camino. 

Las emociones, esas grandes desconocidas para nuestros hijos. Podemos ayudarles a comprenderlas. Siéntate con tu hijo, habla con él. Intenta explicarle qué siente. ¿Está enfadado? Sintió ira. ¿Por qué? Haz que se plantee todas estas preguntas y sobre todo, haz que entienda que ninguna de estas emociones es mala. Todas, absolutamente todas, son necesarias.