La paciencia de la hormiga Taichí. Fábula moderna para niños

Un precioso cuento que habla de la importancia de ser paciente a los niño como también a los padres

María O´Donnell
María O´Donnell Escritora de cuentos

La hormiga Taichí era un ejemplo de paciencia. Ella solita se dedicó a pintar sesenta granos de arroz para hacer un precioso mosaico. Y nos preguntamos, ¿quién estaría dispuesto a hacer esa hazaña? Pues Taichí lo hizo y en este bonito cuento te lo contamos.

Sin duda, la paciencia es un valor importante muy difícil de inculcar en los niños. Los niños por naturaleza son impacientes, nerviosos y quieren las cosas en el momento, por eso, a través de esta fábula María O'Donnell, podemos enseñar a los niños como la paciencia es un valor a tener en cuenta en el día a día. Cuenta esta preciosa fábula a tus hijos y luego nos cuenta qué les ha parecido.

Fábula para niños impacientes. La paciencia de la hormiga Taichí

La paciencia de la hormiga Taichí. Fábula para los niños

Con un fino pincel, la hormiga Taichí pintaba, uno a uno, sesenta granos de arroz, con toda la paciencia del mundo. Estaba haciendo un mosaico oriental, en el que, cuando acabara, se vería un dibujo. Pintaba muy despacio, con mucho cuidado, prestando atención a los detalles, y con mucho cariño y concentración.

Hacía un par de días que había descubierto un lugar perfecto para trabajar dentro del hormiguero. Era un sitio retirado por el que pasaban pocas hormigas y en el que se filtraban los rayos de sol a través de unos agujeros en la tierra.

Justo cuando Taichí iba a conseguir un color de pintura entre ámbar y naranja, oyó que le llamaban desde la entrada del hormiguero. Eran sus amigos, el erizo Púa y la tortuga Roqui.

- Taichí, ¿vienes a jugar con nosotros?

La hormiga aclaró el pincel y salió afuera

- Lo siento, estoy muy ocupada pintando las telas de un mosaico.

- ¿Nos lo enseñas?

- Aún no, cuando lo acabe os lo enseñaré

- ¡Queremos verlo!

- Hay que esperar un poco.

- ¡Por favor, Taichí, sólo una esquinita, un trocito!

- No puedo, es una sorpresa, os avisaré cuando esté acabado - contestó Taichí con aire misterioso, y se volvió dentro del hormiguero a seguir trabajando.

La hormiguita siguió coloreando los granos de arroz, dejándolos secar en hojas de té, y luego colocándolos, uno por uno, en su lugar correspondiente.

La tortuga y el erizo se quedaron muy intrigados, pero decidieron dejar a Taichí trabajar tranquila.

Cuando la hormiga terminó, fue a buscar a sus amigos y les pidió que cerraran los ojos mientras iba a por el mosaico.

- ¡Tres, dos, uno… y cero! ¡Ya podéis abrir los ojos!

Entonces, Púa y Roqui vieron el dibujo del gran manzano silvestre en lo alto de la colina, con las hojas que se le habían caído al llegar el otoño.

- ¡Es precioso! ¡Cuántos tonos de naranjas, amarillos, dorados!

- Leed la dedicatoria - les pidió la hormiga Taichí.

Y la dedicatoria decía:

A mis amigos Roqui y Púa que esperaron a que acabara este dibujo para poder jugar conmigo.

Moraleja: Para conseguir un trabajo excelente, hace falta ser paciente.

Descubre si tu hijo ha entendido la fábula

La comprensión lectora es parte del aprendizaje de la lectura en los niños. No basta con entender las palabras en sí mismas, sino también que nos quiere decir todo el texto y que reflexionen sobre su mensaje.

Por eso te dejamos unas cuantas preguntas para hacerle al niño tras leer la fábula, así verás si la ha entendido en su totalidad.

1. ¿Qué hacía la hormiga Taichí que no pudo salir a jugar?

2. ¿Cuántos granos de arroz coloreaba la hormiga?

3. ¿Qué sorpresa tenía reservada Taichí a sus amigos?

4. ¿Qué dedicatoria les puso a sus amigos?

5. ¿Qué has aprendido con este cuento?

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