Por qué no debemos obligar a los niños a besar

La manía de los padres de forzar a sus hijos para que besen y abracen

"Venga, dale un beso" me decía mi madre cuando era pequeña, mientras yo me agarraba a sus piernas intentando eludir el momento. "No debes ser maleducada, hay que saludar", insistía hasta que conseguía que le diera un beso a ese tío del pueblo que veía una vez cada dos años, que me resultaba un total extraño y además me pinchaba con la barba. 

Los padres han insistido e insisten mucho en que los niños no sólo saluden, sino que además lo hagan con un beso, sobre todo en los países latinos, donde el contacto físico es más común. Sin embargo, este protocolo no respeta la decisión del niño, su criterio o su forma de ser. La realidad es que no debemos obligar a los niños a besar. 

El error de obligar a los niños a besar 

Por qué no obligar a los niños a besar

Para nosotros el beso es una demostración de afecto, también forma parte del acto social de saludarse. Sin embargo, esto último no suele entenderlo el niño, que todavía desconoce muchas normas sociales.

Por lo tanto, es posible que le cueste besar a esa persona por la que no siente afecto: esa vecina que se cruza con nosotros cada día o esa amiga de mamá no conoce de nada. Es más, incluso sintiendo afecto por una persona en concreto, puede que no le apetezca besarla en un momento determinado. ¿Por qué tanta manía para obligar a los niños a besar?

Los padres muchas veces empujamos a nuestros hijos para que besen a esa persona con la que nos hemos encontrado, creemos que sino el niño pasará por un maleducado y nos dejará en evidencia. Sin embargo, que sean niños no significa que no tengan el derecho o la libertad de decidir y opinar lo que les apetece y no les apetece hacer. Y, mucho menos, significa que el niño sea un maleducado.

Besar y abrazar no debe ser una obligación, ni para un adulto ni, por supuesto, para un niño. Un niño puede saludar educadamente sin necesidad de dar un beso si no lo desea... ¡¡¿¿por qué no??!!

Hay niños a los que el contacto físico con personas que no son de su círculo muy íntimo les provoca angustia, no les gusta que les abracen, ni les besen, no les gusta que les cojan en brazos o les hagan cosquillas. Simplemente, no les gustan que les toquen. No son maleducados, no son niños raros, simplemente, prefieren evitarlo.

Cada niño es un mundo, mi hijo mayor es tremendamente cariñoso y se alimenta de besos y abrazos y, mi sobrino, huye de ellos como la peste... ¿y qué?

En estos casos y momentos sociales que se nos suelen plantear creo que es preferible actuar con normalidad y no insistir si el niño dice que no quiere dar un beso. Tampoco debemos, en ningún caso, chantajearle con el típico: "uy qué triste se va a ir la abuela, no va a poder dormir si no le das un beso". La abuela va a dormir de lujo y al niño no debemos ni manipularle, ni considerar que no tiene criterio porque es pequeño.