Los abrazos y los besos para los niños también son a libre demanda

Los besos alegran, relajan, suben la autoestima y refuerzan el vínculo con la otra persona

Lidia Nieto
Lidia Nieto Editora Jefe

El vacío que siente una cuando deja la lactancia materna es muy grande, y aquí no importa que haya sido decisión de los niños o nuestra, ¡cuesta hacerse a la idea! Yo lo he vivido en mis propias carnes, pero encontré el método de seguir dándoles lo mejor de mí, porque los abrazos y los besos para los niños también son a libre demanda. 

De la lactancia materna a los abrazos y besos a libre demanda para los niños 

Los abrazos y los besos para los niños también son a libre demanda

Nunca tuve claro si iba a dar lactancia materna o leche de fórmula. Tengo un pezón invertido y no sabía si podría poner a mis pequeñas al pecho; además, a pesar de conocer todos los beneficios, tampoco quería obsesionarme, ¡ya se verían las cosas! Y así, sin planearlo ni programarlo (algo raro en mí), estuve un año con la mayor y año y medio con la pequeña. 

Tanto mi pediatra, como mi matrona, y mis amigas que ya iban por delante de mí en esto de ser madre, me habían aconsejado muy bien que la lactancia materna debía de ser a libre demanda, ¡y así lo hice! 

Con mi primogénita, fue todo muy natural. Con mi incorporación al trabajo, fui dejando las tomas y solo mantenía la de la noche, hasta que 8 días antes de que cumpliera un año, ¡no quiso seguir! Lo que sentí en ese momento fue una sensación rara, pero no me preocupaba, ¡tenía que respetarla y fue su decisión! 

Con la pequeña Ana fue distinto. Ella estaba todo el día pegada a mí, bien con el pecho o con los brazos. Era, y es, la 'niña moco' o la 'niña koala', como la han bautizado mis amigos. Con ella, la lactancia materna se alargó hasta el año y medio. Si se caía, ¡solo la tetita de mamá la consolaba!; que tenía sueño, ¡qué mejor forma de hacerlo con el olor y el sabor de su madre!; que tenía hambre, ¡ahí estaba yo! 

Por el día, a pesar de la presión social y de la familia, que decían que iba a seguir 'chupando' cuando llegase a la universidad, no me resultaba pesado, pero por la noche (la acostaba yo y podía tener dos o tres despertares) era muy cansado, así que intenté el desteste nocturno con la mala suerte de que se convirtió en una despedida a la que yo no estaba preparada. Todavía hoy, tres años después, me arrepiento de haber dado ese paso, porque ya no nunca más se volverá a repetir. 

Ya no podía darle mi alimento, pero podía hacer otra cosa igual o mejor: sustituirlo por abrazos y besos a libre demanda, igual de beneficiosos para su desarrollo físico y emocional y para el mío que la lactancia materna; y es que los abrazos y los besos alegran, relajan, suben la autoestima, refuerzan el vínculo con la otra persona... Y así es como me he convertido en una mamá un tanto besucona y pesada para mis hijas. 

Por la mañana antes de irme a trabajar (eso sí, para no despertarlas, las tiro un beso desde la puerta de su habitación para que el hada de los sueños se lo haga llegar); cuando hablo con ellas por teléfono, si las mando un whatsapp porque estén con los abuelos, los viernes cuando voy a buscarlas a la salida del colegio (a la mayor de 8 años ya le empieza a dar vergüenza que tenga esas muestras de cariño en público), en el momento de llegar a casa (en este caso lo combino con un fuerte abrazo) y, por supuesto, antes de caerse rendidas entre sus sábanas de Peppa Pig y Lady Bug. 

Cómo fabrico besos mágicos con mis hijos 

fabricar besos

En mi casa, todos son besos y abrazos que, previamente, fabricamos de distintas maneras. Una actividad que nos divierte y refuerza el vínculo entre los cuatro, porque aquí, a diferencia de la lactancia materna donde el padre puede participar pero no tan activamente, papá aporta muuuuucho. ¿Quieres saber lo que hacemos? 

- Cuando mis hijas me informan de que se les han acabado los besos, les pido que pongan su mano sobre su tripita y que hagan movimientos circulares siguiendo las agujas del reloj durante 10 minutos. Si a la 'máquina' le ha costado arrancar, ¡no pasa nada!, repetimos la acción hasta que comiencen a salir besos por su boca. No los acabamos todos de golpe, sino que los vamos dosificando.

- Otro método que les encanta es coger los pintalabios o gloss de mami, pintarse la boca y sobre un folio en blanco dejar la huella de su boca. Después recortan estos 'besos' y cuando les apetece, ¡me dan uno! 

- Y, por último, lo que hacemos es jugar a '¿De quién es este beso?'. Aquí ponemos a trabajar nuestra imaginación y así es como Ana siempre me da un beso de vaca (lametazo puro y duro en la cara), Elena prefiere los de jugadora de béisbol (se pone al final del pasillo y lo lanza para que yo lo coja y lo meta en mi joyero), papá recita la canción de la hormiguita mientras besa la tripa de las peques ('la hormiguita que sube, que sube, que sube...) y mamá, es decir, una servidora, prefiere el beso de los apretones (nos ponemos todos en un redondel cogidos por los brazos, como si fuéramos un equipo de rugby, y nos besamos todos a la vez). 

Y tú, ¿cuál es tu fórmula secreta para fabricar besos? Sea cual sea, recuerda que ¡los besos y los abrazos son a libre demanda!