Diferencia de berrinches y meltdowns en niños y qué hacer en cada caso

No es lo mismo un meltdown que una rabieta infantil y cada uno necesite una gestión diferente

Arturo Mendoza López
Arturo Mendoza López Psiquiatra infantil

Comúnmente los padres no reconocen la diferencia entre los berrinches y los meltdowns de los niños, por lo que suelen justificar su comportamiento con cualquier de los términos y tratarlo de forma errónea, a pesar de que ninguno de ellos sea un término clínico. Es importante saber distinguir estos estallidos emocionales para saber qué hacer en cada caso con nuestros hijos.

Es decir, cuando el pequeño está haciendo una rabieta, el comportamiento del padre no debería ser el mismo a cuando está teniendo un meltdown.

Cuál es la diferencia entre berrinches y meltdowns en los niños

La diferencia entre berrinches y meltdowns

Comencemos describiendo el comportamiento más común y normal de un niño, el famoso berrinche o rabieta. Este típicamente se produce alrededor de los 2 años de una forma predecible.

Se le conoce como berrinche a un estallido emocional que se origina cuando el niño está intentando obtener algo que quiere o cree que necesita, pero se encuentra frustrado al no conseguirlo.

Es muy común que los niños que tienen ciertas dificultades de aprendizaje, sobre todo de lenguaje y atención, sean más propensos a ser berrinchudos de forma frecuente. De hecho, los niños que suelen ser impulsivos y tener dificultad para controlar sus emociones se enfadan y frustran con facilidad, lo que hace que hagan berrinches seguidos.

Veámoslo de esta forma: si un niño no es el primero en tener una paleta o rabieta, puede llorar, gritar o agredir. También puede enojarse con usted si no le presta atención justo en el momento que él la quiere, siendo esta su forma de hacer un berrinche. Con esto queremos decir que lo que puede hacer que el niño sea berrinchudo es el deseo de conseguir algo, evitar algo, frustración o la sensación de no ser capaz de comunicar sus deseos y necesidades. Se trata, como hemos explicado antes, de un destape o explosión emocional.

En muchas ocasiones podemos observar cómo el pequeño puede detener su berrinche para observar si usted lo está viendo (pues ha llegado a la conclusión de que esa es la forma más rápida para captar tu atención). Esto quiere decir que sí tiene el control sobre su comportamiento.

Una vez que él se asegura y confirma que es así, continua con el comportamiento hasta conseguir lo que quiere (sobre todo si en ocasiones anteriores ha podido comprobar que tú acabas cediendo si tiene una rabieta, grita, llora o se golpea en la cabeza). También ha llegado a suceder que el pequeño puede parar con el berrinche si se da cuenta de que no conseguirá lo que quiere actuando de esa forma.

Qué es un meltdown y cómo identificarlo en tus hijos

El meltdown emocional en los niños

En principio, todos los padres tenemos claro qué es un berrinche o rabieta porque hemos tenido que gestionar más de uno con nuestros hijos. Pero, ¿qué es un meltdown? La palabra meltdown, en el contexto de la educación infantil o crianza, no tiene una traducción única. Originalmente se refiere cuando ocurre una fusión en una planta nuclear, por lo que uno se puede imaginar lo grave del asunto.

Cuando nos referimos a una respuesta muy exagerada y/o explosiva, que incluye a más de una sola persona en una reacción que colapsa el sistema de equilibrio y este se ve abrumado, sobrepasado y se pierde todo el control, se puede decir que ha existido un meltdown.

Un meltdown se define por ser una reacción extrema al sentirse abrumado, sobrepasado y sin control. Es decir, cuando los niños no pueden procesar toda la información sensorial que les llega (porque esta es excesiva) como al pensar demasiadas cosas. En muchas ocasiones, el berrinche puede desencadenar un meltdown.

Podemos observar que el pequeño está sufriendo un meltdown cuando grita, llora, agrede a otros o así mismo furiosamente, huye o incluso se encierra en sí mismo para aislarse. A diferencia de los berrinches, los niños no pueden controlar un meltdown, por lo que estos terminan cuando el niño se agota, cambia su entorno o lo que está experimentando.

Las causas más comunes de los meltdown (o los factores que pueden desencadenar uno) puede ser la sobrecarga emocional tanto de información como sensorial, no sentirse capaz de comunicar sus deseos y necesidades, cambios repentinos en su rutina o sus expectativas e incluso una frustración intensa.

Es muy normal y común que los niños con meltdown necesiten tiempo para tranquilizarse, pierdan la capacidad de resolver los problemas, no respondan a lo que las personas le dicen, no procesen lo que está pasando a su alrededor y se nieguen a escuchar e intenten escapar.

Qué hacer o cómo gestionar una rabieta o pataleta de un niño

Los berrinches y rabietas infantiles

Hay reglas generales que se deben seguir en la mayoría de los casos cuando los niños presentan las rabietas. En el caso de los berrinches, resulta muy útil que los padres actuemos antes de que se produzca la explosión emocional y durante esta. Estas son algunas de las cosas que podemos hacer para acompañar a los niños berrinchudos.

Antes del berrinche infantil:

1. Planee de antemano la satisfacción de las necesidades importantes de sus hijos (alimentación, descanso, hidratación, entre otros.), antes de que usted no pueda darles atención. Es decir, trate de anticiparse a esas situaciones que podrían llegar a desembocar la rabieta. Use sus experiencias previas para planear el futuro próximo. Recuerde que los niños tienen más pataletas cuando están cansados o tienen hambre.

2. Es necesario darse cuenta de cuáles son los disparadores emocionales dentro de la relación entre padres e hijos; es decir, identificar cuáles son esos elementos que hacen que los niños se sientan ansiosos, confundidos, humillados o enojados.

3. Prepare a su hijo, basándose en experiencias previas acerca de contingencias que han ocurrido y que han resultado en berrinches. Por ejemplo: adviértale de que van a ir al supermercado pero que no se les va a comprar ningún dulce.

Durante la rabieta infantil:

4. Identifique posibles disparadores que hay que atender como puede ser el hambre, el cansancio, entre otros. Se trata de anticiparnos a ellos y, si no es posible y llega a estallar la pataleta, tratar de reconocerlos para mitigarlos.

5. Ejerza el control sobre sus propias emociones. Los padres debemos evitar ser impacientes o actuar de forma desesperada; si los niños notan que estamos nerviosos, se pondrán aún más inquietos. Recuerde que los berrinches tienen un final y que lo mejor es esperar.

6. Mantenga su mente despejada para ver causas y buscar alternativas adecuadas para la situación presente. Tome nota de las situaciones que los frustran para tratar de evitarlas en el futuro.

7. No reaccione impulsivamente. Tómese el tiempo necesario para manejar la situación sin prisas.

8. Ignorar los berrinches es mejor que prestarles mucha atención. ¡No le eche leña al fuego! Sin embargo, hay niños que sí que pueden necesitar el contacto físico con sus padres para calmarse. Nadie conoce mejor a su hijo que usted mismo.

9. Evite a toda costa la posibilidad de que alguien pueda salir lastimado.

Cómo actuar ante los meltdowns por sobrecarga emocional

Los meltdown en tus hijos

Ahora bien, durante un meltdown de los niños también puede seguir los siguientes consejos:

- Conocer el origen que está causando esta conducta en tu hijo. No todos los niños son iguales, por lo que en caso de que tenga dos hijos se podrá dar cuenta que el mismo factor no les genera el meltdown. En algunos casos, la sobrecarga emocional puede conducir a un meltdown.

- Intente desviar la atención del origen. Una vez que se ha dado cuenta del factor que lo está generando, intente distraerlo con otra actividad.

- Recordemos que es necesario ser pacientes durante el meltdown. Además de que es importante darle al niño su espacio.

- Piense en un plan para después del meltdown.

También es importante tomar en cuenta que en caso de necesitarlo, puede consultar a un especialista para ayudarle a tratar los comportamientos de los niños y, sobre todo, conocer el detonante de los mismos.

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