Rabietas en niños. Acompañar con consciencia según una guía Montessori

Cómo entender los berrinches y las rabietas de tus hijos para saber cómo actuar en caso de explosión emocional

Marta Prada
Marta Prada Guía Montessori y autora del blog Pequefelicidad

¡Tontaaaa! ¡Vete! ¡Déjame! Cuando los adultos presenciamos las rabietas en los niños sentimos un pellizquito en nuestro corazón, y es que las neuronas espejo hace que nos contagiemos de las emociones de las personas que tenemos al lado. Cuando además, estamos conectados con un vínculo emocional tan fuerte como el que tenemos hacia nuestros hijos, estas situaciones de efervescencia emocional extrema nos remueven hasta lo más profundo.

Desde mi experiencia como madre y como guía Montessori te cuento a continuación cómo acompañar los berrinches infantiles desde la consciencia y el respeto.

¿Por qué los niños tienen rabietas o berrinches?

Las rabietas y berrinches en los niños

Por una galleta que se rompe, por una bufanda que se olvida, por un juguete... Cualquier pequeño acontecimiento puede desencadenar una rabieta. Sin embargo, ese pequeño acontecimiento no es más que el detonante de una situación de sufrimiento o malestar que hay en el niño. Debido a:

La imposibilidad de canalizar necesidades físicas y/o psíquicas
Desde que caminan, las manos de los niños quedan libres y necesitan explorar, ver cómo sus movimientos cobran sentido. Sin embargo, se empiezan a encontrar en esta etapa muchos obstáculos: no toques ahí, no abras eso, no golpees... En ocasiones esas prohibiciones vienen porque alrededor no hay un ambiente preparado que cubra sus necesidades, porque no les damos tiempo suficiente para hacerlo o bien porque el adulto no tiene consciencia sobre esas necesidades.

Frustración por no poder expresarse como necesitan
Hacia los dos años los niños son ya plenamente conscientes de que pueden influir en su ambiente de manera activa. Sin embargo, aunque ya tienen todo el lenguaje fijado en su mente inconsciente, aún no saben sacarlo fuera. Están empezando a expresarse, pero no pueden expresar todo lo que querrían. Por ejemplo: algo tan simple como decir a un hermano '¿Puedo jugar contigo?'.

- Sentimiento de exclusión
A veces los niños se sienten excluidos. El ser humano tiene una fuerte necesidad de pertenencia. Sin embargo, algunas veces nos vemos haciendo tareas de casa o charlando entre adultos y sin darnos cuenta relegamos a los niños y niñas a un plano inferior con expresiones como: vete a jugar, no molestes... El niño se siente excluido cuando no se siente importante para el grupo, cuando no puede aportar cosas útiles. Ese sufrimiento psíquico se puede manifestar en forma de rabietas.

- Aún no saben identificar y gestionar todas sus emociones
Cuando tú tienes un orden interno creado es más fácil identificar tus emociones y canalizarlas hacia el exterior de una forma sana. Sin embargo, cuando son pequeños, los niños aún no tienen un orden claro en su cerebro, aún no tienen el control sobre su propio cuerpo del todo desarrollado. Están desarrollando esa parte del cerebro situada en la corteza prefrontal que regula la flexibilidad en la respuesta, la empatía... Por eso explotan contra el mundo cuando sufren y tienen berrinches.

- Sentimiento de falta de afecto o protección
No todos los niños y niñas tienen rabietas y no todos los niños y niñas tienen las necesidades de afecto, contacto y protección al mismo nivel. Para algunos niños la falta de contacto, de presencia plena repercute en la seguridad con la que se mueven en el mundo y en la formación de autoestima. Este malestar lo manifiestan con su comportamiento y con explosiones emocionales o pataletas más fuertes y frecuentes.

- Cambios internos y externos
Quizá el niño tiene cubiertas todas sus necesidades y un buen desarrollo del lenguaje, pero está experimentando muchos cambios a nivel interno o a nivel externo (mudanza, llegada de un hermanito...). Todo lo que remueva sus emociones en esta etapa puede ser canalizado en forma de rabieta, porque a pesar de que empiezan a formar su identidad, aún acumulan muchos impulsos que irán gestionando a medida que pase el tiempo: a base de experiencias y acompañamiento respetuoso.

Cuando hablamos de gestionar rabietas, por tanto, no solo tenemos que pensar en el detonante o en el momento de explosión. Las rabietas son manifestaciones de ira, rabia, nerviosismo y/o frustración en una etapa plagada de cambios y nuevos hitos que ponen las emociones a flor de piel.

¿Cuándo termina la etapa de las pataletas en los niños?

La etapa de pataletas según una guía Montessori

Muchos padres se preguntan cuánto suele durar la etapa de las rabietas y cuándo sus hijos van a dejar de montar pataletas. La respuesta es: depende de cada niño. Hay algunos niños que apenas tienen rabietas; por increíble que parezca algunos padres y madres no saben lo que es una rabieta. No significa que esos padres o madres lo estén haciendo peor o mejor: significa que cada ser humano tiene un carácter, una predisposición y una forma de percibir y canalizar sus necesidades.

Hay niños, que prácticamente desde antes de caminar ya tienen rabietas y pueden prolongarse hasta los seis años o más, en función de las circunstancias que rodeen al niño. Hay adultos, que siguen teniendo rabietas y eso no es cuestión de carácter, es cuestión de experiencias.

[Leer +: Educar sin gritos según una guía Montessori]

¿Cómo prevenir o evitar los berrinches infantiles?

Tips de una guía Montessori para prevenir berrinches

Lo más importante es que aceptemos las rabietas como algo normal dentro del desarrollo de esta etapa y que las vivamos con apertura y amor. Una rabieta NO es un desafío, NO es una provocación, NO es una prueba que nos pone nuestro hijo o nuestra hija.

Una rabieta es una llamada de socorro, un grito de ayuda. Si acompañamos esos momentos sabiendo lo que son, los podremos vivir de una forma mucho más consciente y respetuosa.

No todas las rabietas se pueden prevenir, pero hay muchas que sí se pueden evitar dotando al niño o niña de un ambiente físico y emocional apropiado y dándole el tiempo, confianza, respeto y amor que necesitan. Como guía Montessori y como mamá, creo que hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

- Ambiente preparado
Un ambiente preparado que le permita sentirse útil y contribuir en el día a día de la familia, así como desarrollar su propia autonomía. En Montessori se busca adaptar este ambiente para ayudar a los niños a ser más independientes.

- Naturaleza
El contacto diario con la naturaleza y el movimiento son bálsamos de calma. Les conectan con su propio cuerpo y les permiten cubrir muchas necesidades a nivel físico y psíquico.

- Movimiento inteligente
Si un niño tiene una gran necesidad de movimiento, debe poder sentir que ese movimiento le construye y no le destruye. Cuando ante el movimiento todo lo que recibe son castigos y riñas el niño se frustra. Podemos invitarles a mover objetos pesados, a machacar alimentos en la cocina, a abrir cajas, a transportar objetos... Cualquier gesto sencillo con el que se sienta útil y vea resultados le ayudará a construirse.

- Presencia, tiempo y confianza
En esta etapa es muy típica la expresión 'Yo solito'. Los niños luchan por su autonomía. Necesitan de nuestra presencia silenciosa, que les mostremos y después les dejemos que practiquen sin interrumpirles, que les demos tiempo y que les motivemos.

- Rutinas
Las rutinas aportan a los niños orden mental, les aportan seguridad y confianza. Componentes claves para su estabilidad emocional.

Un niño que se siente integrado y que tiene momentos a lo largo del día de sus figuras de apego de presencia plena y consciente será un niño con muchas menos rabietas. El ambiente emocional estable a su alrededor será también un agente fundamental a la hora de vivir esta etapa.

[Leer +: Usar una torre de aprendizaje según Montessori]

¿Cómo acompañar con consciencia las rabietas en niños?

Acompañar con consciencia las rabietas de los niños

Quizá la primera idea clave es que nuestra intención no ha de ser que cese la rabieta. Nuestra intención es acompañar esa rabieta. Cada niño necesita un tipo de acompañamiento, por eso no hay herramientas clave que vayan a funcionar siempre. Incluso el mismo niño, en función del detonante y la situación puede necesitar diferentes acompañamientos en diferentes berrinches.

Lo más importante es que estés muy presente en el aquí y en el ahora, que como adulto no te dejes llevar por pensamientos irracionales como: 'Esto es intolerable' 'Me está desafiando...'

1. Algunos niños pueden necesitar algo de espacio
Que les demos un poquito de espacio no significa que les abandonemos o les ignoremos hasta que se les pase. Significa que les vamos a dar un poco de espacio, transmitiéndole ese mensaje de que estamos aquí para acompañarle, que le comprendemos y que cuando esté listo puede hablar con nosotros, que le vamos a estar escuchando.

2. Validar emociones
Ante una rabieta, tenemos que validar las emociones que siente el niño. Puede funcionar mirar a los ojos, poner en palabras el motivo de la rabieta: '¿Estás nervioso porque vienen los abuelos? Te entiendo.' Validar emociones no significa condonar actitudes. Recuerda siempre ponerte a su altura y buscar el contacto visual. Es clave para conectar corazones.

3. En algunos casos necesitan contacto
Quizá puede ayudarles que los mezamos, que les demos un masaje en las manos...

4. Cambiar la energía
Esto se puede hacer de muchas maneras. Delegando en otra persona que no ha estado en el momento detonante de la rabieta si es que la hay, utilizando alguna historia que le sorprenda, haciendo alguna broma, algún pequeño juego, cantando una canción suave... Se trata de redirigir la energía hacia algo que creamos que procede en ese momento o que le va a ayudar a salir de la ira por el efecto sorpresa o el efecto bálsamo. ¿Qué? Eso lo sabrás si estás presente en el aquí y el ahora.

5. Lo que puedes evitar
Lo más importante que tienen que tener en cuenta es NO abandonar, NO entrar tú en rabieta, NO ignorar y NO sermonear en ese momento.

Tips de una guía Montessori: ¿qué hacer después de la rabieta?

Las rabietas de los niños y sus emociones

Cuando el berrinche haya pasado y se haya sanado por ambas partes (adulto y niño) es momento de sentarnos a buscar soluciones para que tenga herramientas y pueda razonar desde la calma. NO es conveniente echarle en cara el momento de la rabieta. Pero sí hablar en general de cómo gestionar ciertas situaciones similares con la voz:

- Qué podemos hacer cuando nos sentimos enfadados

- Cómo podemos pedir atención a mamá

- Cómo podemos pedir prestado un juguete

- Qué podemos hacer cuando una galleta se nos rompe

Busquemos soluciones desde la calma, y démosles herramientas que les permitan ir desarrollando con el tiempo habilidades sociales. Hay una cita para mí reveladora en cuanto a la gestión de las rabietas desde el respeto: 'Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite'.

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