Barón y el niño que estaba triste - Cuento corto sobre las emociones

La historia habla de la tristeza y la alegría de un niño y su perro, así como de la inteligencia emocional

Revisado por Fabiola Hernández Pérez, Periodista y editora
En este artículo
  1. Cuento para niños sobre la tristeza y la alegría - Barón y el niño que estaba triste
  2. Preguntas sobre el cuento corto y juegos para hablar a los niños de las emociones
  3. Más cuentos cortos para niños que hablan acerca de la gestión de las emociones

La inteligencia emocional también se puede tratar a partir de los cuentos infantiles. Se trata de enseñar a los niños a identificar y ponerle nombre a aquello que siente en cada momento. Este cuento corto, titulado 'Barón y el niño que estaba triste', habla sobre la tristeza y la alegría. Puede ser una tierna excusa para empezar a trabajar con los niños algunas de las emociones más básicas. Tras la historia te proponemos más juegos y actividades complementarias.

Cuento para niños sobre la tristeza y la alegría - Barón y el niño que estaba triste

Cuento corto sobre las emociones para niños

Barón tenía las patas anchas, el hocico marrón y las orejas muy grandes; era un perro muy alegre que siempre estaba moviendo la cola, y el único de la casa que en los últimos meses lograba sacar una sonrisa al pequeño. Lo encontraron abandonado dentro de un contenedor de basura y se lo llevaron a casa con tan solo unos días de vida; desde entonces se convirtió en el mejor amigo de juegos de Elías.

Últimamente Elías siempre estaba triste. El niño sabía que algo le pasaba pero era incapaz de explicarlo, y eso lo hacía sufrir terriblemente. Tenía una opresión en el pecho y sentía que a veces se ahogaba, pero no sabía cómo contárselo a sus padres.

- ¿Qué te pasa cariño? - le preguntaba preocupada su madre.

- ¡Puedes confiar en nosotros! - le repetía una y otra vez su padre; pero Elías era incapaz de explicar lo que le sucedía, aunque en su interior pedía a gritos que lo ayudaran.

El perro daba grandes lametazos a Elías cuando lo veía triste para consolarlo; pero el niño lo apartaba de su lado encerrado en su mundo. Al poco tiempo Barón amaneció enfermo; se quejaba lastimeramente y no abría los ojos. Elías y sus padres preocupados lo llevaron enseguida al veterinario.

- Barón no tiene ninguna enfermedad que le cause estos trastornos - dijo muy seguro de sí mismo.

Los tres lo miraron ansiosos esperando que les dijera qué le pasaba a Barón.

- Este perro está muy triste, hay algo que lo hace sentir así - sentenció el veterinario.

Los tres se quedaron muy callados, y de vuelta a casa, Elías con Barón en sus brazos iba llorando en silencio en el sillón trasero del coche. Elías se dio cuenta de lo que pasaba y quiso ayudar a Barón; lo acariciaba y abrazaba constantemente, y eso hizo que los dos se sintieran mejor. Un día Elías agarró una pelota y se la lanzó al perro; hacía mucho tiempo que no jugaban juntos.

Empezaron a corretear por el jardín como antes, y Barón comenzó a mover la cola, mientras que Elías, ante la felicidad de sus padres soltaba alguna carcajada de vez en cuando. Con el tiempo, de igual manera que entró la tristeza en sus vidas, sin que apenas se dieran cuenta, también entró la alegría en sus corazones.

Preguntas sobre el cuento corto y juegos para hablar a los niños de las emociones

Tras leer este cuento sobre las emociones de un niño y su perro, te proponemos una serie de preguntas que puedes plantearle a tu hijo para que reflexione sobre el tema:

  • ¿Cómo era Barón y qué papel tenía en la vida de Elías?
  • ¿Cómo intentaba Barón consolar a Elías cuando lo veía mal?
  • ¿Qué ocurrió cuando Barón empezó a sentirse enfermo?
  • ¿Qué explicación dio el veterinario sobre el estado de Barón?
  • ¿Qué acciones hicieron que tanto Elías como Barón empezaran a sentirse mejor?
  • ¿Qué enseñanza transmite el final del cuento sobre la tristeza y la alegría?
  • ¿Cómo te sientes cuando estás triste? ¿Y cuando estás alegre?
  • ¿Te acuerdas de alguna vez en la que hayas estado triste? ¿Y alguna en la que hayas estado alegre?
  • ¿Crees que cuando un niño está triste tiene ganas de cantar y jugar con sus amigos? ¿O le apetece más cuando está contento?
  • Una pregunta más complicada: si la tristeza y la alegría fueran colores, ¿cuáles crees que serían?

Juegos que fomentan la inteligencia emocional de los niños

Juegos para trabajar la inteligencia emocional de los niños

1. El comecocos de las emociones
Utilizando un comecocos (esas figuras de papel para jugar con las manos) puedes trabajar las 6 emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa. Tenéis que dibujar una carita que represente cada una de ellas en cada lado del comecocos. Cada vez que os salga cada una de ellas, tendréis que adoptar el gesto que corresponda. De esta forma, el niño identifica la emoción y aprende a expresarla y gestionarla.

2. El juego de las caras
Mientras os estéis lavando los dientes, aprovechad el espejo del baño para poner muecas con distintas emociones: tristeza, enfado, felicidad... Para enriquecer el juego, podéis acompañar cada expresión con la postura del cuerpo o una pequeña historia que explique por qué alguien se sentiría así, esto ayuda a los niños a reconocer mejor las emociones propias y ajenas.

3. El semáforo de las emociones
Este juego ayuda a los niños a aprender a detenerse y pensar antes de reaccionar. Dibujad juntos un semáforo en el que el rojo significa parar y reconocer lo que están sintiendo; el amarillo para respirar y pensar qué pueden hacer con esa emoción; y el verde es actuar de forma calmada y respetuosa. Podéis practicar con situaciones cotidianas, como cuando discuten con alguien.

4. Detectives de emociones
En este juego, un niño representa una emoción usando solamente su rostro y su cuerpo, sin hablar, mientras los demás intentan adivinar qué siente. Después, se puede conversar sobre qué señales les han ayudado a descubrirlo y qué podrían hacer para ayudar a alguien que se siente así. Esta actividad favorece la empatía y la capacidad de reconocer emociones en los demás.

5. La ruleta de soluciones
Podéis crear una ruleta o tarjetas con distintas formas de actuar ante emociones intensas: respirar, pedir ayuda, hablar de lo que sentimos o contar hasta diez. Al plantear pequeñas situaciones, el niño gira la ruleta y reflexiona sobre la opción que le toca. Así aprende que existen diferentes maneras de afrontar lo que siente y que puede elegir la más adecuada para cada momento.

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