Ser cariñosos con nuestros hijos no es sobreprotegerles

Dar besos y abrazos a los hijos tiene un efecto muy positivo en su desarrollo cerebral y en su bienestar general

Rafa Guerrero

Dar cariño, besos, abrazos y achuchones que protegen y reconfortan a nuestro bebé es fundamental. ¿Sabías que hay muchas razones por las que es muy importante abrazar a nuestros hijos a diario? ¿De qué modo estos gestos influyen en el desarrollo de su cerebro? Hablamos de los mitos y verdades sobre las muestras de amor y, sobre todo, te explicamos por qué ser cariñosos con nuestros hijos no es sobreprotegerles. 

El cariño nunca puede hacer daño a los niños

sobreproteger a los niños

Partimos de la base de que cuando los bebés nacen son inmaduros, ¡necesitan de todos nuestros cuidados y también de todo el afecto que podamos darles! Si queremos que el día de mañana nuestros hijos sean personas seguras, previamente en la infancia les tenemos que proteger. Que no sobreproteger, y es que es un término que muchas veces se usa de forma errónea.

Por eso, dar besos, abrazos y entregarnos en cuerpo y alma a nuestros hijos es lo mejor que podemos hacer. Queda desterrado así el mito de que si les damos muchos achuchones o les cogemos a cada rato en brazos les estamos sobreprotegiendo. Tampoco es verdad que se vayan a malacostumbrar.

Nuestros hijos necesitan muchas cosas de nosotros, una de ellas es que estemos presentes para ellos, que les demos todo nuestro amor en todas las etapas de su vida: de recién nacidos, en su primera infancia y también cuando se van haciendo mayores.

¿Y cómo influye en el cerebro del niño el cariño de los padres?

cariño de los padres

¿Sabías que el cerebro tarda unos 25 años en alcanzar su punto de máximo desarrollo? ¿O que trabaja siempre, de día y también de noche? ¿Conocías que el apego seguro y los buenos tratos son clave para un desarrollo cerebral sano y equilibrado? ¡Se podría decir que los ingredientes que todo niño necesita para ser feliz se tienen que dar en su infancia!

Se ha demostrado que las caricias, los abrazos y el amor de una madre a su hijo recién nacido reducen la liberación de cortisol, la conocida hormona del estrés. Y además hace que trabaje a pleno rendimiento esa otra hormona a la que todos llaman coloquialmente la hormona de la felicidad.

Por otro lado, debes saber que el cariño y el afecto también sirven para trabajar la resiliencia y la empatía en los niños. La resiliencia, que por cierto es un concepto que hace referencia a la resistencia de una barra de hierro ante un golpe, poco tiene que ver la genética. Si nosotros tenemos una alta resiliencia, no quiere decir que nuestros hijos también, por el mero hecho de serlo.

¿Sabes algo que sí sirve para tratar de potenciar esta cualidad en los hijos? ¡De nuevo los besos y los abrazos de los padres! Si los hijos reciben de nosotros todo el cariño y el amor incondicional que les profesamos y que tanto se merecen, lo tendrán mucho más fácil a la hora de adaptarse o sobreponerse a una situación estresante, ahora y también en un futuro cuando sean adultos.

Si hablamos de la empatía, debemos destacar que el ser humano solo será capaz de desarrollarla si en su infancia se ha sentido querido y protegido. Sabrá ponerse en el lugar de los demás, entender sus emociones si él mismo se ha sentido querido por su figura de apego. Por eso es tan fundamental proteger a los hijos siempre, más aún en la primera infancia. ¡Sin protección no hay seguridad!

Aprende a reconocer las necesidades de tus hijos

emociones de los niños

Como padres y madres que somos también debemos aprender a reconocer las necesidades de los hijos en cada momento: si llora porque tiene hambre, si está disgustado porque le ha pasado algo en el cole, si se siente solo, si experimenta miedo o frustración...

Saber reconocer las necesidades de los hijos nos va a permitir conectar con ellos, que es justo lo que nos va a dar la maravillosa oportunidad de saber cómo está su cerebro. Y, por lo tanto, poder cubrir esta necesidad o cualquier otra que se presente.

Dicho de otro modo, tenemos ante nosotros la tarea de ser responsivos, que quiere decir saber dar respuesta a sus necesidades. sean las que sean. Por lo que bien podemos decir que dar abrazos (cuantos más mejor) a los hijos tiene un efecto muy positivo en su desarrollo cerebral y en su bienestar general. ¿Y tú, cuántos besos y abrazos has dado hoy a tus niños?

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