Cómo combatir el agotamiento de un niño y no convertirlo en rutina
Cuando los niños están agotados te decimos cómo ayudar a tus hijos a recuperar la calma
- ¿Por qué el cansancio también se nota en las emociones de los niños?
- Señales claras para identificar cuando un niño está agotado o al límite
- Estrategias para los padres - Qué hacer cuando tu hijo está muy cansado
- Tips eficaces para evitar que el agotamiento se convierta en rutina
El cansancio en los niños no siempre se ve como en los adultos porque ellos no dicen directamente 'estoy agotado' o 'necesito descansar', sino que lloran por cualquier cosa, hacen berrinches, se enfadan, se quedan sin paciencia y parecen incapaces de obedecer indicaciones sencillas. A falta de recursos emocionales para seguir sosteniendo el día, te decimos cómo combatir el agotamiento de un niño y no convertirlo en rutina.
¿Por qué el cansancio también se nota en las emociones de los niños?

Cuando un niño está muy cansado, su capacidad de autorregularse baja muchísimo, ya que le cuesta esperar, escuchar, aceptar un 'no' por respuesta y tolerar pequeños cambios. Por eso, antes de pensar que es un capricho, hay que averiguar si ha dormido bien, ha tenido demasiadas actividades, ha comido, ha tenido algún un momento de calma o si ha estado bajo mucha presión.
El descanso jamás será un premio o pérdida de tiempo, ya que es una necesidad para crecer, aprender y estar emocionalmente estable. Los niños de 6 a 12 años deben dormir entre 9 y 12 horas al día, y los adolescentes de 13 a 18 años entre 8 y 10 horas, según recomendaciones de la American Academy of Sleep Medicine. No dormir lo suficiente se asocia a problemas de conducta.
Hay que decir que el agotamiento infantil no es solo físico: un niño puede estar agotado aunque no haya corrido o hecho actividad en todo el día. Puede estar cansado por exceso de ruido, cambios de rutina, actividades extraescolares, falta de sueño o por no haber tenido tiempo para jugar libremente y cuando el cuerpo y el cerebro del niño llegan al límite, su conducta cambia.
También hay que tener en cuenta que un niño cansado no siempre puede explicar lo que le pasa, así que contesta mal, llora porque el vaso no es el que quería o explota porque se le cayó un juguete. Por eso, una buena pregunta es '¿qué necesita mi hijo?'. Quizá solo dormir y no otra actividad, sino nada más que silencio. Quizá no necesita control, sino que le ayuden a recuperarlo.
Señales claras para identificar cuando un niño está agotado o al límite

Cuando un pequeño se siente agotado, se vuelve irritable o llora más, mientras que otros se quedan callados, desconectados o muy sensibles. También puede aparecer la 'hiperactividad de cansancio', que es cuando parecen tener más energía y no paran, pero en realidad están pasados de vueltas. En el momento en que el niño parece 'incontrolable' es el punto en el que necesitaba parar.
El problema es que los adultos interpretamos el cansancio desde nuestra lógica y pensamos que si está corriendo es que todavía tiene energía pero muchos niños no saben reconocer las señales de su agotamiento y como cada niño muestra el cansancio de manera distinta, hay signos que pueden orientar a los padres e indicar que su hijo está acumulando más agotamiento del que puede manejar:
- Llora con facilidad. Se frustra por cosas pequeñas y rompe en llanto rápidamente
- Tiene berrinches más intensos, es decir que las rabietas duran más o son más difíciles de calmar.
- Está irritable o responde mal: contesta con enfado y se muestra desafiante.
- Le cuesta concentrarse y no termina tareas simples, se distrae más o necesita que le repitan varias veces lo mismo.
- Se mueve sin parar. Puede parecer lleno de energía, pero en realidad está sobreestimulado y no baja el ritmo.
- Se queda apagado o sin ganas. De pronto no quiere jugar, hablar, hacer deberes o participar en actividades que usualmente disfruta.
- Tiene más conflictos con sus hermanos o compañeros. No tolera la espera, tomar un turno, el ruido, la frustración o los desacuerdos.
- Le cuesta dormir aunque esté cansado. Está tan activado que no logra relajarse y pone pretextos como pedir agua o se levanta varias veces.
- Come peor o pide más azúcar. Algunos niños pierden el apetito y otros buscan alimentos rápidos porque su cuerpo pide recuperar su energía inmediatamente.
- Se queja de dolor de cabeza, tripa o malestar. ¿Sabías que el cansancio también puede manifestarse en el cuerpo, sobre todo cuando se acumula?
Si estas señales aparecen de vez en cuando usualmente es parte normal de un día intenso. Pero si son frecuentes, si el niño parece muy agotado, si duerme mucho y no se recupera, o si hay cambios en su peso, ánimo, apetito, rendimiento o conducta, lo mejor es consultar con el pediatra. El cansancio infantil persistente tiene muchas causas y es mejor tratarlo a la brevedad.
Estrategias para los padres - Qué hacer cuando tu hijo está muy cansado

Cuando un niño está agotado, no es momento para razonar o exigir autocontrol. Su cerebro está con la batería en rojo, así que lo primero es bajar la intensidad y ayudarle a recuperar calma. Una buena estrategia es hablar menos y en vez de preguntar muchas veces '¿qué te pasa?' dile: 'noto que estás muy cansado, mejor vamos a parar un momento'. Esto reduce parte de la tensión.
También ayudará reducir estímulos, es decir, podemos apagar la televisión, bajar la luz, hablar en voz más suave, evitar nuevas órdenes y ofrecer un espacio tranquilo. También puedes ofrecer agua o algo de comer, proponer un baño tibio, abrazarlo si acepta el contacto físico, sentarte cerca sin invadirlo, leer un cuento corto, poner música suave, salir a caminar o adelantar la hora de dormir.
Lo más difícil para los padres es no tomarse la explosión como agresión, porque un niño agotado dice 'no te quiero', 'eres malo' o 'vete', pero lo que hace es expresar su malestar con lo que tiene. Eso sí: acompañar no significa permitirlo todo, ya que se puede validar el cansancio y mantener los límites. Por ejemplo, si te pega, dile: 'voy a sujetar tus manos y nos calmamos juntos'.
El mensaje es: 'te acompaño, pero te protejo y protejo a los demás'. Después de que pase la crisis, revisen juntos el día. Ve si hubo demasiadas actividades, si durmió poco, comió mal, pasó muchas horas expuesto a las pantallas o si no tuvo tiempo de juego libre. Recuerda que cada explosión puede ser una pista más para ajustar las rutinas, no solo un episodio que hay que 'corregir'.
Tips eficaces para evitar que el agotamiento se convierta en rutina

Hay que entender que los niños no están cansados por un día puntual, sino por llevar una vida demasiado llena. Entre el colegio, los deberes, las clases de inglés, fútbol, música y natación, hasta ir a los cumpleaños, el tiempo en pantallas, los planes familiares, las visitas y las prisas, casi no les queda espacio para aburrirse, jugar sin un objetivo específico o simplemente para estar en silencio.
Las extraescolares son muy positivas, pero tener demasiadas pueden convertirse en una agenda adulta sobresaturada. Un niño no necesita estar ocupado para desarrollarse, de hecho, el juego libre y no estructurado es fundamental para su desarrollo y su capacidad de manejar el estrés; la Academia Americana de Pediatría remarca la importancia de procurar el juego en el bienestar infantil.
Justamente para evitar que el cansancio se vuelva rutina, los papás deben revisar la agenda con una pregunta simple: '¿Mi hijo tiene tiempo para descansar?', ojo: NO tiempo entre actividades o en el coche, sino tiempo real, sin exigencias y sin prisas. Si la respuesta es 'no', lo mejor es quitar la carga en las actividades extras que llevan los niños y eliminar algunas.
En ese aspecto, apóyate en la regla de 'menos, pero mejor'. Es preferible que tu hijo tenga una o dos actividades que disfrute y no que las haga por obligación. Si una extraescolar le provoca llanto, estrés o le priva de su sueño hay que reducir la frecuencia. Recuerda que el aburrimiento no es el enemigo de la infancia: a veces, el mejor plan para tus hijos es no tener un plan.
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Bibliografía
- Fierro Urturi, A. (n. D) Fatiga en el lactante y en el niño pequeño. Guía de ayuda. Manejo práctico de los problemas pediátricos más frecuentes en la escuela y guardería. Consejos para profesorado y cuidadores escolares. Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (ed.) España, pp. 1-14 Disponible en https://www.aepap.org/sites/default/files/06_educ_salud_fatiga_lac_guarderias_corr.pdf