Que un niño tenga mamitis no solo es normal, sino que es sano y necesario

Este vínculo especial entre mamá e hijo debe fomentarse siempre en beneficio del desarrollo del niño

Marta Prada
Marta Prada Formadora y Guía Montessori

¡Este niño lo que tienes es mamitis! Pero que un niño tenga mamitis no solo es normal, sino que es sano y necesario. ¡Sí! Estamos demasiado acostumbrados a escuchar esta expresión, que convierten el vínculo de apego entre un niño y una mamá en algo negativo para ambos. ¿Pero por qué? La realidad es que no tenemos suficiente conocimiento sobre cómo funciona el desarrollo humano. Sobre crianza hay muchas ideas preconcebidas sin ninguna base científica.

Cuando te conviertes en madre, a veces te sientes vulnerable, se reabren y se reavivan incluso tus propias heridas de la infancia y entonces esas expresiones: '¿Todavía toma teta?', '¿Y dices que duerme contigo?', '¿Otra vez vas a cogerle en brazos?' Esas expresiones duelen: te hacen sentir sola, incomprendida y juzgada, así que es necesario decir alto y claro que la mamitis no solo es natural, sino también es sana.

¿Por qué la mamitis es normal, sana y necesaria para un niño?

La mamitis es sana, normal y necesaria para un niño

En los primeros años de vida se forja el apego seguro y la confianza básica en el mundo. Esto es posible gracias a un entorno emocional estable y al afecto, cercanía y vínculo con la mamá, que suele ser comúnmente la figura principal de referencia. La mamá es el nexo de unión con el mundo: gracias este vínculo el bebé se siente a salvo y protegido, eso le da seguridad para explorar y adaptarse a su entorno.

Esa mamitis, que se ve equivocadamente como algo negativo, en realidad es un trampolín. Para ser un adulto independiente y seguro, primero debió haber sido un bebé dependiente, apegado, sostenido y, por supuesto, amado. Cuando no consiguen establecer ese apego seguro se generan heridas que, en ocasiones, permanecerán en el subconsciente durante toda la vida. La infancia es la etapa más trascendente para la formación del ser humano.

Antes se creía que dejar a un niño llorar era lo más adecuado porque si lo hacíamos varias veces el niño acababa dejando de reclamarnos. Hoy sabemos que el niño no aprende a dejar de llorar: aprende a rendirse, aprende que cuando necesite afecto o cercanía no los va a tener, aprende que el llanto, que es su única vía de comunicación para expresar necesidades, no funciona, por tanto, aprende a renunciar a ellas.

Cualquiera que conozca algo sobre la teoría del apego sabe que el afecto, el amor y el contacto es fundamental para la supervivencia y para un sano desarrollo, tanto como lo pueden ser el calor o el alimento. El amor jamás va a ser malo, ¡al contrario! Expresar amor al niño y tener un apego con él es más beneficioso que dañino.

La figura materna en el apego positivo: cómo fomentar la mamitis sana

El apego positivo y la mamitis sana

Por lógica, la madre suele ser la figura natural de apego de un bebé (de ahí el término mamitis), porque ha sido su hogar durante nueve meses y al llegar al mundo se enfrenta a un entorno totalmente diferente al vientre materno: desconocido y lleno de nuevos estímulos. Por eso mamá es el punto de referencia, es seguridad, es el hogar conocido y es la calma a través de sus abrazos y besos.

La gestación continúa fuera del vientre materno, en unas semanas posteriores que son un periodo simbiótico, casi de constante unión, necesaria para que el bebé nazca no solo físicamente, sino también psíquicamente. La mamá no solo va a ser el punto de referencia para desarrollar la confianza básica en el mundo, sino también el trampolín y el nexo para abrirse a otras experiencias y personas.

Si dejásemos a un bebé de pocos meses en una habitación con algunos objetos nuevos y su mamá, veríamos que enseguida gatea para descubrirlos y explorarlos, no sin mirar de reojillo a su mamá. Sin embargo, si ella sale de esa habitación el bebé se siente tan inseguro que ya no hay esa apertura a la exploración. Por eso, la separación de su figura principal de apego es la más antinatural, dura y compleja.

Y es por eso también que cuanto más inseguros se sienten, más buscan esa seguridad que les otorga su figura de apego: ante caídas, hambre, sueño, situaciones nuevas… es tan sencillo como que si está mamá se sienten a salvo, seguros. La figura materna es la primera que conoce, la que está con ellos desde nueve meses atrás y que está pendiente de sus primeras necesidades al nacer.

¡Ayuda! ¿Cómo explico que me encanta que mi hijo tenga mamitis?

Me encanta que mi hijo tenga mamitis

Muchas madres siguen viviendo una crianza llena de inseguridad, soledad y frustración, precisamente debido a las falsas creencias, críticas y presión que ejerce su entorno. '¿Qué contestar cuando me dicen que mi hijo tiene mamitis?' Aquí tienes una idea… '¡Y qué suerte que la tenga! Porque eso significa que todo marcha bien. La mamitis es sana'. No obstante, también depende de dónde venga ese comentario.

Para muchas madres resulta agotador dar continuamente explicaciones a otras personas para justificar su forma de criar. No todo el mundo va a estar de acuerdo con tu forma de hacerlo y hay que aceptarlo. Sin embargo, sí es necesario poner límites en muchas de esas circunstancias para evitar que esas opiniones y juicios se suelten indiscriminadamente, como si cualquier persona pudiese tener la potestad de opinar y dar consejos sobre tu crianza.

Eso nos puede hacer daño y es sano responder desde el respeto y poner límites: 'Te agradezco tu opinión, sé que es con buena intención. Yo estoy informada sobre crianza y desarrollo infantil y he decidido hacerlo así y así seguiré haciéndolo'. En ocasiones, incluso es la propia pareja la que se siente desplazada y presiona para acabar con ese vínculo de dependencia que le hace sentir excluido.

Si esto ocurre es necesario hablar para que la situación no desemboque en un clima de tensión y malestar en la pareja. Hay que comunicarse y aprender a expresar nuestros sentimientos y necesidades, sin herir. Si una madre se siente sola a la hora de criar o educar probablemente pronto estará agotada y sintiendo un gran desequilibrio individual.

Evita que la mamitis te aleje de tu pareja e intégralo a la crianza positiva

Que la mamitis no te aleje de tu pareja

Todo lo anterior puede generar grandes problemas de pareja a la larga, así que las cosas es mejor hablarlas para comprender mejor cómo se siente nuestra pareja y qué necesita; también que él comprenda mejor cómo nos sentimos y qué necesitamos. El equilibrio familiar hay que cultivarlo día tras día, y para esto la comunicación y la empatía son fundamentales por ambas partes.

El otro miembro de la pareja puede ir forjando el vínculo con el bebé de forma progresiva, en situaciones en las que el niño esté relajado y tranquilo: por ejemplo, en momentos de juego o a la hora del baño. La presencia de la mamá en esos momentos creará un triángulo de unión en el que el niño comenzará a sentirse seguro y amado: su familia.

Con los años ese vínculo se irá haciendo tan fuerte como el de mamá, o incluso más. Muchos bebés suelen desarrollar un apego también con papá y en vez de mamitis es papitis, la cual también es muy sana. Además de que el otro progenitor es una figura indispensable para alentar, proteger y dar sustento a todas las tareas contiguas que lleva consigo un hogar con niños.

Para ser adultos seguros e independientes, primero debemos haber sido bebés dependientes, apegados, sostenidos y amados. El amor no malcría. Malcría la falta de afecto y presencia que se suple con lo material o con permisividad. Hay un proverbio africano que dice que el niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto, quemará la aldea para sentir su calor.

Con toda esta información podemos decir que un niño tenga mamitis no solo es normal, sino que es sano y necesario para su óptimo desarrollo. ¡Abraza y besa mucho a tu bebé!

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