Baja tolerancia a la frustración en niños. Tips de una guía Montessori

Cuando tu hijo se frustra cuando no consigue lo que quiere o se siente incapaz. Educación emocional

Marta Prada
Marta Prada Formadora y Guía Montessori

'¡No puedoooo! Hazlo tú, tú, tú...'. ¿Te suena? En esta ocasión, hablamos sobre la baja tolerancia a la frustración de algunos niños. Como todas las emociones que están presentes en el ser humano, en su justa medida, tienen un sentido que nos impulsa a evolucionar. Sin embargo, cuando la frustración o cualquier otra emoción nos invade de forma excesiva y/o continuada y se apodera de nosotros... Suelen convertirse en un obstáculo. A continuación te doy algunos consejos como guía Montessori y como madre para evitarlo.

Causas de la frustración infantil, una emoción como otra cualquiera

Los niños con baja tolerancia a la frustración

¿Por qué se frustran los niños y niñas? Conocer las causas detrás de la frustración nos ayudará a saber cómo podemos acompañar a nuestros hijos. Estos son algunos de los posibles motivos que desencadenan esta emoción en los más pequeños.

- Por no poder explorar su entorno.
- Por no conseguir hacer algo por sí mismos que se proponen.
- Por no poder cubrir sus necesidades físicas o emocionales.
- Por no poder seguir sus sensibilidades temporales: orden, lenguaje, movimiento, refinamiento de los sentidos.
- Porque fracasan por primera vez.
- Porque lleva tiempo aceptar que convivimos en sociedad y el mundo no gira en torno a un ser individual.
- Por no obtener lo que desean.
- Por sentirse inferiores a otras personas con las que se comparan.

Tips de una guía Montessori para niños con baja tolerancia a la frustración

Tips de una guía montessori para padres

La frustración es una emoción inversa a la sensación de logro. Es decir, cuanta más sensación de logro experimento en mi día a día, mayor tolerancia a la frustración tengo. El umbral de frustración baja. Entonces, ¿cómo aumentar esa sensación de logro en los niños? Hay dos cuestiones claves:

- La confianza, el tiempo y la observación

Debemos brindar confianza, tiempo y observación al niño o niña para que haga cosas valiosas por sí mismo y por su entorno. Para esto necesita tiempo y confianza suficiente para practicar, equivocarse y aprender. El adulto ha de observar las necesidades y sensibilidades que tiene el niño en cada momento para proveerle de un ambiente que le permita cubrirlas. Esta es una de las bases sobre las que el método Montessori se sustenta.

Por ejemplo: si un niño se pasa el día escalando, la solución no es prohibir, gritar, reñir o amenazar ('si no te bajas de ahí, nos vamos'). Es mejor optar por mostrarle dónde lo puede hacer (por ejemplo; en la naturaleza y cómo y hasta dónde lo puede hacer con seguridad), porque escalar, trepar, saltar, lanzar, abrir, cerrar, verter, golpear, estrujar... son necesidades de los niños. Solo necesitan encontrar la manera de cubrirlas de forma útil.

- Brindar un ambiente preparado

Por todo lo que he comentado anteriormente es importante ofrecer un ambiente preparado a la altura de los niños en el que sientan que pueden cubrir sus necesidades físicas y psíquicas. Por ejemplo: ¿puede el niño beber agua cuando tiene sed o depende del adulto para hacerlo? Montessori también nos invita a adaptar nuestro hogar para fomentar la autonomía de nuestros hijos e hijas.

Muchas familias creen que protegen a sus hijos cuando hacen por ellos gestos cotidianos como peinarles, servirles agua, vestirles o bajarles inmediatamente de cualquier sitio al que escalan en el parque. Sin embargo, hay una diferencia grande entre proteger y sobreproteger.

La sobreprotección genera inseguridad, necesidad de aprobación y un daño consistente en la autoestima de los niños y niñas. Cuando alguien hace demasiadas cosas por ellos se va haciendo fuerte la creencia de que ellos no son capaces, de que no valen, de que son torpes o de que son lentos...

Y aunque no se lo digamos con palabras, se lo estamos diciendo con acciones que calan de una manera mucho más profunda. Por tanto, evitar la sobreprotección de los niños y niñas es la mejor manera de prevenir que la frustración se convierta en un obstáculo.

Cómo acompañar a los niños cuando sienten frustración

La educación emocional y la frustración de los niños

¿Qué hacer cuando mi hijo me dice continuamente 'NO PUEDO'?

1. Observar a qué dificultad se está encontrando tu hijo o hija
Puede que realmente sea algo inalcanzable para su edad. Ahora bien, si tiene alguna probabilidad de conseguirlo la ayuda será guiarle para que sienta que puede conseguirlo.

2. Ofrece aliento
Nuestras palabras son muy importantes. Si le está costando y alguien le dice 'quita, que ya lo hago yo' el mensaje que le queda es 'yo no soy capaz'. Es más recomendable optar por frases como: 'Ya casi lo has conseguido'. 'Te falta muy poco'. 'Ya prácticamente has acabado'.' Lo estás haciendo tú solo'... Son palabras que le pueden alentar para continuar con su trabajo o su esfuerzo.

3. Ayuda a los niños a reconectar con su meta
Una pequeña guía para que encuentre otras alternativas puede servirle de ayudar para reconectar con su objetivo. '¿Has probado a hacerlo de otra manera?', '¿Y si tiras de atrás un poquito?', '¿Te has fijado en eso?'.

4. Darles presencia silenciosa
Muchas veces confundimos autonomía con independencia. Los niños necesitan sentirnos cerca y en ocasiones dejan de intentar hacer cosas por sí mismos solo para 'tenernos'. Por eso, es importante que si están aprendiendo a vestirse, a peinarse, a lavarse las manos, estemos cerca y en silencio.

En esta etapa necesitan desarrollar la concentración. Si continuamente les estamos interrumpiendo para decir: 'te vas a mojar', 'Así no', 'Muy bien,' 'Qué campeón/a'... Lo único que conseguiremos es que desvíe su atención e incluso que deje la actividad a medias. Por tanto, es preferible dedicar algo de tiempo a mostrarle cómo hacerlo solo y después darle la opción de que lo haga por sí mismo.

5. Evita las riñas y los enfados
Si ante su frustración recibe enfado, es probable que la próxima vez ni siquiera quiera intentarlo por temor a nuestra reacción. Las emociones hay que acompañarlas, validando: 'Te cuesta un poco esto, ¿verdad? Estoy aquí contigo, ya casi lo has conseguido'. Y buscando la parte positiva del fracaso y del error: 'Mañana lo volveremos a intentar. Poco a poco lo vas a conseguir'.

La frustración de los niños según montessori

6. No hagas burlas
Evitar reírte del niño o hacer bromas de una situación en la que sienta frustración, por más que te resulte ridícula o insignificante. Eso le producirá rabia y se sentirá incomprendido y subestimado.

Muchas veces, en etapas próximas a los dos años, la frustración viene como consecuencia a la dificultad que sienten para expresar todo lo que necesitan. Ya tienen todo el lenguaje en su mente, pero no pueden sacarlo aún. Esto les produce mucha frustración que desencadena, en ocasiones, en rabietas por cuestiones insignificantes. De modo, que si comprendemos mejor las etapas que viven nuestros hijos seremos capaces de vivirlas de una forma mucho más consciente y respetuosa.

7. Prepara un ambiente a su altura
Este le permitirá moverse con libertad, explorar y hacer cosas útiles por sí mismos sin prohibiciones constantes: lavarse las manos, peinarse, vestirse y desvestirse, escoger su ropa, elegir sus juguetes, contribuir en la cocina, comer algo sano si tiene hambre, beber agua sin ayuda...

8. Ten en su ambiente actividades y materiales apropiados según su desarrollo, su nivel de concentración e intereses.

9. Dejar que se equivoque, se dé cuenta de sus errores y se corrija a sí mismo.

10. Si hay nuevos retos que intentar, dedica primero un tiempo a mostrarle primero despacio cómo hacerlo.

[Leer +: Cuento para niños sobre Montessori]

¿Hay que negarles la ayuda a los niños para que lo hagan solos?

Ayudar a los niños con baja tolerancia a la frustración

Tras tener en cuenta todas estas consideraciones, es posible que algunos padres se estén preguntando: entonces, ¿le tenemos que negar la ayuda para que lo hagan ellos mismos? NO. Nunca debemos negar ayuda a un niño que nos la pide.

La cuestión es qué entendemos por ayudar. Ayudar a un niño no es hacerlo por él para que deje de experimentar frustración. Ayudar a un niño es darle la guía que necesita para que termine consiguiéndolo por sí mismo y así experimente esa sensación de logro de la que hablábamos antes. Vamos a poner un ejemplo para verlo más claro.

Imaginemos que nuestro niño se está poniendo nervioso intentando ponerse un calcetín y ha empezado a gemir y lloriquear porque no le sale. La situación más típica es: el adulto se acerca y le dice 'no llores', se lo pone y le dice: 'ves, ya está'. De esa manera el niño deja de llorar. Sin embargo, cuando vuelva a enfrentarse al reto de ponerse el calcetín, recordará que esa vez anterior no fue capaz y que, por tanto, necesita al adulto para cambiarlo.

Probemos a hacer algún cambio en nuestra reacción: El adulto se agacha a su altura y le dice sonriendo: 'Ya te has puesto tú solo la camiseta y el pantalón. El calcetín está un poco duro y cuesta, ¿verdad? ¿Qué te parece si tiramos de aquí atrás? Tira fuerte a la de tres... 1, 2 y 3...' Le muestra de dónde tirar... '¡Anda! Lo conseguiste'. De esta manera el niño se sentirá acompañado y motivado ante sus dificultades.

Un ambiente preparado y un ambiente tranquilo y de confianza en el que el niño pueda contribuir, hacer cosas por sí mismo y tener rutinas que le den seguridad y autonomía ayudará a prevenir mucho la frustración y le empoderará lo suficiente como para aprender a saltarla y esforzarse por sus objetivos.

[Leer +: Los celos entre hermanos según Montessori]

Qué hacer si el niño siente frustración al perder a un juego

Cuando los niños se frustran al perder

¿Y si lo que le frustra al niño o la niña es perder? Obviamente si los niños pierden es porque antes han competido. Lo que tenemos que cuestionarnos es si están preparados o no para competir, porque antes de competir tienen que haber desarrollado la capacidad de cooperación. Y esto les toma un tiempo: requiere que tengan ya un cierto nivel de autocontrol, concentración y de desarrollo de la empatía.

Un niño tiene que aprender a cooperar antes que a competir. Es decir, hay acciones que han de llevar un orden, porque si las desordenas no funcionan. Por ejemplo: no puedes fregar antes de barrer. Con esto sucede lo mismo. NO puedes competir si antes no has aprendido a cooperar. La cooperación genera sentimientos de bondad, de solidaridad, hace fuerte la autoestima y desarrolla la empatía. Y esos sentimientos son, justamente, los que se necesitan para competir de una forma sana.

Por eso, si a tu hijo le cuesta mucho perder, puedes plantearte primero si está preparado para cooperar y si es así, acompañarle en la emoción: por ejemplo, haciendo equipo con él, poniendo nombre a sus sentimientos, expresándole que le entiendes y, por último, dándole opciones sanas para canalizar ese sentimiento: ¿quieres que juguemos ahora en equipo?

La frustración es una emoción más. Es positivo que los niños la conozcan, le pongan nombre y que aprendan a gestionarla con el tiempo y la experiencia. Poco a poco irán dándose cuenta por sí mismos de que más allá de esa 'frustración' hay grandes cosas que les harán sentir empoderados como seres humanos.

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