Ser madres y padres página 6

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En el colegio, soy la madre de...

Es una cuestión de pérdida de identidad o, por el contrario, he ganado una nueva identidad. Ser la madre o el padre de... es un reconocimiento maravilloso, pero anula tu nombre. La mayor parte de estas personas que te conocen como la madre o el padre de... desconocen cómo te llamas, pero en cambio se saben muy bien el nombre de tu hija o hijo e incluso su apellido.

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Las 7 cosas que más enfadan a los padres de los hijos

Los hijos son capaces de ponernos a prueba como nunca antes nadie lo ha hecho. Si pensabas que tenías una paciencia infinita o que eras de carácter tranquilo, nada mejor que vivir la maternidad o la paternidad para darte cuenta de que personalidad es diferentes cuando hay niños de por medio. Ellos son capaces de sacar lo mejor de nosotros pero también tienen una capacidad increíble para elevar nuestro nivel de estrés hasta límites insospechados.

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Qué tipo de madre soy

¿Qué clase de madre soy? es la pregunta que deberíamos hacer a nuestros hijos pero, por suerte para muchas madres, los más pequeños aún no saben hablar y mucho menos entrar en disertaciones filosóficas que nos pongan en un apuro. Cómo somos las mamás con nuestros hijos.

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La mamá de...: nuestra nueva identidad

El pasado viernes, cuando dejé a mis niños en el cole, estuve pensando que las mamás y los papás cada vez nos parecemos más a los superhéroes: nuestra misión es proteger a la familia, resolver problemas..., ¡incluso, volar por las mañanas! En la etapa escolar de nuestros hijos, disponemos además de una doble identidad como Spiderman o Superman. Ahora no sólo somos D. Fulanito de tal, ahora somos también: los papás de...

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Voy a ser papá. ¡Dios mío!

Donde quiera que voy veo padres que preparan el biberón a sus hijos, que no tienen reparos en cambiarle el pañal, que juegan, abrazan y se comen a besos a sus pequeños, que les llevan al pediatra, que les y dan de cenar... Un papá que equipara sus tareas a las de mamá,... en fin una paternidad con atribuciones afectivas mucho mayores que antaño. ¡Los papás actuales son geniales!

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¿Soy una mala madre?

¡Qué mala madre soy! Es una frase que seguramente muchas pensamos aunque pocas veces digamos en voz alta. Y es que, hay que reconocerlo, no somos perfectas. A veces somos gritonas, protestonas, injustas, dejadas, exigentes o autoritarias.